Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    02 de Diciembre de 2020
22 de Noviembre de 2020
LOS SALUBRISTAS DE NEZAHUALCÓYOTL V

  
   (Tiempos aquellos del 1973)
  
   Entre las muchas visitas recibidas en Ciudad Neza, una muy importante fue la del propio jefe de los Servicios Coordinados de Salubridad y Asistencia regiomontanos, el Dr. Cavazos, de quien recibí la invitación de visitar Nuevo León (gastos pagados para dos personas).
  
   Con la autorización del Dr. Gustavo Baz fuimos a Monterrey, lo que constituyó un verdadero descanso y la oportunidad de platicar de puntos muy importantes de la salud pública; entre otros, los factores que inciden en la precaria situación de los pueblos; comentamos lo ocurrido en relación con la pobreza de la zona austral del estado; hable de mi propia experiencia sobe la precaria situación de pueblos como Malinaltepec, Copanatoyac de las Flores, Atlamajalcinco del Río, Atlamajalcingo del Monte, Zapotitlán Tablas y otros, ubicados en la “Montaña de Guerrero”; otros más igualmente pobres en el Valle del Mezquital, cuyos habitantes todos vivían (¿o viven?) en grado máximo de pobreza; de tal manera que, al estar en el “sur del norte” neoleonés, no me impactó el ver cómo ese paupérrimo conglomerado de cien habitantes recibían una pipa de cien mil litros de agua cada quince días, como ayuda del ejército federal, que no del gobierno; y cero atenciones en materia de salud.
  
   Después hablé sobre las ventajas que tienen los sistemas regionalizados de servicios de salud precisamente para resolver la problemática evidenciada. Al terminar la plática, me hizo generosa propuesta:
  
   - Quédese a trabajar con nosotros. Le ofrezco empleo para dos personas, treinta mil mensuales para cada uno, casa habitación, coche con chofer y clases en la universidad.
  
   Su oferta me impactó en grado sumo, pero contesté sin titubeos:
  
   - Gracias doctor, le agradezco su oferta, pero antes debo comentar con Gustavo Baz y saber cuáles planes tiene para nosotros.
   - Como quiera. No lo piense mucho. Acciones así no se suceden con mucha frecuencia.
  
   No hablamos más. Regresé a Ciudad Neza muy complacido del viaje. Mucho más de mi negativa a quedarme en Monterrey trabajando en los servicios de salud, lo que tomé como acción de lealtad a las autoridades del Hospital Regional. Dos años más tarde me habría de arrepentir.
  
   Fue precisamente en 1975-76, cuando los médicos que hacían el servicio en los consultorios de los centros de salud, compenetrados todos ellos en la esencia del sistema regionalizado de salud pública, entraron en “paros repetidos” exigiendo aumento en sus prestaciones económicas. Esos mismos médicos, recuérdese, egresados de múltiples universidades, habían sido seleccionados por mí para su ingreso al “sistema”, por lo que me prodigaban gran respeto y estimación. Era lógico, yo aparecía siempre como la autoridad de su ciclo de aprendizaje y graduación en salud.
  
   Se sucedieron varios meses de negativas a volver a la normalidad y yo presentí la terminación de aquel intento de organización del sistema y sobre manera, su formación, como recursos humanos altamente valiosos. Fue así que se me ocurrió una idea riesgosa, pero de la cual surgiría el “retorno de los rebeldes”.
  
   Para poner en ejecución aquel “tétrico” plan, comenté con Gustavo Baz y Carlos Rodríguez; al estar de acuerdo, lo pusieron en ejecución.
  
   Recibí, como parte de lo acordado, un documento oficial firmado por Carlos como autoridad, en el que se me despedía por haber permitido el levantamiento y protesta de los médicos graduados. Al estar colectando mis pertenencias, no faltaron jóvenes que se me acercaron a preguntarme:
  
   - ¿Qué ocurre querido maestro?
   - Que me voy porque me acusan de haberlos incitado a la rebeldía.
  
   No hubo más, los médicos hablaron con “ambos jefes” y regresaron a sus responsabilidades.
  
   Ciertamente mis ideas dieron resultado, pero al que ya no regresaron a sus responsabilidades fue a un servidor, al que hicieron responsable de “ocultar información”, como rezaba el documento recibido y otros puntos de los que nunca habíamos hablado.
  
   Poco tiempo después, Gustavo Baz fue designado, como ya era de esperarse, jefe de los Servicios Coordinados de Salubridad y Asistencia del Estado de México.
  
   Cierta tarde, días después de su designación, me encaminé a la ciudad de Toluca. Fue tarde tormentosa, oscura y gris. Recorrí la autopista, siempre peligrosa, con múltiples precauciones. Con muchos trabajos llegué a la jefatura, asiento del Dr. Baz Díaz Lombardo. Después de larga espera me recibió muy amable y complaciente. La noche ya había esparcido sus sombras sobre la ciudad capital. El doctor, estaba sentado tras su escritorio en un lujoso mueble de piel, en el cual se arremolinaba cómoda y rítmicamente.
  
  
   - Tome asiento doctor, ¿en qué le puedo servir?
   - Gracias por recibirme, doctor, he venido a verlo, y espero que sea la última vez-, porque tengo algo muy importante que decirle. De antemano, le pido disculpas si llego a ser muy franco.
   - Nada de eso, adelante, le escucho.
  
   Pero de eso escribiré en la próxima y última entrega:
  
Sigue…
  
   “NEZAHUALCÓYOTL”
   Sangre de muchos lugares alimentaron su cuna
   Nació donde le cantara el rey Coyote a la luna
   Allá donde el tiempo incierto parecía que no pasaba
   Porque la lluvia y el viento entre lodos lo ocultaban
  
   Aquello que fuera un lago va transformando su cara
   Se mira por todas partes la fe que todo lo cambia
   Realidad en los esfuerzos que de los hombres emanan
   Aquí aparece una calle, allá nace una montaña
  
   Lleva de Nezahualcóyotl, inmenso rey texcocano
   La grandeza de su nombre y la fuerza de sus manos
   Un corazón bien nacido, una canción en los labios
   Poesía para el amigo y una flor para el extraño
  
   Muchos problemas florecen, crecen como yerba mala:
   De trabajo, de vivienda, de pobreza, de ignorancia. Pero confían que muy pronto, juntos van a terminarlos La voluntad sobre el hombro y los libros en las manos
  
   Es un pueblo preocupado que su destino construye Desprecia guerra y tiranos que toda cosa destruyen Su guerra es la lucha diaria que lleva pan a sus hijos Su tirano la esperanza para alumbrar los caminos