Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    15 de Mayo de 2021
11 de Abril de 2021
Y NOS DICEN QUE…
Hay momentos en que el silencio abona al abuso depredador de quien o quienes creen tener la razón. Más en momentos cruciales como el que estamos viviendo en estos tiempos de decisión.
  
   Me parece increíble que hoy, cuando más se necesitan verdaderos proyectos de identidad nacional, la superficialidad de opinólogos y sus réplicas menores continúen en sórdidas batallas por obtener una tajada de poder y satisfacer su ego personal y llenar con lo que se pueda la alforja personal.
  
   El discurso opositor a las medidas de saneamiento que está realizando la actual administración federal, sobrepasa y en mucho el respeto a las personas y a las instituciones. Los ejemplos son aberrantes: “que el programa de vacunación es una ocurrencia”; “que las instituciones financieras internacionales no dan un ápice de confianza a la economía nacional”; “que se está atentando en contra de la libertad de expresión”. Y múltiples incongruencias más.
  
   El punto más vergonzante para los mexicanos que todavía creemos en el concepto de nación “libre y soberana”, tal y como debiera ser en la realidad, nos encontramos con que la mayoría de esos reclamos están dirigidos a que la riqueza nacional esté en manos de extranjeros y de unos cuantos mexicanos y que el 98% de la población continúe generando riqueza para esos poquísimos mexicanos y para los patrones de éstos, los “inversionistas extranjeros”.
  
   Los pilares de cualquier nación-estado, como la salud, la educación y las empresas de todos los mexicanos estaban en manos e intereses extranjeros y cuando surge la mínima modificación a esa estructura de depredación, y a favor de la mayoría de los connacionales, los poquísimos que se sienten afectados amenazan a personajes e instituciones que tratan de distribuir de manera un poco más justa, la riqueza nacional. Pero todavía es más vergonzante que quienes son excluidos de los cenáculos del poder económico y político, sean quienes defienden con mayor énfasis las medidas y proyectos de una minoría rapaz.
  
   Es inadmisible que enseñemos a nuestros hijos cómo seguir vendiendo la riqueza nacional, ésa que nos debiera corresponder a todos; y que todavía los azucemos en contra de quienes están propugnando un cambio que nos beneficie a la mayoría de los mexicanos. Sin creatividad alguna utilizan la repetición como modelo de descalificación y jamás se han preocupado por conocer los retazos en que se entregó el país:
  
   El sector salud, privatizado en un altísimo porcentaje; la educación de igual manera; el sector energético obligado por tratados desventajosos a vender a precios irrisorios nuestra producción y a comprar esa misma producción a precios estratosféricos y con el aval de herramientas coloniales que nos obligan a proteger y privilegiar a los inversionistas extranjeros y si no nos sujetamos a sus designios, se abrogan el derecho de demandarnos, como de hecho ya está ocurriendo, en tribunales supranacionales.
  
   Así podríamos continuar punto por punto; sin embargo, la reflexión anterior tiene el propósito inmediato de que, hoy que ya estamos en el proceso electoral, nos tomemos 5 minutos y decidamos qué país deseamos tener; qué políticas públicas deseamos apoyar; usted y yo, tenemos que decidir.