Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    17 de Febrero de 2020
09 de Febrero de 2020
PRENDIENDO LUCES, ONDEANDO BANDERAS
Todo comunica —lo que dices, cómo lo dices, dónde lo dices, qué estás usando mientras lo dices, y todo lo que no dices, comunica también. Los políticos lo saben, los de relaciones públicas lo saben, los de mercadotecnia lo saben y fácilmente podemos asumir que todos los que lo saben, lo usan a su favor. Es así como te das cuenta de que, en un discurso de carácter oficial, nada es casualidad. Tomemos el caso de Brexit, por ejemplo.
  
   El día que se votó en favor de Brexit en el Parlamento Europeo, vimos a un Nigel Farage tajante, condescendiente, irreverente e incluso burlón—pero triunfante. Su lenguaje corporal y sus palabras estaban perfectamente alineadas con el mensaje que quería mandar: El Reino Unido por fin se va de la Unión Europea y no hay mejor noticia en esta vida.
  
   "Este es el punto de no retorno. Una vez que nos hayamos ido, ya nunca volveremos. Lo demás es, francamente, mero detalle. […] Yo les prometo: amamos Europa—es solo que odiamos la Unión Europea. Así de simple. Espero que este sea el inicio del final de este proyecto. Es un mal proyecto. No solo no es democrático, sino que es anti-democrático. […] Sé que nos van a extrañar"
  
   Fue un buen discurso. De haberse dado en una fiesta, ante un público lleno de simpatizantes, una vez que el Reino Unido oficialmente hubiera salido de la Unión Europea (UE), habría sido maravilloso. Pero Farage dio el discurso en Bruselas, dos días antes de que Brexit fuera oficial, ante miembros del Parlamento Europeo que lloraron, se tomaron de las manos y cantaron una canción tradicional escocesa como símbolo de "no es un adiós, es un hasta luego".
  
   De más está decir que a nadie (mas que a su propio equipo) le hizo mucha gracia la escena— de hecho, fue tan de mal gusto, que la moderadora les tuvo que pedir que se retiraran (con todo y sus banderas).
  
   Pero aun después de todo lo anterior, fue un buen discurso—fue efectivo. En cuatro minutos, Farage descalificó a la UE, recalcó la soberanía británica y presentó al Reino Unido como el héroe de la historia, quien, tras años de ser sometido por la malvada Unión Europea, por fin logró escapar y ahora solo quiere vivir una vida tranquila e independiente, explorar su potencial y disfrutar de todo lo que por años le fue negado.
  
   (No cabe duda de que cada quien se arma sus propias historias.)
  
   El punto es que ese mensaje iba dirigido para el mundo, tanto para los países miembros de la UE como para aquellos que no lo son—esos que ahora se convierten en "clientes" o "socios" potenciales. El mensaje que iba dirigido para los ciudadanos británicos era diferente. De ese se encargó el primer ministro, Boris Johnson, quien se tomó la molestia de grabar un discurso desde la comodidad de su residencia en el número 10 de Downing Street:
  
   "Esta noche dejamos la Unión Europea. Para muchos, este es un momento de esperanza, [pero también] hay muchos que tienen un sentimiento de ansiedad y pérdida. Y hay un tercer grupo, quizás el más grande, que temía que este vaivén político nunca terminaría. Entiendo todos esos sentimientos y nuestro trabajo como el gobierno—mi trabajo—es unir a esta nación y llevarnos hacia adelante. [...] Queremos que esta sea una nueva era de cooperación amigable entre la UE y una Gran Bretaña enérgica"
  
   Esto nos lo dice un Boris Johnson que está sentado adentro de su casa, alumbrado por la luz cálida de una lámpara; un Boris calmado, comprensivo, accesible, que mira directamente a la cámara y te asegura que una serie de maravillas van a ser posibles gracias a ti—porque la decisión de salirte fue tuya—y no te preocupes: él te apoya. Fue la mejor decisión. Te lo dice alguien vestido de traje, que porta corbata color azul pastel y hace movimientos cortos y repetitivos con su mano izquierda (traducción: tú tranquilo, él sabe lo que hace.)
  
   Sutilmente, Johnson presenta conexiones entre ideas, como si fueran implícitas una en la otra, por ejemplo: estar en la UE es estar aletargado, estar fuera de la UE es ser verdaderamente global; estar en la UE es estar subyugado, estar fuera de la UE permite la mejora de las condiciones de vida para los ciudadanos británicos.
  
   En resumen, el discurso del primer ministro se centra en tres puntos, los cuales los repite de una u otra manera durante tres minutos: La decisión fue tuya. El país tiene potencial. Vamos a tener éxito.
  
   "Redescubriremos músculos que no hemos usado por décadas. El poder de pensamiento y acción independiente. [...] Hemos obedecido la voluntad de la gente. Hemos retomado las herramientas de la autodeterminación. Ahora es el momento de usar esas herramientas para liberar el gran potencial de esta increíble nación y mejorar la vida de todas las personas que viven en el Reino Unido."
  
   Lo interesante aquí es que parece que Boris Johnson valora el poder de pensamiento y acción independiente, en línea con la voluntad de la gente, cuando se trata de Brexit; cuando se habla de un segundo referéndum para la independencia escocesa, entonces la soberanía de un país y la opinión popular no son tan importantes.
  
   Escocia vio pasar Brexit con una tranquilidad francamente desconcertante. La gente no se mostró eufórica, ni desconsolada, ni furiosa, ni ninguna otra emoción en particular— supongo que después de tanta anticipación, la gente estaba más cansada que cualquier otra cosa. Aun así, hubo quienes se reunieron en el centro de las ciudades para mostrar su inconformidad con la situación—es decir, llevaron banderas, cantaron el himno de la alegría y cargaron consigo una luz, en representación de la esperanza. El Parlamento Europeo, a petición de uno de sus miembros, dejó también "una luz prendida para Escocia", para ayudarle a esta pequeña nación a, en un futuro, encontrar el camino de regreso.