Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    21 de Abril de 2019
10 de Febrero de 2019
DOS LECCIONES DE VIDA II 32

  
   “Mira mijo: yo pa mí que por más que miasegurin, no creo en la fidelidá y honradez de las viejas; pela mucho el ojo; pela bien los tomates y vrigila bien mucho a tu vieja; pa mí, nomás eixiztin dos grupos de mujeris: las que vivin y empriestan el “asegún” con Juan y Pedro, cuandu menus timaginas, y las questán muertas y se lo dan a los gusanus. Mesmamenti, yo desconfío hasta de mi jefecita que dicin della quhizoesto y quhizoaquello”.
  
   Y así, el viejo inició su relato…
  
   “Me allegué al mesón, y conmigo, una pareja de casaus cuarentonis que traiban como agregau a un su compadre del marido. Los tres entraron al mesón y agarraron un petate para pasar la noche, al ladito del mío; la mujer se acomodó en el medio de los dos, de tal modo que lo mesmo platicaba con uno que con el otro. Casi en el centro del petate, un rayo de la luz de la luna daba en el mero centro de los tres, de tal modo que yo pudía mirar todo lo que pasaba sin perder detalle del cuadro completo. Por demás, que ni dormía por el constante güiri, güiri de los tres.
  
   “Al fin el cansancio los venció y todo se quedó en silencio, y el sueño pareció que me caía en la misma coronilla y me vencía, si no fuera porque…
  
   “Cuando ya el silencio del mesón casi me tapaba mis ojos, escuché unos gemidos muy pero muy suavecitos y luego de mirar de nuevo al petati de los tres me quedé frío de aquello. Mero la vieja abrazaba bien juerti y a dos manos a su viejo en el pescuezo pa no dejarlo voltiarse, y ofrecía la parte más abultada y redonda de suespalda al servicio del compadre”.

  
   Asina mhijo, que ten cuidao. Todas las mujeris son lo mesmo. Si locasión se les presenta y las tienta, cain; y si no se les presenta, antoncis la buscan y también cain. ¡Mesmamente, no te descuidis!
  
   La segunda experiencia - ¿enseñanza e vida? - le llegó al joven prometido en boca de su padrino Alcocer, cincuenta años de edad, hombre probo, bien corrido y apreciado, quien con voz lenta y pausada hizo su comentario. He de aclarar que, a esas horas, el joven mancebo ya daba muestras de cansancio y de no poder contener su sueño. No obstante, el padrino es el padrino, y tuvo que apechugar su intervención.
  
   Mira ahijado: La ley de la vida es invariable en cuanto al comportamiento que deben tener los miembros de una pareja que deciden unir sus destinos al formar una familia. Ello, es invariable, particularmente ahora donde nuestras sociedades imprimen cambios importados de lugares muy distintos a los nuestros. Ora que te cases, procura convencer a tu mujercita. Enséñale que hay una sola voz, que es la que se debe dejar oír. Esta voz es producto de dos seres, ella y tú, que dirige y ordena, una y otra vez, y busca siempre el mejor sendero para transitar por esta tierra. Esta voz es la que debe dirigir y no se debe permitir que algo la rebase. Claro que la dominancia debe nacer del razonamiento, nunca de los golpes; platicas, acuerdos para tomar decisiones en todos sentidos. Esta voz, esta orden es ambivalente y debe nacer de ustedes dos. Los padres o amigos solamente deben emitir puntos de vista para ser considerados, pero nunca serán elemento capital para ordenar. Ciertamente, deben respetar a quienes, con intención sana, opinen para ayudar a resolver algunos de los muchos problemas que surgirán a su paso, pero no como reglas de acción que impriman reglas a seguir en sus vidas. Respeto a todos, pero ingerencia en ustedes, mujer y hombre como pareja, solamente ustedes dos.
  
   Considera claramente que la vida te proporciona una compañera, más nunca una esclava. Compréndela bien y cuando piensen en los hijos acuérdate que ella es la que los engendra y tú quien hace la siembra; como quien dice, van a partes iguales pero el solo hecho de llevarla en sus entrañas amerita un trato y comprensión especiales, porque justamente es cuando más va a necesitar de tu presencia y compañía. Estos nueve meses de la gestación suelen ser problemáticos y generan reconcomias que se acumulan y que tarde o temprano, ahogan al matrimonio. Por otra parte, si la dominas a la fuerza, con golpes, con insultos, ella tarde o temprano buscará satisfacer sus propios deseos, sueños y desquitar el rencor acumulado, con algún otro compañero que haga el papel que hoy en día debemos exigir entre dos seres que unen sus vidas.
  
   Cuando el padrino acabó con su lección de vida, ya era de madrugada. Muchos de los que formaban el corrillo de escuchas, dormían plácidamente, incluido el ahijado. Me quedé pensativo, y acordándome del tío Ufrasio, agarré camino y regresé al hotel; a diferencia de aquel, rudimentario, de los años idos, éste de la actualidad, resultó agradablemente confortable.