Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    22 de Mayo de 2019
10 de Marzo de 2019
LA IGLESIA, SANTA Y PECADORA
Para comprender y tener una opinión razonable y cristiana de lo que está pasando en nuestra Iglesia católica, referente a los abusos de pederastia, conviene irnos a una época pasada de la Iglesia católica, en concreto, al siglo VI d.C. Esto lo hace un articulista del periódico francés La Croix.
  
   Pues bien, en el siglo VI d.C. vivió un obispo, llamado Contumeliosus, que fue obispo de Riez, un obispado pequeño de Provenza, desaparecido el día de hoy. Este obispo se dedicó a tomar los fondos de su diócesis, además de ser adultero y depravado. Fue pues, de acuerdo a su nombre, un obispo injurioso, un malvado perfecto. En un concilio provincial en Marsella, en el año 533, presidido por San Cesario de Arles, fue condenado Contumeliosus a devolver el dinero robado y a un tiempo largo de penitencia en un monasterio. Algo muy interesante para nuestra época actual de crisis eclesial, el Papa Juan II estuvo en contra el veredicto, según él muy tenue, y ordenó la su reducción al estado laical. Después Contumeliosus apeló al Papa siguiente, Agapito I, que lo restableció en su diócesis, después de un tiempo de suspensión.
  
   Como vemos, hay distintas posturas ante un crimen escandaloso para la Iglesia. Se entiende que es difícil descartar al colega que se escogió y con quien se trabajó. Esta dimensión humana es seguida en la Iglesia por sus compañeros obispos, unidos en la misma fe y acción pastoral. Hay entre sus colegas obispos los dos sentimientos: el de perdón o comprensión y el de justicia por lo hecho, deponiéndolo.
  
   El ejemplo de Contumeliosus nos puede ayudar a entender algunas posturas eclesiales. La primera postura, una vez que se ha cometido un mal tan duro, como la pederastia, es colectiva y e impuesta por sus colegas. El concilio provincial de Marsella ha obrado en consecuencia y ha castigado ejemplarmente al culpable. Podríamos pensar, en no esperar la respuesta desde Roma. Se podría, revisando el Código de Derecho, proceder desde la provincia eclesiástica castigando un crimen nefando como el de la pederastia ya, dejando a Roma como una sede de apelación.
  
   En el caso analizado, Juan II y Agapito I tomaron decisiones diferentes: una dura en función del mal cometido; la segunda, más tenue. ¿Qué decir de los que han cometido el pecado de pederastia, sean sacerdotes u obispos? A lo mejor se podrá decidir a nivel de la Provincia eclesiástica con la deposición, reduciéndolo al estado laical. Como sabemos, es la postura que tomó el Papa Francisco en el caso de dos obispos chilenos y en el caso del ex cardenal McCarrick. Se podría dejar una segunda instancia, reservada al Papa.
  
   No cabe duda que el mal siempre estará amenazando a la Iglesia, pero habrá que irse cada vez preparando mejor para evitar que el mal haga estragos entre los fieles cristianos.