Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    21 de Abril de 2019
14 de Abril de 2019
ALBERTO CORTEZ Y ZAMORA 15
Hace muchos años el doctor Paco Cano se dedicó a traer a Zamora una caravana de artistas de buen nombre nacional e internacional, al Club Campestre. Trajo entonces a Alberto Cortez. No había escenario, pero se improvisaba. Fue una cena de gala con concierto incluido. Se llenó a tope de público-comensales.
  
   Alberto Cortez fue espléndido en su concierto. Todos conocíamos sus canciones que, no sabíamos entonces, estaban haciendo época. Entre canción y canción y diálogos con su público, Alberto nos compartió que esa tarde había acudido a visitar y conocer a la Gran Familia de Mamá Rosa.
  
   No recuerdo si él lo comentó o luego surgió como chisme, que no fue de muy buena gana y sólo accedió a la visita porque “lo había jalado” el doctor Cano. El caso es que accedió al compromiso con la condición de que no cantaría ni una sola canción. Pero al escuchar los talentos musicales de los niños de Rosa, él mismo pidió una de las guitarras que había por allí y comenzó a ofrecer un recital improvisado. Lo que sí comentó en el recital de la noche, en el Campestre, es que Rosa se ofreció como traductora de cuanto él les comentaba a los niños como presentaciones previas a sus canciones.
  
   El ambiente resultó cordialmente local a partir de ese momento. Alberto refirió cómo Rosa tradujo su filosofía cantada en su propio idioma de pletórico de cabrones, chingados y pendejos. Finalmente brindó un aplaudido reconocimiento a Rosa y su gran familia.
  
   A petición de los periodistas locales, y por intercesión del doctor Paco, Alberto Cortez accedió, no de muy buena gana, a contestar algunas preguntas para los reportes del acontecimiento en la prensa local. Carlos Wagner me invitó a que hiciéramos la entrevista “a la limón”. Nos formamos en la fila de comunicadores que tendríamos acceso al bar del Club Campestre y nos tocó al final de la fila.
  
   Antes de entrar a la entrevista, el doctor Cano nos advirtió que tendríamos que hacer sólo una o dos preguntas, porque Alberto Cortez estaba cansado del concierto y de las entrevistas que ya había atendido. Y nos recibió, efectivamente, no de muy buena gana. Con el ánimo resignado de “otra más…”
  
   Carlos hizo el saludo de cortesía de rigor, nos presentó de parte del Semanario Guía y me dio la palabra para hacerle la primera pregunta al cantautor argentino.
  
   Señor Cortez, le dije, muchas de sus canciones están habitadas por duendes; aparecen como personajes que son importantes para usted… Algo brilló en los ojos de Alberto Cortez. Reanimó su postura en su silla a la mesa del bar y comenzó a hablar de duendes.
  
   Seguimos tratando de otros temas. Para no inventar habría que rescatar el reporte de aquella conversación, más que entrevista, publicado en las páginas impresas de Guía.
  
   Lo cierto es que el encuentro, que en principio duraría unos cuantos minutos, comenzó a prolongarse con el entusiasmo que el artista aumentó. Llegó el momento en que le dijo al doctor Cano: ¡Paco, esta conversación ya pide un buen tinto! Y el doctor nos acercó una botella con tres copas para seguir la conversación.
  
   Durante varios años, Carlos y yo recibimos felicitaciones navideñas de la oficina de prensa de Alberto Cortez.
  
   Mucho tiempo después, quisimos traerlo al Teatro Obrero con Jorge Hernández Álvarez. Todo estuvo preparado para su presentación, pero a última hora el concierto se canceló por un accidente doméstico que dejó a Alberto Cortez con una dolencia incurable en su espina dorsal. Desde entonces canta sentado durante sus recitales.
  
   Como se ha dicho, su música y poesía, hablada y cantada, es ya un patrimonio al menos tres generaciones en España y América Latina.
  
   Mientras tanto disfrutemos de lo bueno que nos ofrece nuestro Estado y Región Zamora en mi página de Facebook: Del Mero Michoacán.