Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    02 de Junio de 2020
12 de Enero de 2020
RETOS DE LA NUEVA DÉCADA, LASTRES DE LAS ANTERIORES

   Así como mucha gente suele hacer propósitos para el año nuevo, como sociedad podemos hacer lo mismo con aquellos problemas que nos aquejan a fin de no quitarlos del foco de atención y, aún mejor, si además trazamos un plan de acción para incidir en ellos. Ya sé que muchos de estos deseos al segundo o tercer mes quedan en olvido, pero los que los sostienen suelen tener altos índices de satisfacción por los logros que obtienen.
  
   Seamos de ese grupo con respecto a los problemas sociales que nos preocupan. Uno de estos temas, y el cual abordamos en varias ocasiones el año pasado, tiene que ver con las cargas de trabajo de la mujer en relación a las del hombre.
  
   Esta semana, el secretario general de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), el mexicano José Ángel Gurría, señaló que, de acuerdo a mediciones realizadas en los últimos años, el trabajo del hombre en el hogar solamente se incrementó en 7 minutos, es decir nada que sea una contribución significativa.
  
   Lo anterior tiene dos aspectos, por un lado, el mismo estudio señala que el 60% de las mujeres que trabajan lo hacen en el sector informal, con baja o nula protección social, alta inseguridad y baja remuneración, lo cual contrasta con sólo 18% de varones en estas condiciones.
  
   La otra vertiente tiene que ver con el trabajo no remunerado que implica la reproducción doméstica, que tradicionalmente ha recaído en la mujer.
  
   Sí, es verdad que en algunos sectores hay un ligero cambio de conciencia de los roles que desempeñan los miembros de una familia, pero esto se da sólo en una mínima proporción. En un sector mayoritario de la población el peso o carga mayor del cuidado de los hijos y todas las actividades de mantenimiento del hogar siguen recayendo en la mujer, aunque ésta tenga empleo asalariado fuera de la casa.
  
   Las propuestas de incrementar regulaciones y leyes son buenas, pero no suficientes. Se requiere un cambio dentro de la estructura familiar que impulse la igualdad de género. Que las mujeres y los hombres cambien su perspectiva con respecto al tema de los roles y funciones, a fin de evitar reproducir esquemas desiguales dentro del hogar. Que la educación no formal y la formal sean base de impulso para empezar a ver cambios reales en la dinámica familiar.
  
   Y si bien, es un proceso social de cambio muy lento, no por ello debemos dejar de insistir en estos temas; revisar qué estamos haciendo al respecto en nuestro entorno personal y en los ámbitos en que estemos involucrados; enseñar con el ejemplo y no sólo de palabra para que esto tenga un impacto real.
  
   No es fácil, pero un paso hacia adelante a la vez significará que vamos avanzando.