Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    22 de Septiembre de 2020
13 de Septiembre de 2020
¡GRACIAS, DON LUIS, MIL GRACIAS!
Rundido los años todos de mi vida entre los paninos y volcanes de la Meseta P’urhépecha, a espaldas de las grandes manchas urbanas y sus capitalistas avatares, ocupados mis días en acompañar a las comunidades y teniendo como nocturno privilegio la soledad y el silencio para poner por escrito no pocas de mis inquietudes y los más de mis pensamientos; nunca imaginé que desde la ciudad de México un personaje de la talla de Don Luis Prieto Reyes, historiador y luchador social, semana tras semana se tomara la molestia de leer mis colaboraciones en este Semanario.
  
   Lo conocí así, porque un día con toda la franqueza y magnanimidad que le caracterizaran, me llamó para invitarme a participar en las Jornadas de Historia de Occidente, presididas por el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas y de las que fungió primero como Coordinador y luego como Director General. Ésas, que convocadas en 1978 por Don Luis González y González, han tenido lugar desde hace más de 40 años en el Centro de Estudios de la Revolución Mexicana allá en Jiquilpan.
  
   Desde su inicio, la solidez académica de sus participantes y su compromiso con los ideales del General Lázaro Cárdenas, fue delineando su rúbrica. Entre no pocos: Otto Schöndube, Luis González y González, Alejandra Moreno Toscano, John Womack, Heriberto Moreno García, Francisco Miranda Godínez, Álvaro Ochoa Serrano, Jean Meyer, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Años más tarde, entre muchos: Alicia Bonfil Olivera, Carla Sheridan Prieto, Nora Reyes Costilla, Martín González de la Vara, Raquel Sosa Elízaga, Patricia Galeana, Nora Reyes Costilla. Todos, como bien comprobado lo tenía Don Luis Prieto, con excelentes credenciales académicas, excepto quien esto escribe.
  
  
  
   Fue Don Luis Prieto un hombre bueno. Íntegro. Derecho. De izquierda. Cardenista de cepa. Generoso. Con una mezcla exacta de sabiduría y sentido común. Libre. Antisolemne. De finas maneras. De numerosos amigos. Entre éstos: Sergio Pitol y Carlos Monsiváis, los campesinos más marginados, los de los puestos más humildes de sus subalternos, los investigadores, los estudiantes y hasta -impensable para un admirador de Francisco J. Múgica, a quien yo también admiro- este obscuro cura de pueblo.
  
   Vive Don Luis en su entrega y en su obra: prestó sus servicios en la Junta de Asistencia Técnica de la ONU, participó en el Comité de Estudios del Balsas, en la Subsecretaría Forestal y de la Fauna, en Asuntos Internacionales y Ecología; pero, sobre todo, promoviendo la Historiografía Regional, en el Centro de Estudios de la Revolución Mexicana ‘Lázaro Cárdenas’, A. C., donde promovió, entre muchos otros, cuatro proyectos de investigación: Historia Oral, Migración de Trabajadores Michoacanos a USA, Educación Socialista en Michoacán e Ideología del PRM.
  
   Gozó de una larga y fructífera vida, de la que su generosidad sin límites nos hizo parte. Fomentó y amparó una investigación que, a más de decenas de conferencias, se halla representada, aparte de cuadernos, folletos y boletines, sobre todo en las Memorias de las Jornadas, cuyo último tema constituyó de emblemática manera “Las Resistencias en la Historia”. A decir de Guadalupe Ramos García: “Su forma de actuar y el trato que daba a todos los trabajadores, caló muy hondo en el corazón de todos… Estuvo siempre a pendiente de nosotros, por eso ahora nos sentimos huérfanos”. Don Luis se nos fue a sus 91 años, dejándonos como reto obligado, continuar su tarea.