Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    09 de Julio de 2020
28 de Junio de 2020
DE MIS RECUERDOS II
DEL INTERNADO POLITÉCNICO SE DICE QUE…

  
   Yo no sé si los políticos de la educación federal, en esta 4T, tengan intención de revivir internados que garanticen la formación integral de los mexicanos del nivel económico inferior; sería cuestión de valorarlo, porque las experiencias pasadas diseñadas por los gobiernos de Miguel Alemán y siguientes hasta Peña Nieto no dieron los resultados que según ellos se esperaban y terminaron por desaparecerlos, incluidos los diseñados por los anteriores gobiernos de Lázaro Cárdenas hacia atrás. Uno a uno, acabaron por morir, con acciones vergonzosas realizadas por grupos de choque (el internado de Roque, Gto, fue uno de ellos), orquestadas por funcionarios fantasma. Así procedieron hasta a finiquitar a los dos modelos mejor diseñados: el de las “casas escuela”, para los niños rancheros más desprotegidos; y el del Politécnico Nacional, en la cúspide, para los estudiantes de enseñanza superior. A los primeros los dejaron de atender de acuerdo con su concepción inicial; al del Politécnico los invadieron con el ejército, la policía metropolitana, y otras fuerzas castrenses. Eso sí, antes les inventaron mil y una cuestión para justificar las agresiones cometidas contra el pueblo mexicano.
  
   Salvador Delgadillo, uno de los mejores estudiantes de la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas (ESIQIE); secretario general de la asociación de internos politécnico, en aquellos entonces, es quien narra ese funesto y fatal capítulo de la existencia del internado. Entre otras cosas, Delgadillo cuenta:
  
   EL CIERRE
   “El cierre del internado del Instituto Politécnico Nacional debe ubicarse en el contexto de la huelga nacional estudiantil de 1956, en la cual participaron, entre otras organizaciones, la Federación Nacional de Estudiantes Técnico (IPN), la Federación Estudiantil de Guadalajara (Universidad de Guadalajara), la Federación Socialista de Escuelas Normales, la Escuela Normal de Maestros y la Normal Superior, las Escuelas Prácticas de Agricultura y Chapingo (hoy Universidad Autónoma Chapingo). En este movimiento destacaron líderes como Nicandro Mendoza Patiño, Ramiro Pooch Poot y Mariano Molina, entre muchos otros, y fue generada como protesta contra el punto 4 del Plan Truman, que el gobierno mexicano de Adolfo Ruíz Cortines veía con beneplácito. (*)
  
   (*) El Plan Truman, o Marshall como también se le denominó por haberlo ideado el secretario de Estado de la Unión Americana en la época inmediata posterior a la segunda Guerra Mundial, no era sino un plan para detener el avance del comunismo, que estaba representado por la URSS y sus repúblicas partidarias; plan disfrazado por los norteamericanos e ideado para reconstruir Europa, después de la devastación sufrida, como resultado de la hecatombe mundial reciente. Este Plan se presentó en la Conferencia de París en 1948, por medio de lo que se llamó Organización Europea de Coordinación Económica. El multicitado plan significó entre otras cosas la aportación de trece mil millones de dólares para reconstruir las zonas devastadas. Eso sí, bajo el compromiso de sujeción de los países europeos a la nación estadounidense. Desde luego que la URSS no aceptó participar pues vislumbró la intromisión y expansión de los Estados Unidos. La URSS, a la sazón tenía sus bonos en alta estima entre las naciones del Viejo continente, dado que su intervención en el conflicto bélico había sido de alto heroísmo, magnas pérdidas y alto significado; su intervención fue clave para el triunfo de los países aliados sobre el nazismo. Los norteamericanos pensaron que ello significaría la pérdida de Europa para la corriente capitalista y su entrega a los odiados rojos. El plan Marshall resultó un gran éxito de la política internacional norteamericana; a él se le puede adjudicar en gran parte, la actual hegemonía norteamericana en el planeta.
   En el continente americano y, principalmente en las naciones iberoamericanas, desataron un combate general, en las dos décadas siguientes, contra todo lo que pudiera oler, ser o parecer intento de los rusos por sentar sus reales en el Nuevo continente. En el caso particular de los estudiantes mexicanos, bien que se comportaban como elementos contestatarios de los gobiernos, sobre manera, aquellos que se habían beneficiado con el sin número de internados nacionales, enclaves que fueron satanizadas y calificadas como nidos de rojos socialistas, comunistas y mal vivientes; de ahí que se les combatiera por todos los medios; de ahí también que se les considerara como foco de infección que deberían ser extirpados.
   Por otra parte, en el ámbito general de la educación mexicana, esa medida fue apenas una de muchas, implementadas por los gobiernos contrarrevolucionarios que habían combatido la política educativa del general Lázaro Cárdenas desde el mismito inicio del régimen de su sucesor, el presidente derechista, católico y conservador Manuel Ávila Camacho; medidas que fueron intensificadas después por Miguel Alemán Valdés y Ruíz Cortines (Nadie pone en duda ahora, que el retroceso más contundente de las políticas revolucionarias cardenistas se dio entre 1940, 1952 y 1964).
   Que Alejo Peralta y Díaz Cevallos, el director politécnico del cierre, fue un instrumento de la contrarrevolución, lo demuestra otro hecho sobresaliente: Alejo Peralta cerró el internado a escasos 40 días de haber sido designado director general del Politécnico. En otras palabras, la consigna del cierre, emanada desde las altas esferas gubernamentales, ya las traía en sus alforjas el magnate poblano.

  
   “Esta huelga se perdió después de dos meses de intensa lucha, en el mes de julio de 1956. El mayor problema se suscitó con José Guadalupe Zuno Arce, presidente de la Federación Estudiantil de Guadalajara (FEG), que infiltró mucha información a su cuñado, Luis Echeverría Álvarez (LEA), entonces Oficial Mayor de la Secretaría de Gobernación.
  
   Las autoridades gubernamentales fragmentaron el comité que había sido nacional, y lo dividieron en dos bloques: el primero, atendido por LEA, correspondió a los pliegos petitorios de las escuelas prácticas de agricultura y, obviamente, al pliego de la FEG de su cuñado Zuno Arce. Además, estaban en esa área los pepinos de Enrique Ramírez y Ramírez, Vicente Oria y Baudelio Alegría, con las correspondientes peticiones de las normales rurales. Los estudiantes pepinos se enfrentaron entre ellos cuando Vicente Lombardo Toledano impuso al michoacano de Ecuandureo, Nicandro Mendoza Patiño como presidente de la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET). El otro bloque, el pliego correspondiente al IPN, vía FNET, fue manejado por la Secretará de Gobernación con Ángel Carvajal, lo que le daba indiscutiblemente, carácter político. Esta FNET estaba en la línea política de Lombardo Toledano.
  
   “Al terminar la huelga, el gobierno instrumentó un plan para desterrar, de una vez por todas, las acciones contestatarias de las organizaciones estudiantiles. Este plan, repito, no era casual, sino que obedecía a las actividades emanadas de la reacción contrarrevolucionaria. La estrategia gobiernista incluía dos puntos fundamentales: represión y cárcel para los líderes, y cierre de todos los internados del país, comenzando con el que tenía el papel de baluarte nacional, el más importante, el internado del Politécnico. En la estrategia se contemplaba la designación de director general del Instituto, de un hombre instrumento ad hoc para realizar las consignas orquestadas. Alejo Peralta resultó ser esa herramienta, pues estaba que ni mandado hacer: simple ingeniero, magnate beisbolero, empresario multimillonario, miembro de la burguesía adinerada, hombre enérgico y recio, autoritario y déspota, acostumbrado a mandar a gritos y mentadas de madre y, sobre todo, muy alejado de los estudiantes y de las clases populares. Alejo Peralta cumplió bien su papel de elemento requerido para dar el golpe magistral a la educación popular. Cómo explicar si no, que, en 1992, en entrevista concedida a Proceso, y relatada en el libro Un patrón sin patrones, de Luis Suárez, Alejo considerara aquella trapacería sobre el internado, como una de sus grandes hazañas. Esa fue la razón de no designar, en esa etapa de conflictos estudiantiles, a un educador o un científico, para dirigir al Poli. Alejo Peralta estaba hecho para la realización de esa su gran hazaña. Por eso llegó para convertirse en una simple y desgraciada arma del gobierno federal.
  
   “Después de la huelga, Nicandro Mendoza fue a la URSS, viaje que había sido condenado por las autoridades de Gobernación; por ello, el secretario general de la FNET, Mariano Molina, fue quien, a nombre de la organización politécnica empezó las pláticas con el magnate director.
  
   “Las elecciones del comité estudiantil del internado, retrasadas por la huelga, se sucedieron en el mes de agosto: fui electo yo, Salvador Delgadillo Prada, como secretario general.
  
   “Al respecto, comento: Pocos días después de tomar posesión de mi cargo, llegaron las vacaciones. Los internos originarios de distintos y distantes lugares (BC, Tabasco, Chiapas, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Chiapas, Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Zacatecas, Durando, San Luís Potosí, Sonora, Chihuahua, Coahuila y muchos otros) estaban acostumbrados a recibir algunas provisiones de alimentos no perecederos para ayudarse en el camino. El ingeniero Peralta ordenó la suspensión de aquellas vituallas sin notificación alguna, ni siquiera al propio director del internado, Dr. Angulo, Angulo, mucho menos a mí, como secretario general de la sociedad de alumnos internos. Entonces el Comité ejecutivo tuvo que visitarlo para conocer los porqués de aquella medida, y solicitar su reconsideración. Alejo Peralta nos espetó tremenda negativa y argumentó, casi textualmente: ¡Yo no tengo porque darles itacate!; Si no tienen dinero para ir, no vayan. Si yo quiero zapatos y no tengo dinero con qué pagarlos, pues no me los compro...
  
   “El Comité adujo que aquella prestación era algo habitual y siempre muy bien recibida por los estudiantes; que él tenía atribuciones para ordenar que se entregara, que aquella insignificante ayuda era de gran importancia para los jóvenes, puesto que en su mayoría provenían de los estratos económicos más bajos. También le reprobamos el ejemplo que dio para explicitar su determinación, pues no podría ni debería aplicarse a los internos ya que se consideraba una humillación, mucho más viniendo de quien venía. Usted nunca ha tenido necesidad de eso, y ellos sí í—casi le grité—. Ante aquella respuesta de la autoridad máxima, nos retiramos…
  
   “Ocho días más tarde, en plenas vacaciones, Alejo Peralta cesó en forma injustificada y fulminante a nuestro director. El suplente, designado fue también un militar de apellido Burriel, de todo mundo desconocido. En un intento de comparación entre directores saliente y entrante, hay que enfatizar que Angulo, Angulo había sido interno, y muy estimado no sólo por esa condición, sino por su trato serio, firme, afable y responsable, además de tener un comportamiento profesional, por cierto, muy destacado, como médico que era. Los muchachos, aparte de la alta estima, lo veían con respeto bien ganado por su conducta y profesionalismo.
  
   “Los pocos estudiantes que no salieron de vacaciones, protestaron ruidosa y escandalosamente, y sin notificar al Comité, expulsaron a Burriel y cerraron sus oficinas. Poco después, el Comité hizo una segunda visita a la Dirección General...
  
   — No discutimos su facultad como director —le dije al director, medio serio y molesto—; pero creo que hay normas que respetar y seguir.
   — ¡Las normas a las que ustedes están acostumbrados me valen una chingada! Aquí las normas que valen las dicto yo —me contestó airadamente.
   — Señor, no estamos de acuerdo ni en el procedimiento, ni mucho menos en ser manejados por un militar —argumenté elevando aún más mi tono de voz.

  
   “Peralta, como vulgarmente se dice, tragó camote y nos pidió que nos retiráramos. Sin ningún acuerdo, creímos prudente abordar el asunto en una reunión posterior con los líderes de la FNET...
   Otro dato que es muy conveniente recordar en afán de reforzar la consigna del cierre —sigue Delgadillo—, es que la designación de secretario general del Politécnico también recayó en un jalisciense, como yo; individuo de estirpe castrense, Contreras Bobadilla, a quien le apodaban el sardo; a mí en particular siempre me prodigó un trato amable y de respeto, acaso haya sido por nuestro origen común en el estado de Jalisco
  
   Cuando se sucedió la entrevista entre la FNET y el Ing. Peralta, Mariano Molina, secretario general, me transmitió la queja del funcionario, en el sentido de que tenía gran indignación por el trato grosero y altanero que dizque yo le había dado. Con todo, la FNET tampoco tuvo éxito y nunca más se volvieron a reunir.

  
  
Sigue…