Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    22 de Septiembre de 2020
13 de Septiembre de 2020
BROTARON DE LA NIEVE (COMO MARGARITAS)
Mulán es un clásico de Disney; una película que cuenta la historia de una joven china que se viste como hombre, se enlista para la guerra y se enfrenta a los hunos, todo con tal de que su padre no tenga que hacerlo—aunque, claro, si reconocieron el título de este artículo, eso ustedes ya lo saben. Lo que probablemente no sepan es que hay un llamado por parte de la Milk Tea Alliance (una asociación de grupos pro democracia en Hong Kong, Tailandia y Taiwán) para hacer un boicot a la nueva versión del clásico de Disney. En palabras del activista Joshua Wong:
  
   "Esta película se estrena hoy. Pero como Disney se postra a los pies de Pekín, y como Liu Yifei apoya abierta y orgullosamente la brutalidad policial en Hong Kong, les pido a todos los que crean en los derechos humanos que boicoteen a Mulán".
  
   ¿Qué está pasando en Hong Kong?
   Desde hace más de un año, la ciudad de Hong Kong ha estado envuelta en protestas, las cuales han ido escalando en intensidad con el paso del tiempo y han causado conflictos entre la policía y la sociedad civil. Según la información proporcionada por Amnistía Internacional, la brutalidad policial en Hong Kong va más allá del uso excesivo de la fuerza al momento de efectuar un arresto o de ataques en contra de manifestantes pacíficos; ha habido reportes de tortura, amenazas, humillaciones, así como entorpecimiento del acceso a atención médica y/o legal de las personas detenidas. A la policía de Hong Kong se le acusa de negligencia desde aquel incidente hace un año en el que un grupo de manifestantes pro democracia fue atacado en una estación de tren por un grupo de civiles (presuntos miembros de "la triada", como se le conoce a la mafia china); a pesar de las denuncias de los ciudadanos que se encontraban en los alrededores, la policía llegó a la escena convenientemente hasta que la trifulca había terminado. A la policía se le acusa también de alteración de narrativa (o de reescritura de la historia), pues—usando ese mismo incidente como ejemplo—la policía alegó que el altercado había sido entre grupos equiparados y negó haberse tardado en responder a las denuncias.
  
   (Como contexto: Hong Kong es una ciudad con más de siete millones de habitantes, la cual era una de las colonias del Reino Unido hasta 1997, cuando se acordó que volvería a pertenecer a China bajo el entendido de que la ciudad sería semiautónoma. Es decir, técnicamente Hong Kong pertenece a China, pero también tiene cierto nivel de independencia política y económica: China es comunista, Hong Kong, capitalista; China maneja yuanes, Hong Kong, dólares hongkoneses; China tiene un sistema político autoritario, Hong Kong, una democracia limitada. En resumen y como lo explica la ley hongkonesa: "un país, dos sistemas").
  
   Las protestas en Hong Kong comenzaron en 2019, cuando Pekín intentó imponer una ley que permitía la extradición a China; es decir, bajo esta ley, prisioneros hongkoneses podrían ser juzgados bajo las leyes chinas, por jueces chinos y cumplir con la sentencia en prisiones chinas. (De más está decir que el sistema penal chino es un tanto más que 'severo'). Esta ley y lo que en general se conoce como el movimiento pro democracia (también conocido como movimiento anti-china o antigobierno) llevaron a millones de hongkoneses a las calles para manifestar su descontento.
  
   Algunas de estas protestas fueron pacíficas; otras, no tanto—hubo ocasiones en que los manifestantes arrojaron paraguas u otros objetos a los policías y dañaron propiedad tanto pública como privada. Fuera como fuera, el consenso mediático occidental parece pintar a las protestas hongkonesas con una luz positiva, mientras que las autoridades pekinesas las consideran una amenaza para la estabilidad y seguridad del país.
  
   La pandemia también afectó la agenda del movimiento prodemocrático hongkonés. Por un lado, puso pausa a los aglomeramientos por unos meses; por otro, reforzó la idea de un Hong Kong independiente. Sin embargo, a pesar de que la preocupación por el coronavirus sigue vigente, una nueva ley impuesta por Pekín llevó a los manifestantes a las calles hace unos meses. La nueva Ley de Seguridad Nacional criminaliza cualquier acto de secesión (es decir, cualquier intento de independencia), subversión (cualquier acto que demerite la autoridad del gobierno central chino), terrorismo (que, según la ley china, puede ser algo tan simple como dañar la propiedad pública) o colusión con entidades extranjeras (por ejemplo, pedir a otros países que intercedan en favor de Hong Kong). Es decir, en términos prácticos, desde junio del presente año, las manifestaciones pro democracia son ilegales y el gobierno central chino se encargará personalmente de detenerlas, aun a costa de la autonomía de Hong Kong, la libertad de expresión y, según las observaciones de un experto a la BBC, la seguridad personal de los ciudadanos hongkoneses.
  
   ¿Qué tienen otros países que decir al respecto?
   Todo lo anteriormente descrito suena (y es) terrible. Aunque vale la pena mencionar que Hong Kong no es el único que ha tenido problemas relacionados con brutalidad policial, represión violenta de protestas o atropellos a los derechos humanos. México, Chile y Estados Unidos son tan sólo tres ejemplos de países que han estado recientemente en el foco mediático precisamente por estas cuestiones. Aunque, claro, lo importante es cómo se maneje la narrativa; por ejemplo, el Washington Post publicó un artículo titulado "Mientras Estados Unidos afronta la brutalidad policial, Hong Kong está en negación", cuyo mensaje básicamente es: EUA sí tuvo un problema, pero lo reconocimos y tratamos de manera eficiente; Hong Kong también tiene ese problema, pero no lo reconoce y, aunque lo hiciera, no lo puede tratar—EUA tiene esperanza, pero Hong Kong está perdido.
  
   Lo interesante del artículo es un párrafo en particular que dice: "Sé lo largo y complicado que será el camino para poder sostener la escala de las reformas que algunos en Estados Unidos quieren. La causa raíz del enojo tampoco tiene comparación. Y también está el problema de que los estadounidenses tienen derecho de portar armas de fuego, lo cual hace que el panorama policial sea muy distinto".
  
   En otras palabras, la autora del artículo reconoce que las medidas tomadas en Estados Unidos no son óptimas, critica a Hong Kong por no tomar medidas similares y al mismo tiempo afirma que la situación de ambos lugares es ‘muy distinta’, sugiriendo que la situación en Estados Unidos es más complicada. No quiero decir que la autora del artículo esté necesariamente equivocada, pero sí que la información que ofrece (y la manera en que la presenta) sugiere que el artículo sigue una agenda política—y abogo que, como lectores, tenemos que tomar este factor en cuenta. EUA es un país que tiene las elecciones en puerta, que ha tenido una relación comercial especialmente complicada con China en los últimos años y que recientemente anunció que cambiaría los términos de comercialización con Hong Kong, entonces ¿cuál narrativa le conviene?
  
   ¿Qué tiene que ver Mulán con todo esto?
   En agosto de 2019, cuando las protestas estaban en pleno auge, Liu Yifei (la protagonista de la nueva versión de Mulán) publicó lo siguiente: "Apoyo a la policía de Hong Kong. Ahora todos ustedes me pueden atacar. Qué vergüenza para Hong Kong".
   Por un lado, podría decirse que cualquiera tiene derecho a tener y compartir su opinión; por otro lado, esta opinión va más allá de si la actriz prefiere el color azul al amarillo, es una opinión política a favor del atropello de derechos humanos de millones de personas—ojo aquí: cuando hablamos de 'brutalidad policial' no estamos diciendo que todos los policías sean 'malos' o actúen de esta manera, pero sí que sistemáticamente se permite (e incluso se incita a) que por lo menos algunos actúen así. El problema de que sea la policía quien comete y encubre crímenes es que los ciudadanos pierden confianza en la institución y quedan desprotegidos: ¿A quién llamas cuando los policías son los criminales? ¿Con quién acusas a la policía cuando ésta actúa en nombre del gobierno?
  
   No obstante, volviendo al boicot, esto va más allá de la (infortunada) opinión de una actriz. El problema no es sólo que Disney la contrató, sino que Disney también colaboró con el gobierno chino para asegurarse de que la película no sería vetada en este país y, además, filmó gran parte de la misma en Sinkiang—una región al noroeste de China en la que se tienen campos de concentración (o 'centros de reeducación', como les llama el gobierno chino) llenos de uigures, una minoría musulmana que el gobierno central chino asegura son terroristas. Según los reportes de Business Insider, el gobierno central de China monitorea (por no decir 'espía') a los uigures y los obliga a redecorar sus casas, cantar canciones de propaganda, tomar anticonceptivos, tener abortos e inclusive se dice que los usan como experimentos médicos. Claro está que el gobierno chino lo niega todo, pero organizaciones internacionales como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han condenado la situación como un claro atropello de derechos humanos, habiendo quien incluso cataloga las acciones en Sinkiang como genocidio.
  
   Esto no es nuevo y, sin embargo, Disney decidió fingir demencia, filmar ahí su película y agradecerle al gobierno en los créditos por su colaboración—un tanto contradictorio con los valores que la compañía dice tener.
  
   Entonces... ¿boicot?
   Debido a la pandemia, Mulán no se estrenó en los cines estadounidenses, sino que se agregó al catálogo de Disney+ (el equivalente de Netflix para Disney) con un costo de 30USD por verla en dicha plataforma—algo que va a afectar significativamente las ganancias de la película. Sin embargo, en otros países (como China), Mulán sí va a figurar en la cartelera cinematográfica. Es decir, el éxito monetario de la película va a depender de la audiencia internacional y, si las personas no vamos al cine a verla, entonces Disney corre el riesgo de que la película no alcance siquiera su punto de equilibrio.
  
   Más allá de querer 'castigar' a Disney, el #BoycottMulan busca advertir a las personas de lo que está sucediendo en China—en Hong Kong y en Sinkiang—para poder así ejercer presión internacional sobre el gobierno y lograr que la situación cambie.
  
   Una nunca sabe, igual y funciona. De cualquier manera, y si les sirve de algo, dicen que la nueva versión no está tan buena.