Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    05 de Diciembre de 2020
15 de Noviembre de 2020
“MI VOTO ES RELIGIOSO”

  
   No cabe duda, Platonos Politeia = La República, es el tratado más amplio, hermoso y profundo que se ha escrito acerca de la educación y, por consiguiente, sobre la política. ¿Por qué? Porque en su fondo temático subyace, cual cimiento macizo e indispensable, la reforma moral y el justo funcionamiento de la sociedad humana.
  
   Lejos de los vicios demagógicos, lejos de la corrupción y perversidad, Platón, uno de los tres genios del pensamiento antiguo de la cultura occidental, a la par que Sócrates y Aristóteles, propina un mentís a los artífices del poder en Atenas, que si bien la colmaron de obras de infraestructura y monumentos, terminaron por desatender el buen gobierno y la justicia.
  
   Antípoda de los posicionamientos populistas de un Trump o de un Bolsonaro, antípoda de los fundamentalismos religiosos de éstos, a los que bien pudiera ser sumado López Obrador, Platón, dejando de lado cualquier sesgo de palabrería, plantea como indisolubles la Paideia y la Politeia: la educación y la política.
  
   Desde luego que, idealista como lo es, a diferencia del realismo aristotélico, a Platón no le ocupa la viabilidad de su propuesta. En ese sentido, como apunta Gómez Robledo: nada quizá más remoto para la concepción y praxis de un Estado moderno que ha de desenvolverse en medio de un creciente y progresivo pluralismo ideológico (Platón, La República, versión Gómez Robledo, UNAM, México, 2016, pp. XIII & XIV).
  
   En ese sentido, la concepción platónica de la res publica y, por ende, de la manera de gobernar una república, da pie, como lo puede comprobar la lectura atenta de su Libro V, a una persistente disociación entre el discurso y la praxis. Nada extraño para la historia del mundo. Nada ajeno para el proceder de nuestros gobernantes.
  
   Disociación que podemos ver manifiesta, por ejemplo, en el trumpismo. Este sujeto, presidente aún del país más fuerte del mundo, disocia, como lo podemos comprobar entre la realidad: hacerse más rico él, favoreciendo a los potentados, sin dejar de repetir una y otra vez que se trata de volver a hacer más grande y rico a los Estados Unidos.
  
   Trump, al igual que otros gobernantes populistas, no concibe la política a la manera de Platón, como educación, sino como manipulación de sus gobernados. Para esto se vale no de una concientización donde la res publica constituya el eje rector, sino de todo tipo de fundamentalismos. Razón por la cual ha acudido a denominaciones evangélicas y sus fobias de carácter moralista. De modo que gran parte de sus 70 millones de votos no procede de republicanas ideologías, sino de un recalcitrante conservadurismo. Tal y como lo deja ver la declaración de una de sus seguidoras. Precisamente la que encabeza este artículo.