Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    25 de Octubre de 2021
10 de Octubre de 2021
MÉXICO Y LA VIEJENTÚ JODIDA
Cuando nos adentramos en cuestionamientos que nos explican qué es lo que ocurre en México con la viejentú, nos llenamos de tristeza. Nuestros viejos de hoy vivimos pagando cotidianamente el mal vivir en el que hemos bregado hasta llegar a estos años (60, 70, 80 y más) en los que parece que ya no hay más allá.
  
   Es realmente triste que nuestros viejos -incluyéndome yo-, cuando no nos duele el lomo, el aguayón se nos está derritiendo; en el hígado aparece la mala grasa como consecuencia de los alcoholes que chupamos o tenemos dolencia de todo tipo porque nuestra alimentación siempre pobre estuvo a base de carbohidratos; nos asuela la diabetes II porque nuestros padres nos premiaron heredándonos ese mal tan dulce que se acentúa en la misma tan señalada pobreza, o sufrimos de fibrosis pulmonar por los altos grados de contaminación citadina, cigarros o no cigarros de por medio; y qué decir, por último, de las lombricientas barrigas de la chiquillada que sigue tomando aguas contaminadas en esas poblaciones miserables carentes de aguas entubadas y drenajes adecuados.
  
   Y en tanto, esto se vive en México merced a las acciones que nunca se dieron eficazmente, subrayo, o que dejaron de darse con los presidentes emanados de la tan traída y llevada Revolución mexicana; no aparecieron tampoco con los del período estabilizador y finalmente fueron ignorados con los emanados de la legión de la bacinica.
  
   Lo cierto es que ninguno de los presidentes que siguieron a Lázaro Cárdenas propiciaron un desarrollo integral y abarcando en su totalidad los satisfactores humanos: salud, educación, saneamiento, alimentación, empleo y esparcimiento en la gran mayoría de la población mexicana. Tristemente fueron más números que verdades y hoy lucimos un 50 o más por ciento de gente sumida en la pobreza con cerca de 12 millones que pululan más que viven en la pobreza extrema; de aquí que nuestros vetarros sufran los estragos de esas carencias. Y vaya que los vemos por las calles de cualquier pueblo o ciudad, unos encorvados y a pasos lentos, contados, con un pie que pide permiso al otro para avanzar; otros ya con el bastón que nos indica que solo avanzan a tres patas, o con la barriga de tres circunferencias que los ahoga a cada paso que dan; éstos, ciegos por la diabetes avanzada o sufriendo una polineuritis de los mil demonios que los hace aullar como si trajeran a Lucifer en la joroba; y qué decir de aquellos que traen su mingitorio particular a cuestas y que hace ahuyentar a cualquiera que intente invadir su inmediata cercanía. En fin, nuestros vejucos actuales sufren las secuelas de esas miserias producto del continuo NO HACER de quienes han gobernado y se han multi enriquecido a lo billete grande.
  
   Recapitulemos, con la Revolución mexicana nuestro país cosechó entre un millón y medio y dos millones de cadáveres en un período en el que el General Y, le ponía en su madre al General Z, después de medio sentarse en la Silla del Águila o silla presidencial apenas el tiempo justo de recetarse un hediondo y sonoro gas. Con tres presidentes en línea México obtuvo lo que aún puede lucir, para caer en los períodos de a ver quién agarra más y con calificación sobresaliente (Miguel Alemán, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Martitho Fox y sus retoños, Borolas Calderón y finalmente Peña Nieto) hasta endeudar estratosféricamente al país.
  
   El resultado, repito, lo vivimos los ancianos que todavía tenemos la fortuna de bregar por este cachito terrestre de espacio sideral. Hay que ver la cantidad numerosa de dolencias que padecemos por más que nos doren la píldora y nos digan que lo mejor es que seguimos dando guerra.
  
   Valdría la pena, para darnos cuenta exacta de la dimensión de esta problemática de nuestra gente mayor, que pudiéramos hacer una comparación con los rucos europeos de nuestras edades y ratificaríamos lo que he escrito: nuestra élite añosa vive en peores condiciones.
  
   Por desgracia desconozco porcentajes o estadísticas señaladas de esa población del viejo mundo y mucho más aseguro que no pululan en esa condición de pobreza que asuela a nuestra viejentú.
  
   Es innegable que la mayoría de esas enfermedades de nuestros viejos mexicanos son resultado del cómo comen y del cómo viven, elementos que tienen diferencias de extremo a extremo con los europeos.
  
   Si lo que he escrito tiene claridad para el lector, podrá comprender cómo esa situación precaria vivencial determinó las cifras de la pandemia que no aceptaron los integrantes de las redes sociales y que sirvieron para burlarse de un impecable trabajo epidemiológico realizado por el Dr. López Gatell.