Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    20 de Octubre de 2019
06 de Octubre de 2019
“ENTRE ABOGADOS TE VEAS”
Con esa voz que cuando habla parece que regaña, Maxi se ha impuesto a mucha gente; como quien dice, con sus gritos se impone a “güevorio”. Él siempre aduce que es hombre de leyes y sí, seguramente como abogado ha enfrentado cientos, acaso miles de litigios y, con toda seguridad habrá ganado muchos de ellos, porque es bien sabido que tiene millonadas de billetes de todos colores y todas denominaciones. Son tantos, que hasta los delincuentes que dizque lo secuestraron, lo supieron y por ello le birlaron muchos de ellos. Y es que, en términos generales, en el vulgo nacional se argumenta, se dice y se cree, que la mayoría de los abogados –no solo Maxi- se gradúan, se “reciben” (o se especializan) en Derecho en las universidades, y la vida termina por graduarlos en “chueco”.
  
   En México eso tan se sabe y se re que te sabe de siempre, que allá por 1950 Adolfo González Bustamante, argumentó, dirigió y se burló de ellos en un filme cuyo nombre “Entre abogados te veas” ilustra eficazmente la existencia de abogados absolutamente corruptos, pérfidos, pillos y, desde luego, otros, los menos, adeptos a las leyes. Fue –y debe ser si está en alguna filmoteca-, tan bien elaborada que desde la aparición de los créditos mueve a risa, pero también a un análisis mental previo. El listado es como de la lotería:
  
  
Armando Calvo…….El Abogángster
   Carmen Montejo……La Víctima
   Luis Beristáin……….El Defensor
   Isabel Del Puerto……La Amante
   Ramón Gay…………El Catrín
   Sara Guasch…………La Esposa
   Fernando Galiana……El Desfalcado
   Armando Espinosa (Periquín).….El Judío
   Fernando Casanova……El Barrilete
   Rafael Estrada……….El Bígamo
   Juan J. Piñeiro……….El Banquero
   Queta Lavat…………La Segunda Esposa

  
   Volviendo al asunto de Maxi, repito que su aparato vocal (voz) está tan bien hiperfabricado que en algunos noticieros se atreve –repito con ese vozarrón del que hace gala- a regañar un día sí y otro también a López Obrador, como si estuvieran a la misma altura de las circunstancias. Bueno, para ello, en cada uno de sus comentarios siempre cree tener el privilegio o patrocinio de la razón. Se le olvida que el vulgo dice que la gran fortuna que posee la ha obtenido en averiguaciones donde las autoridades lo han favorecido.
  
   Volviendo a Maxi, su voz tan fuerte, opaca a otro que igualmente grita en la emisión de sus tópicos noticiosos; este último, de nombre José Cárdenas, tampoco se mide cuando de denostar al presidente de México se trata.
  
   En eso de “entre abogados te veas”, Juan Jesús Garza Onofre ha escrito un documento muy completo, una “aproximación multidisciplinaria en torno a la figura del abogado”, del cual entresaco algunos fragmentos que me parecen muy interesantes. Garza Onofre señala: La propia complejidad y polivalencia que implica el ejercicio de la abogacía, en relación a diversas estructuras sociales, exige precisamente la necesidad de un estudio integral que examine de manera interdisciplinar los fenómenos que lo configuran, las luchas que libra y las proximidades que puede guardar con los agentes de otros campos sociales…
  
   El autor señala que a pesar de que cada capítulo, o grupo de capítulos, que conforma la integralidad del presente trabajo, responde a un análisis disciplinar específico —el primero, histórico-crítico; el segundo, ético-moral; el tercero, cuarto, y quinto, filosófico-jurídico y; el último, sociopolítico o institucional—, no se puede entender cada uno de estos como compartimentos estancos. Se trataría de entender los límites no como delimitaciones concluyentes, sino como vasos comunicantes enlazados entre sí, sugiriendo que quizá para su lectura y cabal comprensión sea preferible tener en mente la idea de borde, de algo que está muy cerca, que se influye de forma recíproca, pero mantiene su individualidad. Y es que la abogacía ha sido identificada como uno de los ejemplos más claros de profesiones liberales, cuyas labores se encuentran indefectiblemente subordinadas a los intereses de parte. Posiciones y términos incompatibles se fusionan para develar la dificultad por comprender a la figura del abogado. Al oscilar entre la posibilidad de transformación y el mantenimiento y defensa de los intereses de los poderes dominantes; el conflicto y la conciliación; lo claro y lo confuso; estos profesionistas navegan entre enfoques imprecisos que alteran su ejercicio y dificultan enormemente su temática teórica. A diferencia del derecho, donde constantemente se ha teorizado sobre su definición, para el caso de los operadores jurídicos, esto ha sido profundamente contrastante, acarreando un sinnúmero de problemáticas y desequilibrando su comprensión práctica. Y no solo existe una desatención de los operadores jurídicos respecto al estudio del derecho en general, sino también en relación a otros actores en lo específico. Como lo hace notar Luigi Ferrajoli, la singular desproporción de la vasta literatura, no solo jurídica sino también sociológica y filosófica-política, dedicada a los jueces y los fiscales, e incluso a la figura del legislador, contrasta con la que analiza a los abogados, develando así, más que un descuido intencional, un menosprecio estructural respecto a su figura en sociedad.
  
   Gregorio Peces-Barba afirmaba que los operadores jurídicos se diferencian del común de los ciudadanos por actuar en el ámbito legal, a través de la intervención profesional estable en un cargo u oficio, como creadores, como intérpretes, como consultores o como aplicadores del derecho. A la luz de dicha postura, los abogados tienen el compromiso de fungir como los principales intermediarios entre el derecho y sus destinatarios, pues sus acciones afectan vigorosamente al mejoramiento del sistema. El abogado no es solo un representante de un cliente, sino también un actor cuyas acciones influyen profundamente en el sistema. No obstante, esta última afirmación, por sí sola, no implica contemplar el trabajo de los abogados como meros oficiales de la cuestión pública, sino que, por el contrario, al aglutinar una serie de funciones tan difusas como divergentes, estos operadores manifiestan su carácter ambivalente, dependiendo, en gran medida, de si el rol que realizan lo hacen en complicidad con el sistema en el que se desempeñan o, en el extremo opuesto, a través de la faceta de agente que intenta desestabilizar al mismo, para propulsarlo e intentar la transformación de su entorno más allá de las vías legales.
  
   Bajo dicha lógica, la pregunta de cómo entender a la figura del abogado ha buscado esclarecer la función que este profesional del derecho ejerce en sociedad y, de forma casi invariable, ha tendido a expresarse en términos absolutos. Pero quizás vaya siendo tiempo de matizar y flexibilizar esta respuesta a partir de la idea de ambivalencia. Ni superhéroe, ni vindicador, ni revanchista: al adentrarse en el estudio de la abogacía y relacionar esta profesión con la importancia del rol que tiene en la reproducción del sistema o en su mutación, es posible dar cuenta sobre lo intrincado de sus acciones y así reflexionar en torno a su incomprendido papel en sociedad.
  
   Lo interesante de ese trabajo es que aborda la búsqueda de las causas que explican por qué el abogado despliega determinadas acciones, por qué es visto de alguna u otra manera, o por qué se relacionan con el poder, de cierta manera.

  
   De ahí, precisamente, que, Juan Jesús Garza Onofre, insiste…
   A pesar de rastrear rasgos que se descubren comunes a la figura del abogado en distintos espacios y lugares, no se aborde a este operador del derecho de forma uniforme y desde una sola perspectiva, sino que su estudio se remite a ciertos contextos particulares y enfoques específicos. Así, lo interesante de esta investigación resulta de indagar en las causas que explican por qué el abogado despliega determinadas acciones, por qué es visto de alguna u otra manera, o por qué se relaciona con el poder de cierta forma. Por tanto, renunciando de antemano a establecer un concepto preciso para evitar menoscabar tanto las clases de abogados como la polivalencia de este profesionista, lo que ha resultado más conveniente a la hora de realizar este estudio es la adopción de una definición de trabajo flexible que permita adecuarse tanto a su rol procesal en general, como a algunas de las diferentes facetas que despliega en particular. Así, para responder a la pregunta sobre qué tipo de abogado versará este estudio, vale la pena tener en consideración una distinción metodológica importante. Por un lado, cuando a lo largo del trabajo se aborda a este actor de manera general, lo que se pretende explorar es el rol procesal del abogado, es decir, la función habitual de este operador del derecho, que se enfoca en salvaguardar al sistema de la tentación inquisitorial-monológica, dando pie al diálogo y al conflicto procesal entre las partes involucradas. Por otro lado, cuando se habla de algún tipo de abogado en particular (especialmente en los apartados iusfilosóficos, al repasar cada escuela de pensamiento), lo que se intenta es llamar la atención sobre alguna de sus funciones específicas, que dependerán de las posibilidades de cada contexto determinado
  
   Lo anterior viene a colación para tratar de explicar el cambio radical, de la acostumbrada conducta explosiva y ampulosa de Maxi, a la sencilla y monegástica que usa ahora para responder, a la descobijada que le ha dado el presidente municipal de Colón Qro., de su propio partido político, el PAN, quien, a pesar de la misma militancia panista, lo puso en evidencia al exhibirlo como deudor de impuestos de sus extensas propiedades, por un monto de más de 900 millones de pesos.
  
   Adicionalmente, hay que tener presente que puede darse respuesta semejante cuando otra cobija se manifieste en las propiedades que tiene en Punta Diamante.
  
   Por otra parte, señalo que el aludido Maxi, pactará con el presidente de Colon pagar el adeudo pero que espera pagar siempre y sea una salida decente, sin privilegios, pero sin abusos; lo cual para muchos es hacer evidente su permanente modus operandi, sea, negociar para no caer$e tan alto. Lo cual también recalca que lo importante es no cumplir con las obligaciones fiscales, sino negociar para no pagar. Claro, al final se verá que esa millonaria cifra (huevecientos millones) se reducirá sustancialmente.
  
   De ahí, precisamente, que, en este trabajo, a pesar de rastrear rasgos que el autor descubre, comunes a la figura del abogado en distintos espacios y lugares, no se aborde a este operador del derecho de forma uniforme y desde una sola perspectiva, sino que su estudio se remite a ciertos contextos particulares y enfoques específicos. Así, lo interesante de esta investigación resulta de indagar en las causas que explican por qué el abogado despliega determinadas acciones, por qué es visto de alguna u otra manera, o por qué se relaciona con el poder de cierta forma. Por tanto, renunciando de antemano a establecer un concepto preciso para evitar menoscabar tanto las clases de abogados como la polivalencia de este profesionista, lo que ha resultado más conveniente a la hora de realizar este estudio es la adopción de una definición de trabajo flexible que permita adecuarse tanto a su rol procesal en general, como a algunas de las diferentes facetas que despliega en particular. Así, para responder a la pregunta sobre qué tipo de abogado versará este estudio, vale la pena tener en consideración una distinción metodológica importante. Por un lado, cuando a lo largo del trabajo se aborda a este actor de manera general, lo que se pretende explorar es el rol procesal del abogado, es decir, la función habitual de este operador del derecho, que se enfoca en salvaguardar al sistema de la tentación inquisitorial-monológica, dando pie al diálogo y al conflicto procesal entre las partes involucradas. Por otro lado, cuando se habla de algún tipo de abogado en particular (especialmente en los apartados iusfilosóficos, al repasar cada escuela de pensamiento), lo que se intenta es llamar la atención sobre alguna de sus funciones específicas, que dependerán de las posibilidades de cada contexto determinado.
  
   No es demasiado tarde –termina el autor-, para intentar refundar la profesión. Tampoco es momento de seguir ignorando el problema, o bien de atribuir culpas y señalar responsables respecto a los graves problemas en el ejercicio de la abogacía, sino que, simple y sencillamente, la coyuntura actual despliega excelentes condiciones para recuperar el tiempo perdido y estudiar y comprender de mejor manera la figura del abogado. Pues solo así nos percataremos de que, hoy más que nunca, su rol en sociedad resulta fundamental para generar mejores prácticas en el ejercicio de la profesión, y, por ende, en el derecho.

  
   Nota aclaratoria final: espero que el lector se haya percatado que me refiero a Fernández de Cevallos, como “Maxi”, por su barbón parecido con el emperador Maximiliano; claro, solamente por la barba que alguna vez lució, porque la actual apenas si le cobija los dientes.