Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    22 de Octubre de 2020
11 de Octubre de 2020
VITA BREVIS
¿Puede el amor que le profesemos a un ser humano: madre, hermano, espos@, amante… ser un obstáculo para que podamos amar a Dios “sobre todas las cosas” cual reza el primer mandamiento? A San Agustín de Hipona (354-430) se atribuye la siguiente aserción: “ama y haz lo que quieras…”; implicando que frente a cualquier duda, frente a cualquier dilema, si procedemos con amor, haremos lo correcto.
  
   Este gran filósofo y teólogo, Padre de la Iglesia, prominente expositor del nexo entre el cristianismo intelectual y el neoplatonismo, en su De Genesi ad litteram (De Hipona, A., Interpretación literal del Génesis, EUNSA, Navarra, 2006) parece contravenir su aserción, al enseñar que el pecado original constituyó una insensatez cuajada de orgullo, en la que nuestros primeros padres (herida su naturaleza por la raíz del mal, esto es, su concupiscencia y su libido, que el Diablo hubo sembrado en sus sentidos) no respetaron la jerarquía de valores con la que Dios creó al mundo.
  
   Quien lea con atención sus Confesiones, no podrá dejar de percibir que no pocas de sus expresiones, resultado del rechazo a su propia natura particularmente sensual, parecen ir dirigidas contra la sexualidad humana. En consecuencia, ¿cómo entender el ama et fac quod vis agustiniano? Recordemos que San Agustín, entusiasmado por la retórica de San Ambrosio (+ 397), quien lo condujo a adentrarse a los escritos de Plotino (205-270) y a las Cartas del Apóstol San Pablo (+ 58 a 64), luego de haber llevado, según él, una vida pecaminosa y entregada a las pasiones de la carne, se convirtió al cristianismo.
  
   Pero más que intentar entender a San Agustín en esta materia, Jostein Gaarder en su libro de ficción filosófica, Vita Brevis (Siruela, Madrid, 1997), la busca en la amante que en su juventud tuvo este gran Santo. Su nombre, Floria Emilia, quien luego de recibir una copia de sus Confesiones le envía una larga carta criticando sus declaraciones y rechazando apasionadamente que el amor que ambos tuvieron, bendecido con el nacimiento de su hijo Adeodato = regalo divino, pudiese etiquetarse como un obstáculo para amar a Dios.
  
   Si Agustín dice: “ama y haz lo que quieras”, quien fuera la amante abandonada, quien fuera la madre de su hijo, arguye que ella y su hijo no pueden ser tasados como limitante al amor que se le debe a Dios. Lo que nos lleva a recordar la juanina aserción: “el que no ama al prójimo a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan, 4, 20). De modo que el amor humano y el amor a Dios, dejan de serlo si no corren juntos.
  
   En estos días en que este ominoso Covid 19 puede colocarnos en riesgo de muerte, vale la pena leer, de San Agustín, sus Confesiones, centradas más en el amor a la vida después de la muerte; pero a la vez acudir a esa deliciosa novelita de Gaarder y su carpe diem!... libres del temor de que nos alejen de Dios los amores presentes.