Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    22 de Septiembre de 2020
13 de Septiembre de 2020
SUICIDIO: UNA CONSECUENCIA MÁS DE LA PANDEMIA
Antes de la pandemia del Covid-19, ya era un problema de salud pública. Ahora como parte de las consecuencias de esta enfermedad, el panorama se está agravando. Hablo del suicidio, que, en el marco del Día Mundial para su Prevención, -septiembre 10- cobra relevancia porque es un fenómeno que se ha incrementado no sólo en México, sino en el mundo.
  
   Y es que el Covid-19 ha generado daños en diversos ámbitos. Están obviamente los efectos en la salud física, que siguen siendo el eje principal de preocupación y acción; derivado de ello, los cuidados asociados para evitar el contagio (el confinamiento, el distanciamiento social, etc.). El impacto económico también ha sido muy fuerte, ya que, de acuerdo a datos proporcionados por investigadores de la UNAM, la pandemia ha provocado que 16 millones de personas caigan en pobreza extrema por la baja o pérdida de sus ingresos.
  
   Desde abril, casi al inicio del confinamiento, investigadores de la Universidad Iberoamericana señalaron que en el 37.7 % de los hogares mexicanos, al menos un integrante perdió su empleo o fuente de ingreso, mientras que otro 30.1 % veía, como muy probable, que alguien de su hogar perdiera su puesto de trabajo a corto plazo.
  
   Aunado a esto, la trastocada dinámica familiar ha tenido efectos muy negativos en aquellos hogares en los que la relación no era sana, o en aquellos en donde los factores estresantes han desatado la violencia, en especial hacia la mujer. Esta situación se ha incrementado notablemente.
  
   El informe de la ONU/ Mujeres México, “COVID-19 y su impacto en la violencia contra mujeres y niñas”, señala que las medidas de aislamiento dictadas frente a la pandemia están teniendo repercusiones como: mayores niveles de estrés, inseguridad económica y alimentaria, disminución de ingresos y desempleo. Estudios hechos por investigadores de la Universidad La Salle calcularon que este fenómeno podría incrementarse hasta en un 92% durante el confinamiento.
  
   En este contexto, el suicidio se ha convertido en uno de los factores de riesgo agravado, como consecuencia de toda la compleja situación que vivimos.
  
   Y es en los jóvenes entre quienes más se ha disparado este fenómeno. De acuerdo a la Asociación Psiquiátrica Mexicana, la población de 20 a 24 años tiene la tasa más alta de suicidio, con 15.1 por cada 100,000 jóvenes; es la segunda causa de muerte de adolescentes de 15 a 19 años de edad, y la quinta, para aquellos que oscilan entre los 10 y 14 años.
  
   Angustia, ansiedad y depresión son síntomas que pueden presentar las personas que intentan el suicidio. De ahí la importancia que, al interior de las familias, se haga conciencia del problema y se atienda a tiempo.
  
   El estrés no sólo lo padece quien perdió el trabajo o ve disminuidos sus ingresos, sino que se transmite a todos en la unidad familiar. La imposibilidad de mantener, como se acostumbraba antes de la pandemia, nuestras relaciones sociales, la pertenencia a grupos, la identificación con personas de la misma edad, cambió de manera tan brusca nuestra cotidianidad, que debemos hablarlo y en conjunto buscar estrategias para adaptarnos, de lo contrario, este problema de salud pública seguirá en ascenso generando a su vez otra cascada de problemas.
  
   No perdamos de vista que al estar confinados debemos procurar un ambiente de buena salud mental para los jóvenes y para todos los miembros de la familia. Además, son necesarias campañas intensivas, a través de los diferentes medios, que hablen del problema, y de la mejor manera de identificarlo y manejarlo. También se requiere que el tema sea tratado abiertamente y no se niegue ni se estigmatice. Que las redes de apoyo virtuales o telefónicas tengan mayor difusión, pero en especial, implementar programas que ataquen la raíz del problema.
  
  
   Universidad Don Vasco