Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    11 de Diciembre de 2019
01 de Diciembre de 2019
UNA VEZ EN EL POLI…

  
   Escuché con verdadero gusto la conferencia mañanera de AMLO, este día 20. Por cierto, un día como éste, pero de 1963 nació mi primera hija, por lo que cumple 55 noviembres de haber arribado felizmente a nuestro hogar, para fortuna nuestra y de toda la familia. Muchas felicidades a Citlali.
  
   Volviendo al inicio de este escrito, decía que me satisfizo sobremanera escuchar al C. presidente de México (Estados Unidos Mexicanos), cuando se refirió a la denominación de los funcionarios del gobierno, diputados, senadores, jueces y muchos otros. Quedó claro que todas esas designaciones, desde la época de la Colonia hasta la administración pasada, estuvieron amañadas y tuvieron como punto de origen al mandamás en turno. La mismísima designación del “gran jefe”, dio origen al “tapado”. Una vez acantonado en la cima del poder, de sus manos salieron los listados palomeados para designar a los diversos funcionarios de más o menos importancia en todo el país.
  
   A mí me tocó vivir, el acontecer cotidiano de diversos presidentes, cuya “cargada” –los que votarían por él-, se concentraba en alabanzas y grandes cualidades, una vez echado su nombre a la luz pública. Entre todos los “destapadores” quizá el que tuvo mayor número de acciones, seguramente fue Fidel Velázquez, el líder perpetuo de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) hoy, casi sin poder al disminuir la fuerza de arrastre que tuvo el PRI por muchos años.
  
   Entre otros tapados, repito viví de cerca a Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo (el único egresado del Poli) y Vicente Fox “el engañador” que prometió acabar con la corrupción y terminó nadando y atascándose en ella. Claro que AMLO nunca apareció como “tapado” y obtuvo el triunfo en el proceso más transparente y democrático que he presenciado.
  
   También he vivido la modalidad de fraudes en el proceso de elección del “jefazo”, como el de Salinas contra Cuauhtémoc Cárdenas; y no se diga, el más universalmente sonado contra el mismo AMLO, orquestado por los mañosos de Fox, en favor del ahora famosísimo Felipe Calderón Hinojosa, por el apodo que le endilgaron, debido a sus fantasías alcohólicomilitares.
  
   En esos años de tapadismo, también me tocó ser partícipe de otro tipo de fraude muy peculiar, escenificado en las instituciones académicas; no sé si se sucedieron en todas ellas –tengo la seguridad que sí, pero tuvieron sus variantes.
  
   Una vez en el Poli, yo estudiante del quinto año de medicina, con el mejor promedio de calificaciones de todas las escuelas superiores, me llamaron de la dirección de mi escuela para comunicarme que, por ese motivo, el del promedio más alto, yo había sido designado “representante” de todo el alumnado guinda y blanco, ante el Honorable Consejo Consultivo; el director general, Eugenio Méndez Docurro, por su personalidad de director tenía la calidad de presidente de ese organismo asesor; y se contaba con la participación de directivos de escuelas, maestros, trabajadores y del sindicato de trabajadores y maestros.
  
   La sala del Consejo, entonces ubicada en el famosísimo “cuadrilátero” nos recibió a los miembros de ese órgano y tuvimos intervenciones muy curiosas que, si puedo, algún día las habré de contar.
  
   Pocos años después ese organismo sufriría cambios que lo transformarían y terminaría por no ser tan “democrático” pues, de alguna forma, garantizaría la prevalencia del C. Director general en turno (en calidad, repito, de presidente). La antidemocracia se adueñaría del Consejo, al dar “línea” para seleccionar a los estudiantes representantes del alumnado y tener mayoría de elementos entre directivos, maestros, trabajadores, representantes sindicales y otros. De esa manera, vuelvo a señalar, siempre se garantizó el predominio de la “voluntad directiva”.
  
   Pregunta final: ¿será que se llegarán tiempos en los que se tome en cuenta, en serio, la voluntad de quienes forman las respectivas comunidades? Hoy, no estoy seguro que los 300 diputados representantes de los trecientos distritos electorales de México, tengan reuniones para informar de lo hecho y, sobre todo, de tomar puntos de vista y acuerdos de sus 50,000 ciudadanos. ¿Alguien sabe?