Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    17 de Septiembre de 2019
08 de Septiembre de 2019
OTRA CARA TRÁGICA DE LA MIGRACIÓN
La migración suele ser una tragedia humana inconmensurable. Va siempre más allá de las terribles escenas que nos muestra la prensa en los medios de difusión tradicionales y de los testimonios que cotidianamente se comparten en redes sociales. Al masivo éxodo africano y del Medio Oriente hacia Europa sumamos, desde hace buen rato, la abundante migración de Centro América y el Caribe hacia los Estados Unidos, pasando por México.
  
   Más allá de los discursos políticos de moda, está más que documentado que son dos las causas que provocan que las personas se desarraiguen de sus terruños, las familias se fragmenten y se emprendan aventuras que en muchas ocasiones suelen resultar suicidas, o al menos con una cuota inhumana de gran sufrimiento: la extrema pobreza y la gran violencia imperantes en los países de origen de los migrantes.
  
   Los exilados vagan y peregrinan por los caminos y mares del mundo en búsqueda de un nuevo hogar, y en los países a que llegan y les dan asilo legal son considerados como Refugiados, y hasta la Organización de las Naciones Unidas tiene una Agencia para diagnosticar sus problemas y sugerir a sus países afiliados algunas vías de solución.
  
   Buena parte de los migrantes ilegales buscan desesperadamente ser considerados como refugiados, sobre todo cuando huyen de sus países por la violencia de que son víctimas, por causas raciales, de discriminación por sus preferencias sexuales, por sus opciones políticas o simplemente porque son pobres. Cuando logran llegar a países que les han vendido “sueños”, el americano, por ejemplo, una nueva perspectiva, al menos de sobrevivencia, se abre como una esperanza endeble ante ellos. Pero, ¿qué les espera si no logran ser ciudadanos, ni siquiera de tercera a donde llegan huyendo?
  
   La ACNUR, Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados, proporcionó cifras que describen en términos estadísticos esta tragedia humana, en su aspecto educacional, en un documento al que tituló “Reforzando la educación de los refugiados en tiempos de crisis”.
  
   La ONU advierte “que a medida que la niñez refugiada crece, las barreras que les impiden acceder a la educación se vuelven más difíciles de superar”: de los 7.1 millones de niños, niñas y adolescentes refugiados en edad escolar, 3.7 millones no asiste a centros educativos; únicamente 63 por ciento de los menores refugiados van a la escuela primaria, en comparación con el 91 por ciento de la niñez a nivel mundial. En cuanto a los adolescentes que reciben educación secundaria, el índice mundial es de 84 por ciento y el de refugiados alcanza apenas 24 por ciento […] La brecha que existe entre la cantidad de estudiantes de primaria y secundaria es resultado de la falta de fondos para la educación de los refugiados.
  
   Más allá de la frialdad de la estadística, que sólo interpretada adquiere su dimensión humana, los datos de la ONU nos revelan un aspecto muy importante de una crisis humanitaria que se vive en los cuatro puntos cardinales del mundo hoy día: buena parte de nuestra infancia se está quedando sin recursos para lograr su propia formación. Ya no hablemos de la formación necesaria para vivir la plenitud de la Civilización; tampoco les va a alcanzar para una precaria sobrevivencia.
  
   De todas partes del mundo llegan testimonios de apóstoles de la educación que están afrontando este problema en los cinco continentes; pero sus tareas, que les lleva la vida entera, apenas si alcanza a aportar ese pichurriento “granito de arena” del que tanto hablamos.
  
   Mientras tanto disfrutemos lo bueno que nos ofrece nuestro Estado y Región Zamora en mi página de Facebook: Del Mero Michoacán.