Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    07 de Abril de 2020
22 de Marzo de 2020
UNA COSA ES MIEDO, OTRA, COBARDÍA
Ante una amenaza efectiva, pero para nuestros sentidos, invisible, lo más normal es que nos llenemos de miedo. Miedo, como en el caso de la actual pandemia del Coronavirus, a contagiarnos y para nuestra desgracia la posibilidad de terminar, como muchos otros, de ser parte de los fallecidos.
  
   Tener miedo, instinto natural, no es una debilidad, sino un reflejo vital que nos encausa a protegernos de un mal. A volvernos prudentes. Miedo conlleva la noción de que tenemos barreras. De que tenemos límites. Desde luego que el temor nuestro puede deberse a algo real. Desde luego, también, que nuestro temor puede tornarse irracional.
  
   El miedo como instinto de conservación, porque nos induce a cuidarnos, debe ser bienvenido. De hecho lo podemos tomar como una oportunidad de crecimiento que nos empuje a ser audaces. A conquistar territorios desconocidos. A escapar de nuestra zona de confort.
  
   Aceptar, que no negar, que en realidad tengamos miedo, es emprender la ruta a superarlo. ¿Cómo? O venciendo al enemigo o haciéndonos a un lado para no dejarnos afectar. De ahí la recomendación, en medio de esta pandemia, de tomar distancia del otro, de lavarnos las manos con jabón, de no llevarlas a la cara, de evitar las aglomeraciones. De permanecer en casa.
  
   En ese sentido, en vez de convertirlo en un obstáculo, al miedo lo podemos convertir en nuestro amigo. Amigo fiel, compañero de viaje, semáforo de alerta.
  
   No obstante, si bien hay miedos agudos como el que ahora acosa a todo el mundo, lo agudo no debe convertirse en crónico. Porque esa clase de miedos paraliza, olvidando que así como surgen de pronto, así, pasado el peligro, de pronto desaparecen.
  
   Finalmente, una cosa es miedo, otra, cobardía. El miedo, hasta Jesús llega a decir en alguna ocasión que lo tengamos (Mt 10, 28). Cobardía, como también Él nos lo advierte (Jn 14, 28), nunca.