Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    20 de Marzo de 2019
10 de Marzo de 2019
Y NOS LA CREEMOS 14
Cada vez me asombra más todo lo que somos capaces de creer nada más porque lo vemos publicado. Desde hace tiempo, en los libros. Todavía es frecuente escuchar a la gente afirmar con convicción: lo leí en un libro. La magia de la letra impresa con su halo de veracidad y como un velo protector que cubre a los autores que al final de cuentas son seres tan humanos como falibles.
  
   Luego vino el auge de los periódicos, también tinta sobre papel dictando verdades en letras grandes y hasta fotografías que muestran y demuestran, y los periodistas como nuevos amos del 4º poder, capaces de convencer. Si sale en el periódico, dice todavía mucha gente, entonces debe ser cierto.
  
   Los medios electrónicos, la radio y la televisión, proclamaron las mismas verdades de sus emisores, pero amplificadas con grandes dosis de espectacularidad. Ya no solamente se proclamaron las noticias en el plano racional sino también en el emocional.
  
   En las redes sociales recibimos, pero también emitimos mensajes y retransmitimos mensajes al por mayor. Es un tsunami de información en el que colaboramos con el entusiasmo de la novedad y la moda. Damos rienda suelta a nuestras filias y fobias, a nuestras convicciones y prejuicios, a un afán grande de hacernos presentes reproduciendo lo que nos parece afín a nuestras ideas y emociones.
  
   Las nuevas herramientas de comunicación se han convertido en espejos de lo que somos en lo individual y como grupos sociales. En la información que hacemos circular aparecen nuestros valores y también muchas cosas que nos denigran.
  
   Ya hemos dicho que también es común que confundamos la herramienta que nos permite expresarnos con lo que manifestamos de nosotros mismos al comunicarnos. De esta forma, las redes sociales no hacen sino mostrar nuestras faltas de ortografía, pero también lo arraigado que tenemos el racismo y el clasismo entre nosotros.
  
   Como el internet es todavía un medio de comunicación abierto, que cada vez se amplía más en su alcance demográfico, sobre todo con el uso de los teléfonos celulares inteligentes, y aún no está sometido a control y censura, entonces pronto se ha infectado de mentiras y falsedades que se propagan como si fueran verdades.
  
   El fenómeno no es en sí una novedad. Como hemos dicho, ya desde los libros y la prensa hemos utilizado los medios de difusión social para engañar, pero ahora la posibilidad de que todos participemos activamente en el juego ha magnificado nuestra capacidad para mentir…, y que nos lo crean.
  
   Pongamos un ejemplo ilustrativo: hace algún tiempo circuló en las redes sociales la fotografía de una ambulancia estacionada en una carretera. Con horror, se afirmaba en tono alarmista que en su interior se habían encontrado niños desmembrados y que se trataba de un caso de tráfico ilegal de órganos para trasplantes clandestinos.
  
   Cuando uno ve en las noticias verdaderas que es toda una proeza encontrar un donador compatible para alguien que necesita un trasplante; cuando uno ve a través de la televisión cómo se transporta un órgano en helicóptero y se lleva de prisa con cuidados especiales hasta el hospital en que se realizará el trasplante; cuando se anuncia que una operación de trasplante fue realizada con éxito gracias a un gran equipo de personas de apoyo y médicos que participaron…, el asunto de los órganos encontrados a granel en el interior de una ambulancia abandonada resulta increíble; pero el asunto es que, por los comentarios hechos a la publicación, resulta que los usuarios de las redes no solamente creen lo que la noticia falsa afirma; también la propagan añadiendo comentarios que refuerzan los efectos que, seguramente, buscó lograr su creador.
  
   En mis redes sociales tengo contactos de personas que sé que tienen incluso preparación universitaria, pero incluso las clases de lógica de la preparatoria aportaron las herramientas mínimas para analizar la información, ponerla en duda, y tratar de apreciar que tanta veracidad puede contener. Y con todo y escolaridad alta, los usuarios de las redes parecen creerse toda la información que les llega.
  
   Lamentablemente nuestra educación escolar ya no se ocupa de formar en los nuevos estudiantes los criterios necesarios para leer la realidad y valorarla; para cuestionar incluso lo que nuestros sentidos perciben.
  
   Los engaños tienen consecuencias que todavía son impredecibles. Podemos estar construyendo un mundo ficticio que, desde luego, no estará hecho para beneficio de todos sino para servir a los intereses particulares de los dueños de los nuevos medios.
  
   Mientras tanto disfrutemos de todo lo bueno que ofrece nuestro Estado y esta Región Zamora en mi página de Facebook: Del Mero Michoacán.