Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    14 de Diciembre de 2019
11 de Agosto de 2019
VIOLENCIA PERPETUADA
Uruapan es el segundo lugar del Estado de Michoacán con mayor incidencia de casos de embarazo infantil y en adolescentes. Esto lo afirmó ante los medios, Evangelina García Guerrero, psicóloga especialista en sexualidad educativa del DIF estatal.
  
   Datos proporcionados por de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), señalan que en México 300 mil 331 adolescentes de entre 15 y 17 años han tenido una experiencia en pareja, como el matrimonio o la unión libre, es decir, prácticamente una de cada diez jóvenes de esa edad. De ellas, 191 mil 582 tienen por lo menos un hijo, lo que equivale a 6% de adolescentes mexicanas entre 15 y 17 años.
  
   Sin embargo, pocos son los datos que hay acerca de lo que sucede con las niñas menores de 14 años, que también son madres. Dejando de lado que algunos casos son explicables por condiciones de cultura e ideología de un grupo específico, es casi impensable que una menor haya consentido tener relaciones sexuales y ser madre a esa corta edad.
  
   Esto también lo consideraran organizaciones como IPAS México, el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) y Save the Children, quienes afirman que ser madre a tan corta edad no es decisión de las niñas y que existe la posibilidad de que muchos de estos embarazos sean producto de abuso y violencia sexual por hombres adultos cercanos, familiares, amistades o vecinos. Los hombres, las familias y las comunidades ven los cuerpos de niñas y mujeres como su propiedad, resaltan las agrupaciones civiles. Como ejemplo, GIRE reportó en su informe “Violencia sin Interrupción: aborto por violación en México” que en los últimos ocho años en todo el país hubo más de 28 mil denuncias por violación sexual a niñas menores de 15 años.
  
   La licenciada García Guerrero, sobre este fenómeno subrayó que el abuso infantil y el estupro es, en la mayoría de los casos, resultado de la manipulación, violencia y sometimiento de las víctimas por parte de familiares como padre, abuelo o pariente, y que esa relación de parentesco propicia que no se denuncien los hechos.
  
   El seno familiar está pensado como el lugar seguro, para el desarrollo y crecimiento físico, emocional, espiritual de cada uno de sus miembros. Sin embargo, para muchas pequeñas es el lugar en el que no tienen ni derecho de palabra ni de opinión ni acerca de su cuerpo. Aprenden que la violencia ejercida por el varón es parte de la cotidianidad y normalidad en la vida de las mujeres y lo asumen como tal. Muchas de sus madres saben lo que sucede en sus hogares y lo dejan pasar precisamente por esos patrones de conducta aprendidos a base de violencia y miedo.
  
   Violencia y miedo que se perpetúan de generación en generación y que es también sintomática no solo al interior de la familia sino en los espacios de convivencia social más amplios.
  
   Pero que sea así no debe llevarnos a seguir aceptando la violencia sexual en contra de menores como si no pasara nada. Es indispensable continuar denunciando los abusos, cualquier abuso; parar la impunidad desde nuestros círculos más cercanos en la familia, la escuela, la oficina. Y exigir a las autoridades que hagan justicia en estos lamentables casos, así como ampliar los programas educativos que pongan en foco y atiendan esta problemática.