Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    26 de Noviembre de 2020
26 de Julio de 2020
LO QUE EL COVID DESNUDÓ
El lunes pasado, julio 20 de 2020, convocados por Don Javier, Obispo de Zamora, quienes desempeñamos nuestros servicios pastorales entre las queridísimas comunidades de p’urhé p’ukutapu, teniendo como anfitrión al Sr. Cura Melesio Álvarez, nos reunimos en la casa cural de Charapan para poner en voz alta nuestros sentires, actuares y pesares a cinco meses de tener la pandemia como inevitable y trágica compañera. Fue una reunión plagada de vivencias y de comunicación honesta. Entre mis reflexiones, les comparto ésta:
  
   “De judío devoto a cristiano apasionado fue el cambio total que asumió Saulo de Tarso luego de su encontronazo con el Resucitado (Hch 9,3-22). Surgió entonces, reinventándose, como ‘el Apóstol’. Como el judío grecorromano que recorrió el Imperio, en tanto tejiendo canastos se ganaba el sustento, predicando el Evangelio. Entre la profundización teológica que de las palabras de Jesús lleva acabo y las duras reprimendas que no pocas veces les hace a sus evangelizados: ‘¡el que no trabaje, que no coma!’ (2 Tes 3,10b) Pablo reivindica el trabajo responsable en pos del propio sustento. Y del solidario auxilio a los más necesitados.
  
   Apoltronados en los ritos cúltico-sacramentales y teniendo como espacios recaudatorios las notarías parroquiales, no pocos de quienes nos asumimos como apóstoles en este siglo XXI, nos hubimos acostumbrado a depender económicamente de la feligresía, sin hacer gran cosa y, erdipia* de nuestra Iglesia, entrometiéndonos en todo (2 Tes 3, 11b). Hasta que desde inicios de marzo de este año, advino el Coronavirus y puso en jaque nuestro modus vivendi, nuestro modus operandi.
  
   No más. En aras a nuestra sobrevivencia, orillados a cuidar la supervivencia ajena, hubimos de tapiar las jambas de nuestras iglesias. Y a dejar entreabiertas, sana distancia de por medio y armados de tapabocas, las puertas de nuestras oficinas. Desde ese entonces, nuestra labor pastoral quedó expuesta. Si a más de las actividades cúltico-administrativas hay en nuestra parroquia otros tipos de pastoral: educativa, del trabajo, de la salud, ambiental, etcétera…, con todo y la pandemia, nuestra comunidad parroquial, sufre, sí, pero sigue viva.
  
   Si no, este percance inesperado trae consigo no sólo la oportunidad sino la obligación de reinventarnos. No sólo utilizando las redes cibernéticas para transmitir la celebración eucarística, sino para ampliar nuestra oferta pastoral, sobre todo para jugarnos el todo por el todo con el fin de traer pan a los que tienen hambre, agua a quienes tienen sed, fuentes de trabajo a los desempleados, medios de salud a los enfermos (Mt 25,34-36).
  
   Pero, también, siguiendo el paulino ejemplo, buscando de una vez y por todas que cada uno de los sacerdotes reinventemos nuestro modo de mantenernos, ejerzamos un oficio y, destinando las aportaciones de los feligreses a los más desprotegidos y al desarrollo de otros tipos de pastoral, nos ganemos nuestro propio sustento. Podríamos entonces, con todo derecho, hacer nuestros aquellos versos: ‘a mi trabajo acudo, con mi dinero pago / el traje que me cubre y la mansión que habito, / el pan que me alimenta y el lecho en donde yago’. (Machado, A., ‘Retrato’, en Poesías Completas, Espasa Calpe, Madrid, 1985)”
  
   *erdipia: vergüenza ajena