Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    14 de Diciembre de 2019
11 de Agosto de 2019
AHORA… UNA NOVELA I

   La entrevista de Miyazá con la obesa secretaria de Cifuentes, se hizo en Milpa Alta. Después de aquella ocasión en el Calimaya’s Hotel, el investigador le cayó de sorpresa, cuando menos lo esperaba. No faltó quien le dijera que Gardenia y Rosario vivían juntas casi desde su arribo el centro de investigaciones. Por otra parte, el policía quería hacer una minuciosa revisión –le llaman cateo en términos policíacos-, de la casa y entorno, donde habitaban las dos mujeres.
  
   Sus ojos acostumbrados a profundos análisis, pronto descubrieron que Gardenia poseía un verdadero arsenal de santería: veladoras diversas, muñecos atados con la foto del director hombre de ciencia, pócimas y yerbas entre las que sobresalían manojos de toloache, alimañas secas que al solo toque se convertían en polvo…
  
   Independientemente del severo vistazo practicado, Gardenia, que se vanagloriaba de ser la amiga más cercana de Rosario, aportó algunos datos importantes sobre su, a decir de ella… mi muy estimada cuata y compañera…
  
   “Pos ha de saber don Arnulfo –el investigador-, que nos conocemos desde que un día que venía de su pueblo donde nació, y la vi la primera vez cuando se bajó de un camión guajolotero en plena carretera. Era una de esas flechas trompudas, trompudas que la gente les decía “piojos”. Estaba como asustada, porque casi se cayó al bajarse. Me le acerqué para ayudarla a levantarse y a sobarle un poco las piernas porque se sacó un buen chingadazo. Apenas se repuso me dio las gracias y me pidió que si podría prestarle algunos centavos porque no había comido. Y sí, nomás de verle la cara uno suponía que pasaba hambres; por eso se me ocurrió que podía recomendarla con el anterior director cuando me contó que bía estudiado para secretaria…
  
   “Ha de ver usté que por poquito me saco una santa regañada, pues llegué tarde. Pero hasteso, cuando el director supo quera por ella y la miró, como que se calmó, pues le repito que nunca bía venido a trabajar una mujer tan chula hastacá; y, al contrario, me repuso el dinero que yo le di pa que comiera esa vez…
  
   “Rosario fue siempre bien portada, aunque sobraban compañeros del centro que la acosaban porque en la medida que se fue reponiendo, fue mejorando y cada día más y más se puso rechula…
  
   “Los que más de todos no la dejaban ni a sol ni a sombra fueron el director y el del sindicato; eso sí, cada uno con sus propias mañas: el director muy caballeroso y acomedido, se miraba que se deshacía por ella: un regalito aquí, otro regalito allá. En veces se le ofrecía pa trairla hasta acá; entonces con cualquier motivito me ponía a trabajar hasta tarde, pa que yo no me viniera con ellos; al principio Rosario no muy quería, pero terminó por ceder a tanda atención. No por eso piense usté mal, Rosario siempre fue mujer muy decente y limpia…
  
   “Brizuela, el del sindicato, no. Él no era respetuoso, al contrario; más bien la acosaba y se la comía con los ojos; era muy francote y hasta grosero, imponiéndose como macho. Muchas veces me confesó que no tenía intenciones de acosarla, sino más bien de acostarla porque le gustaba mucho y él decía que se caía de madura, porque por onde quiera que la miraba puro bonito y hermoso se veía: lo mesmo las piernas, que la cintura, la pechuga que por más que quería desimularla, pos no, no podía, las asentaderas bien paraditas y todo lo demás. Pa qués más que la verdad, Brizuela me decía que aparte de bonita se le antojaba mucho porque que se le afiguraba que olía a cama...
  
   La gorda Gardenia hizo un respiro como de descanso y se fue sobre una mesa de burda madera donde acumulaba sus compuestos, pomadas y ungüentos. Ahí tomó una pócima de un cantarillo verduzco y oloroso. Le ofreció al policía, pero éste le hizo un gesto de desagrado. Después de otros tragos Gardenia, le dijo:
  
   Es un brebaje que yo cocino pa protegerme de los espíritus malos. Y es que cada vez que me meto en chismes me sale urticaria y me mata la comezón. Bien que sé que es muy malo hablar de los demás, pero este caso es distinto porque puedo ayudar a localizarla… ¿cómo ve usté?...
  
   El policía nada dijo y se dio a la tarea de recorrer de nueva cuenta, la casa de Gardenia. Ahora sentía, mayormente, la necesidad de encontrar algún dato que lo llevara en el menor tiempo tras de la bella compañera extraviada.
  
   Antes de terminar dirigió la póstuma cuestión…
  
   - Oiga Gardenia, y qué me puede decir de su pueblo y de su familia.
  
   - Pos, de la gente de su casa, casi nada; pero de su pueblo, ella decía que no bía otro como ése. Lástima que nunca pude ir, pero bien que me convidó hartas veces.
  
   - ¿De dónde venía? ¿Te dio algunos datos para llegar?
  
   - Bueno, como michoacanaquera, me dio su nombre, pero me sonó tan raro que hastora me confundo.
  
   Miyazá sacó un billete ojo de gringa y se lo dio. Sin cortapisa alguna, la información fluyó de tal modo que Arnulfo pudo hacer las más precisas anotaciones para emprender un muy próximo viaje.
  
   Sigue…