Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    10 de Diciembre de 2019
01 de Diciembre de 2019
EL CONTRASTE DE LA INFORMACIÓN
Hace algunos años se recomendaba leer más de un periódico y, de entre todas las posibilidades, escoger al menos dos que se contrapuntearan en sus perspectivas y posiciones políticas. Uno que pudiera identificarse a favor de los gobiernos en turno y el otro en contra, por ponerlo sencillo y llano. Uno de izquierda y el otro de derecha, si se quiere complicar el asunto con la famosa geometría política.
  
   Así, informándose del pro y contra de los hechos, declaraciones, propuestas y consecuencias de las actividades políticas, el lector puede normar sus propios criterios, buscando la utopía del equilibrio. Aunque al paso de los años el resultado más común parece ser que la gente, el público lector, receptor de la información, llega a la conclusión de que “ya no sabe a quién creerle”.
  
   Sabemos que para analizar la información y para hacer un adecuado contraste, hace falta mucho más que tener acceso a versiones diferentes de las cosas, a perspectivas incluso contradichas entre sí. La capacidad de análisis tiene qué ver con una preparación que la escuela debe desarrollar desde sus primeros grados y afinar en los estudios de educación superior y posgrados, pero las fallas en la calidad académica crean muchas de sus más grandes y profundas lagunas en este terreno.
  
   Cuando a los estudiantes universitarios se les pide hacer un análisis comparativo entre dos textos que hablan del mismo tema, se percibe inmediatamente que esta cultura visual, que tanto proclaman como conquista de su generación, no los provee de las herramientas intelectuales que se requieren para esa tarea. En este sentido, es una proeza utópica pretender que comprenderán el procedimiento filosófico que plantea lograr una tesis a partir de la propuesta, contrapropuesta y síntesis.
  
   La mayoría de los ciudadanos estamos sometidos a una versión de los hechos desde nuestra única, exclusiva y monopólica fuente de información. Cerrados a cualquier cosa que diga lo contrario. Inhabilitados para sostener una discusión en que se ponga en duda lo que creemos con fe ciega. Cómodos en el confort de hacer mesas redondas solamente entre quienes piensan como nosotros. Incapaces de tolerar la disidencia y el cuestionamiento.
  
   Antes, cuando los medios informativos fueron unos cuantos periódicos y los medios electrónicos de difusión sólo de dos sopas, de alguna forma se justificaban la alienación, la conformación de las masas sociales, la enajenación, la manipulación de las conciencias y otros fenómenos que se sintetizaron en el término borreguismo.
  
   Ahora las fuentes de información se han multiplicado hasta el infinito. Los avances tecnológicos potencializan las posibilidades para que cada persona se haga un emisor de comunicación. Incluso se habla del hombre conectado como definición de nuestra especie en este siglo XXI. Esto idealmente permite contar con más elementos para informarse desde diversas fuentes y realizar contrastes con las múltiples versiones. Pero en la realidad estamos presenciando como es que los medios tradicionales de comunicación se reproducen en los nuevos, a través del internet. Vemos como a través de cadenas de información circulan versiones parciales de los hechos y se proclaman como verdades absolutas.
  
   Como en los medios electrónicos, en las redes sociales, también tragan más pinole quienes tienen más saliva y con una novedad: a la fuerza de las capacidades económicas para monopolizar la información se han sumado las posibilidades tecnológicas, con la creación de bots o robots que simulan ser personas que opinan y reproducen con criterio propio lo que conviene a quienes los pueda pagar o tener de cualquier forma.
  
   El único antídoto que tenemos contra esta situación es la educación, entendida en su más amplio concepto. Una educación que nos permita desarrollar criterios para filtrar el tsunami de información al que estamos sometidos cotidianamente. El desarrollo de nuestra capacidad de análisis para contrastar las versiones que nos llegan de los hechos y, sobre todo, contrastar las relaciones que esas versiones puedan tener con nuestra propia realidad, la que nadie nos cuenta porque la vivimos en carne propia.
  
  
   Mientras tanto disfrutemos de lo bueno que nos ofrece nuestro Estado y Región Zamora en mi página de Facebook: Del Mero Michoacán.