Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    05 de Diciembre de 2021
21 de Noviembre de 2021
RECORDANDO A UN REVOLUCIONARIO DE ZAMORA: JOSÉ ÁLVAREZ ÁLVAREZ
Ayer se celebró el inicio de la revolución mexicana, con tal propósito, considero recordar a un zamorano que no sólo participó en dicha gesta, sino que posteriormente fuera diputado constituyente por el Distrito Electoral de Uruapan.
  
   En 2011, el Senado de la República y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, editaron el libro del zamorano José Álvarez Álvarez “Justicia social, anhelo de México”, toda una autobiografía compilada por la hija del constitucionalista, Manola Álvarez Sepúlveda; ya que durante tres décadas se dedicó a realizar apuntes y grabaciones de las vivencias que había iniciado en su natal Zamora.
  
   Para recordar con mayor precisión al Zamorano que representó en el Congreso Constituyente de Querétaro al Distrito de Uruapan, vayamos a la narración que él mismo realiza al recordar los inicios de su vida pública en nuestra ciudad:
  
   “Me tocó fundar en Zamora el Club Democrático Francisco I Madero y sostener de mi peculio el semanario El demócrata Zamorano. Fui secretario perpetuo del primero y administrador del semanario en el cual colaboraron conmigo mi inseparable compañero, condiscípulo y amigo Francisco J. Múgica, los señores Bardomiano Ruíz y Gonzalo Echevarrieta, así como otros varios compañeros entusiastas.
  
   En nuestro semanario sostuvimos polémicas constantes con los reaccionarios que editaban La Bandera Católica, y logramos como un gran aliento el triunfo de nuestro candidato al primer ayuntamiento de Zamora, recibiendo a los delegados del Partido Católico que nos proponían una transacción.
  
   Uno de los incidentes inolvidables de esa lucha, dado el carácter especial de nuestros coterráneos, fue la manifestación nocturna que organizamos en represalia de las burletas de la Bandera Católica contra el grupo de señoritas que apoyaban nuestra labor. Al frente de ella marchamos Múgica y yo acompañados de un grupo de entusiastas partidarios de la candidatura de los señores Madero y Vázquez Gómez para los primeros mandatarios federales, y la del señor doctor Miguel Silva González para gobernador constitucional de Michoacán.
  
   Conseguimos alguna cantidad de ejemplares del periódico clerical. Y a los acordes de El Himno a Juárez que tocaba una orquesta, los apiñamos frente a la suntuosa fachada del palacio episcopal, (que poco tiempo después logramos que fuera convertido en palacio Municipal), y prendiéndoles fuego cantamos a voz en cuello la estrofa de aquel himno que dice: Alza, Oh, Juárez tu frente bendita del sepulcro en que te hayas dormido... La clerecía espantada pidió auxilio y las autoridades, aun porfirianas, enviaron policía que disolvió nuestra manifestación.
  
   Cabe aquí hacer mención de las circunstancias que rodearon mi designación como prefecto político del distrito de Zamora, mi ciudad natal, el distrito más importante política y económicamente después del de Morelia; no quiero que se me confunda con quienes abrazan una causa política en busca de empleos o de prebendas. Jamás pensé en solicitar del señor gobernador Silva cosa alguna.
  
   Yo era entonces un joven provinciano de 27 años de edad, dueño de una casa de comercio y camiones que atendía personalmente y que me daba lo suficiente para sostenerme con decoro. Con mi título de contador privado había desempeñado el puesto de cajero contador en los bancos de Jalisco, de Michoacán y de Guerrero. El sueldo que el presupuesto de Michoacán asignaba entonces a los prefectos políticos era de sólo cinco pesos diarios, muy inferior a los que mi negocio comercial me producía siendo independiente y sin las graves responsabilidades del cargo.
  
   Tres meses habían pasado de la toma de posesión del doctor Silva, cuando recibí el telegrama que en seguida transcribo:
   No. 13– palabras 25 – oficial – Telégrafos del Estado de Michoacán. Depositado 11.26 Morelia 23 de Diciembre de 1912. Recibido en Zamora 12.52 p.m. Señor José Álvarez. Para tratar en verbal un asunto con usted, le suplico se sirva pasar a esta capital, cuando sus ocupaciones se lo permitan. El gobernador Silva.
  
   El 26 de diciembre llegué a Morelia y mi impresión de provinciano atolondrado fue grande al encontrar en la estación de los ferrocarriles de aquella capital al señor gobernador Silva, quien en compañía del señor juez de distrito, me esperaba en su coche para acompañarme hasta mi hospedaje. Desde luego me indicó en nuestro camino que su objeto era ofrecerme el nombramiento de prefecto político del distrito de Zamora. Hipocresía que no acostumbro sería negar cómo me sentí halagado y altamente honrado por este ofrecimiento y por la forma de exquisita fineza con la que fui recibido. Creí, sin embargo, un deber de leal y sincero amigo recordarle que en mi distrito, y especialmente en la ciudad de Zamora, había yo luchado enconadamente contra el elemento reaccionario que seguramente recibiría mal mi designación, y como no pensaba cambiar de ideas posiblemente esto redundaría en molestias para su gobierno. Tengo la seguridad –me contestó– de que su preparación y su inteligencia son suficientes para sortear esas circunstancias; confío en ello y le anticipo que yo lo apoyaré en cuantas medidas sean necesarias para terminar con el dominio clerical en su distrito…
  
   …El señor gobernador Silva, fue compañero de profesión de mi viejo inolvidable. Y aun cuando mi padre profesaba ideas políticas distintas a las mías, yo creí siempre en que daría su consentimiento a tal honor para su hijo. Tras la aceptación, principié a actuar en el mes de enero de 1913, sorprendiéndome los fatales acontecimientos de la traición huertista cuando apenas habían pasado cincuenta días de mi nombramiento. Recibí de mis amigos y de los revolucionarios de izquierda varias felicitaciones en forma efusiva; más que otra alguna me llenó de gusto la del compañero de andanzas políticas, mi correligionario y sincero amigo Francisco J. Múgica, que con el tiempo había de ser como yo, Diputado Constituyente y en cuyo Congreso su labor fue de las más importantes para nuestras ideas. De su larga carta de felicitación transcribo sólo algunos párrafos a saber:
  
   Un membrete que dice: Capitán Francisco J. Múgica – Apartado postal No.40. Saltillo Coahuila. Enero 11 de 1913. ...Señor prefecto del distrito José Álvarez, Zamora Michoacán. Muy estimado amigo y correligionario: Al fin mis deseos de éxito por parte de nuestras ideas se ven satisfechas una vez más en mi vida, pues la promoción que el gobierno de ese amado suelo ha hecho de tu persona para vigilar y dirigir los intereses sociales y populares de nuestro querido terruño, me llena de satisfacción y de contento. Te felicito sinceramente, porque dignamente has llegado a ese puesto y aunque sé que te cuesta un sacrificio y te traerá muchas contrariedades, me alegro, porque el pueblo que amamos con verdadero desinterés y para cual hemos trabajado, ganará el ciento por uno de lo que pierdes tú... Como correligionario espero de ti, que ya que aceptaste una carga de la que me consta habías huido hace tiempo, pongas mucho empeño en llevarla con dignidad, para honor del partido, para satisfacción de tu conciencia y orgullo de tus correligionarios y amigos entre los cuales me cuento yo.” (“Justicia social, anhelo de México”, PP. 178-180).
  
  
  
   El General José Álvarez Álvarez con el presidente Plutarco Elías Calles, de quien fuera jefe del estado mayor presidencial.