Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    22 de Septiembre de 2020
13 de Septiembre de 2020
EL RUSO PACIENTE

  
   Así es llamado por muchos Alexeï Navalny, opositor serio a Putin. Desde que Putin está en el Kremlin, nunca ha pronunciado el nombre de este opositor político. Cuando se le pregunta acerca de él, el presidente ruso se contenta con designarlo irónicamente como “ese personaje”, “este señor”, “la persona del que Ud. me habla”. Quisiera Putin que, al callar su nombre, desapareciera Navalny de la escena política por milagro.
  
   El avión en que viajaba Navalny aterrizó con dificultad en Omsk. Si no lo hubiera hecho, Navalny habría desaparecido para siempre de la política rusa. El director de la ONG Cineme For Peace, ha obtenido su evacuación a Alemania el 22 del mes pasado y está curándose actualmente en un hospital de Berlín. Los médicos berlineses han encontrado en su cuerpo huellas de envenenamiento. No saben los médicos cómo quedará de su salud, cuando despierte.
  
   Navalny es el opositor número uno de Putin. En la televisión no se le nombra. Su nombre es tabú. Pero está presente entre los jóvenes y en muchísimos rusos que sueñan con acabar con los últimos restos del comunismo, que representa la figura de Vladimir Putin.
  
   Este ruso paciente ha hecho denuncias radicales del sistema autocrático ruso y de su corrupción. Esto le ha valido que las autoridades rusas lo tengan siempre en vigilancia estricta. Continuamente sufre provocaciones, tratando de que dé un paso en falso. En un artículo de un diario moscovita se divulgó, paso a paso, lo que hacía Navalny. Se le ve conduciendo a 25 kilómetros por hora a las 10 de la noche, para irse a bañar, se evoca su alcoholismo o su toxicomanía, diciendo que esto explica la exageración en sus afirmaciones.
  
   No solo él, sino también su familia está bajo la mirada policíaca rusa y se le ha prohibido a él y a los suyos poseer tarjetas bancarias. El año 2011 pasó 232 días en prisión y 242 días en residencia vigilada. Se le acusa de recibir fondos del extranjero para apoyar sus acciones. A esto hay que añadir la violencia. A la salida de su despacho de abogado, se le ha rociado con un producto antiséptico que le ha afectado a sus ojos. El año pasado, mientras purgaba una pena en prisión, fue envenenado con una materia química desconocida. Las autoridades afirmaron que se trató de una “simple reacción alérgica”. Su lucha ha sido contra la corrupción del régimen y el mal empleo de las riquezas rusas como, en concreto, la desaparición del equivalente a casi tres mil millones de euros.
  
   Ahora, este abogado no tiene permiso de presentarse en ninguna elección, ni tiene autorización de crear un partido político. Dado que se le impide ejercer la política, Navalny continúa denunciando la corrupción. Sus denuncias son visitadas por millones sobre el YouTube. Ridiculiza a muchos gobernantes, al abismo que hay entre el discurso y la manera de vivir de muchos servidores públicos, las tentativas de esconder sus robos. Es un nacionalista duro y esto le ha causado que no tenga tanta popularidad en Europa.
  
   Actualmente está en lucha por su salud. No sabemos lo que vendrá después. Sus partidarios están dispuestos a tomar su lugar y seguir su línea de protesta conta el régimen y la manera de conducir a Rusia. Un test importante serán las elecciones regionales del 13 de este mes. Allí se verá su fuerza, no obstante, su ausencia. Por lo pronto, su nombre no sigue escuchándose en la televisión y en los medios principales, dominados por el régimen en el poder.