Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    17 de Enero de 2022
09 de Enero de 2022
PERMISO, GRACIAS, PERDÓN
La realidad humana del matrimonio lo coloca en el contexto de la Historia de la Salvación. Como se lee en el Catecismo de la Iglesia Católica, el sacramento del matrimonio (Lumen Gentium, 1), «confiere una misión particular en la Iglesia y sirve a la edificación del Pueblo de Dios» (Código de Derecho Canónico, 1535). Su sacramentalidad y su misterio, son absolutamente decisivos en la comprensión profunda de su esencia. Por eso, San Juan Pablo II, en la Encíclica Familiaris Consortio, n. 13, declara que: «el matrimonio es también un símbolo real del acontecimiento de la salvación, pero de modo propio. Los esposos participan en cuanto esposos, los dos, como pareja, hasta tal punto que el efecto primario e inmediato del matrimonio (res et sacramentum) no es la gracia sobrenatural misma, sino el vínculo conyugal cristiano, una comunión en dos típicamente cristiana, porque representa el misterio de la Encarnación de Cristo y su misterio de Alianza. El contenido de la participación en la vida de Cristo es también específico”.
  
   Hoy por hoy, cuando hay tantos peligros para que los esposos vivan el sacramento en santidad y fidelidad, en diálogo y perdón, el Papa Francisco ha reiterado que “sólo abandonándose en las manos del Señor podrán vivir lo que parece imposible. El camino es reconocer la propia fragilidad y la impotencia que experimentan ante tantas situaciones que los rodean, pero al mismo tiempo tener la certeza de que de ese modo la fuerza de Cristo se manifiesta en su debilidad”. Cuando el Papa reflexiona sobre algunas dificultades y oportunidades que han vivido las familias en este tiempo de pandemia, destaca también una serie de oportunidades. Recuerda a los esposos cristianos cuanto escribió en la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia a propósito de la belleza y la alegría del amor familiar y sus raíces en el himno paulino de la caridad. De ahí su invitación a pedir el don del amor a la Sagrada Familia, releyendo “el elogio de la caridad para que sea ella la que inspire sus decisiones y acciones”.
  
   El Papa también les pide a las familias que guarden en su corazón el consejo a los novios que expresó con las tres palabras: “permiso, gracias, perdón”. Y los anima a no avergonzarse “de arrodillarse juntos ante Jesús en la Eucaristía para encontrar momentos de paz y una mirada mutua hecha de ternura y bondad. O de tomar la mano del otro, cuando esté un poco enojado, para arrancarle una sonrisa cómplice”. Sin olvidar que “para algunos matrimonios la convivencia a la que se han visto forzados durante la cuarentena ha sido especialmente difícil”, el Papa manifiesta que “los problemas que ya existían se agravaron, generando conflictos que muchas veces se han vuelto casi insoportables”, por lo que expresó su cercanía y afecto comprensivo. También aborda el dolor de la ruptura de una relación conyugal y la falta de entendimiento y, precisamente por eso, les pide que “no dejen de buscar ayuda para que los conflictos puedan superarse”. Les recuerda, asimismo, que “el perdón sana toda herida” y que “perdonarse mutuamente es el resultado de una decisión interior que madura en la oración”.
  
   A este propósito, el Pontífice se ha dirigido a los jóvenes que se preparan al matrimonio, para decirles que “si antes de la pandemia para los novios era difícil proyectar un futuro cuando era arduo encontrar un trabajo estable, ahora aumenta aún más la situación de incerteza laboral”. Por esta razón escribe: «invito a los novios a no desanimarse, a tener la ‘valentía creativa’ que tuvo San José, cuya memoria he querido honrar en este Año dedicado a él. Así también ustedes, cuando se trate de afrontar el camino del matrimonio, aun teniendo pocos medios, confíen siempre en la Providencia, ya que ‘a veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener’». Y añadió: «nuestro amor humano es débil, necesita de la fuerza del amor fiel de Jesús. Con Él pueden de veras construir la ‘casa sobre la roca’».
  
   Dedica unas cariñosas palabras a los abuelos quienes sufrieron de manera aún más radical la soledad. Insiste en que la familia no puede prescindir de ellos pues son la memoria viviente de la humanidad y, por lo mismo, «esta memoria puede ayudar a construir un mundo más humano, más acogedor». El Pontífice expresó su ferviente deseo de que “San José inspire en todas las familias la valentía creativa, tan necesaria en este cambio de época que estamos viviendo”, y que «Nuestra Señora acompañe en sus matrimonios la gestación de la ‘cultura del encuentro’, tan urgente para superar las adversidades y oposiciones que oscurecen nuestro tiempo». El Papa Francisco reitera que: “los numerosos desafíos no pueden robar el gozo de quienes saben que están caminando con el Señor. Vivan intensamente su vocación. No dejen que un semblante triste transforme sus rostros”. Finalmente, Francisco ratifica su convicción de que los esposos lograrán vencer los obstáculos que enfrentan las familias y se despide «con cariño animándolos a seguir viviendo la misión que Jesús les ha encomendado, perseverando en la oración y “en la fracción del pan” (Hch 2,42)».