Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    15 de Mayo de 2021
11 de Abril de 2021
EL LIBRE JUEGO DEL SUFRAGIO
Después de una crisis mayor o en medio de ella, no es de descartar que la sociedad se polarice. Que surja una progresiva pérdida de confianza en las instituciones y en la clase política establecida. Que surjan y se afiancen caudillismos. Que advengan gobiernos populistas.
  
   Y las crisis, que no la crisis, que a últimas fechas aquí en el país estamos padeciendo: de salud, de inseguridad, de educación, de valores morales, de liquidez económica, etc., no sólo han sentado sus bases, sino que no han dejado de crecer y multiplicarse de manera progresiva.
  
   Como lo hemos estado viendo, cada vez resulta más difícil ir construyendo los consensos necesarios; de modo que no sólo nuestra sociedad se balcaniza, sino que se irracionaliza. Tierra fértil para los fundamentalismos. Estéril para los movimientos verdaderamente democráticos…y fértil para que las riendas del poder se vayan concentrando en una sola mano.
  
   Lo que seguramente no dejará de impactar negativamente en el actual proceso electoral, en el que se ha comenzado por descalificar las reglas. Y al árbitro. Tiempo no de alquitarado análisis, sino de consignas. De gritos, injurias, tomas, amenazas, de oídos sordos, de uso de la fuerza.
  
   De ahí la indebida injerencia del ejecutivo. Y del encogimiento del poder judicial. Y de la indefensión de las instituciones autónomas. Para muestra: la imposición, contra toda ética, de Salgado Macedonio, el amedrentamiento al INE y la inocultable cooptación del TRIFE.
  
   Propio de las pulsiones innatas que tenemos de identificarnos con nuestro propio grupo y del rechazo inherente que sentimos hacia los que no pertenecen al mismo, el conflicto grupal nos arrastra casi sin pensar a la polarización social, política y religiosa. El problema yacerá desde luego en esas tres palabras: “casi sin pensar”. Es decir, en el irracionalismo.
  
   Incubar sentimientos impensadamente hostiles hacia el otro grupo e impensadamente favorables hacia al nuestro, si bien es un impulso instintivo y por lo mismo demasiado fácil de activar y de manipular emocionalmente, no por eso es racional. De ahí que cuando un gobernante apele, en vez de a la racionalidad, a esos instintos; no esté cumpliendo con su natural cometido, como lo es el ser factor de unidad.
  
   Que el resultado del actual proceso electoral termine siendo no sólo inclusivo sino justamente representativo, pende en gran manera en que nuestro Presidente evite querer tomar, de la manera que sea, el papel del árbitro. Desde luego que su natural papel es garantizar el libre juego del sufragio. Jamás azuzar. Si México aún es un país democrático, el resultado no debe pender de nadie más que de todos y cada uno de los ciudadanos.