Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    29 de Enero de 2020
08 de Diciembre de 2019
ALGAS VERDES Y ABORTO

   La geología nos enseña que la historia de la vida comienza en los océanos. Entre los eventos biológicos, el más antiguo del que se hallan testimonios corresponde hasta ahorita a la aparición de los estromatolitos cuyos fósiles se encontraron en las biotas de las rocas del eón Precámbrico de Onverwacht Gp. y de Australia, cuya antigüedad se remonta a los 3,400 millones de años (Harland, W. Brian & Al., A geologic time scale, Cambridge, Great Britain, 1989).
  
   Nuestra madre tierra, joven todavía, provenientes tanto de los numerosos meteoros que la colisionaban como de los subproductos de su abundante actividad volcánica, albergaba ya ingentes cantidades de agua salada donde por reacción química se elaboraban las primeras moléculas vivas. Una de las cuales, privilegiada entre todas, la clorofila, cuyo surgimiento marcó el punto de arranque de la flora.
  
   Al tenor de como opera un filtro transparente de color verde, la clorofila, al descomponer los rayos provenientes del sol, absorbe el azul y el rojo, a la vez que da paso franco al de su color, que es el verde. Banda del espectro que, al ser absorbida, produce una simple pero esencial reacción química: combina las sales minerales disueltas en el agua con el dióxido de carbono del aire hasta producir materia viva y con ella, azúcares que le sirvan de energía.
  
   Base de la cadena alimenticia, expuestas a la luz, las plantas verdes, uniendo agua, tierra, luz y aire, sintetizan la producción primaria que sirve de alimento a la fauna, entre la que se encuentra el ser humano. Con un derivado maravilloso, resultante de la descomposición del agua: el oxígeno. Fue en ese eón Precámbrico, precisamente en el Arqueano, que, al acumularse en la alta atmósfera, de grisáceo, en el transcurso de dos mil millones de años, ya en vísperas del Proterozoico, el cielo comenzó a verse azul (Pelt, J.M., Les Plantes: amours et civilizations végétales, Artheme Fayard, Paris, 1981).
  
   Desde luego que la vida vegetal continuó evolucionando durante cientos de millones de años en el seno de los mares primigenios, apareciendo durante el Zwazian del Arqueano (3,200 Ma) las algas verdes. Hasta ese entonces las células sólo se multiplicaban por bipartición (cfr Pelt, Óp. cit) por lo que cada nueva célula era idéntica, aunque independiente, a la anterior. Sólo que, en un momento dado, posiblemente durante el Animikeano, hace aproximadamente 2,000 Ma, surgió otra manera más apasionante y rica de perpetuarse: la sexualidad.
  
   Sin descartar a la primera, en ésta (en vez de dividirse para que surjan dos células idénticas procedentes de una misma descendencia, aunque con alguna diferencia mutante de carácter mutante accidental: exposición mayor a las radiaciones solares, por ejemplo, o a elementos como el plutonio o el radio) se fusionan para formar otra totalmente distinta. Como dice Pelt: todo por un “encuentro entre dos entidades diferentes capaces de engendrar un ser nuevo y único… donde… la mezcla de sus propios potenciales produjo un ser único… y, por tanto, siempre distinto a sus antecesores”.
  
   En ese sentido, a diferencia de la bipartición, la sexualidad se convierte en una fuente tremenda de variaciones e innovaciones (Langaney, Le sexe et l’innovation, Hachette, Paris, 1999). Entre ellas, una diferencia visible entre las células destinadas a acoplarse: pequeña una y por lo general móvil (la masculina); grande la otra y ordinariamente fija (la femenina). Con una consecuencia: no habrá jamás quien sea idéntico a sus antecesores. En ese sentido cada ser vivo, venido a luz vía la sexualidad, constituye un ejemplar único. Lo que, referido a la pareja humana: quien concibe, concibe algo nuevo y distinto. Nada de que, por concebirlo, albergarlo, alimentarle y darlo a luz, lo pueda calificar, asumir y tratar y disponer como si sólo se tratara de una parte más de su propio cuerpo.
  
   En otras palabras, engendrar implica que algo nuevo y distinto deviene: el otro. Procrear, porque “todo lo que procede de la sexualidad es fuente de variaciones, de asimetrías y de diferencias”, no es duplicarse (Cfr. Supra: Op. Cit.). Quien intencionalmente aborta, no dispone de sí, dispone de la vida del otro.
  
  
   GLOSARIO
  
   Geología Histórica: rama de la geología (el estudio del origen, estructura, composición e historia de la tierra) relacionada con la evolución de la tierra.
  
   Estromatolitos: estructuras sedimentarias biogénicas. Restos fósiles vegetales.
  
   Biotas: total de la flora y de la fauna de un área determinada.
  
   Eón: período de 109 años. La edad de la tierra es de aproximadamente 4.7 eones.
  
   Precámbrico: lapso de tiempo geológico anterior al Cámbrico (4 Ma), durante el cual se produjeron las orogenias.
  
   Arqueano: segunda de tres eras en las que se divide el Precámbrico, luego del eozoico y anterior al Proterozoico.