Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    16 de Noviembre de 2019
03 de Noviembre de 2019
LAS TRADICIONES Y SUS VALORES

  
   Hace un año hice notar que la celebración de día de muertos a la mexicana está en auge. Por una parte, se sigue consolidando la tradición ancestral de venerar a los difuntos con una fiesta que es asombro para el mundo entero y orgullo sobre todo para las regiones que cuentan con población indígena en nuestro país. Allí Michoacán destaca, junto con los estados del sureste, pero también la extensa área metropolitana de la ciudad de México, que es un crisol de inmigración desde los cuatro puntos cardinales del país.
  
   No es fácil aquilatar el tesoro de contar con elementos culturales que provienen desde tan lejos en el tiempo y hoy día se actualizan con un vigor que les pronostica larga vida por delante. Allí están las nuevas generaciones que participan con ánimo desde la primera infancia. Allí está también el orgullo con el que los mestizos adoptan la vestimenta festiva indígena como propia. Y la gastronomía tradicional sigue compartiendo con presencia de banquete lo mismo la ofrenda en el altar ceremonial y sobre las tumbas en los panteones, que en las mesas de la celebración familiar.
  
   Al lado de esta celebración tan hondamente arraigada como vitalizada, se acrecienta otra que, aunque relativamente novedosa, parece que nos hubiera acompañado desde siempre en la historia cultural de este país. Me refiero a esta representación de la muerte en catrinas y catrines que plasmó con tanto talento don José Guadalupe Posada en el siglo XX.
  
   Queda claro que no se trata de una ocasión para simplemente ponerse un disfraz bonito y salir a presumirlo. El sincretismo que se está gestando entre la religiosidad de la celebración de los muertos y la representación de la muerte, va mucho más allá del colorido y de los desfiles, pasarelas y concursos. Son ingredientes de una identidad que es valiosa porque fortifica la cohesión social.
   La simple comparación con la tradición norteamericana de celebrar su Noche de Brujas va más allá de proclamar que lo propio siempre es lo mejor y que lo ajeno no sirve. No me quiero perder en conjeturas cuando no cuento con datos de alguna investigación antropológica que dé cuenta de la forma en que ambas tradiciones están conviviendo en nuestro México actual.
  
   Pero sí puedo referir dos acontecimientos que me constan porque los vi en estos días: por la mañana, una gran cantidad de niños y jóvenes acudieron a sus escuelas ataviados y maquillados como catrines y catrinas para participar en celebraciones alrededor de altares de muertos. Más tarde, un grupo (afortunadamente cada vez menos numeroso) de jóvenes, se disfrazaron de brujas y monstruos y compraron huevos para darse la licencia de portarse mal en la noche de las brujas, ensuciando las calles de su colonia y agrediendo a los vecinos, arrojando los huevos sobre fachadas de casas y automóviles estacionados en la vía pública.
  
   Como dijo el clásico: a ver, ¡explíquenme!
  
   Mientras tanto disfrutemos de las cosas buenas que nos ofrece nuestro Estado y Región Zamora en mi página de Facebook: Del Mero Michoacán.