Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    02 de Marzo de 2021
21 de Febrero de 2021
AUNQUE SE VAYA LA LUZ
AMLO, ni modo de que alguien más, desde su tercer campaña política por la presidencia no tuvo reparos en prometer sin medida: sacar al ejército de las calles, volver al país autosuficiente en gas y petróleo, aumentar el gasto social utilizando los múltiples ahorros por erradicar la corrupción, desvanecer -sin utilizar la fuerza del Estado- la violencia causada por el narcotráfico, reconocer los procesos autonómicos de los pueblos originarios, fundar 500 universidades, vender el avión presidencial, etc.
  
   De llegar a ganar, como así fue, prometía: “no hará falta aumentar impuestos ni seguir incrementando la deuda pública… y mejorarán las condiciones de vida y de trabajo… habrá un nivel de bienestar y un estado de ánimo completamente distinto del actual. Tendremos una sociedad mejor… en el plano material” (López, A., 2018 La salida, Decadencia y renacimiento de México, Planeta, México, 2017).
  
   Sabedor que el hablar no empobrece, en el capítulo X de ese libro, asegura: “habrá en la sociedad mexicana en su conjunto un nivel de bienestar y un estado de ánimo completamente distinto al actual (efectivamente, como nos está llevando la… no se equivocó)… menos desempleo y pobreza… luego de crecer a una tasa promedio anual de 4 por ciento durante el sexenio… se romperá la cadena del estancamiento y la economía habrá crecido , en promedio, más de dos veces con respecto a la población…: creceremos al 6 por ciento… el campo crecerá como nunca; a la mitad del sexenio alcanzaríamos la autosuficiencia en maíz y frijol… otro tanto ocurrirá con la carne de res, cerdo, aves y huevos… tendremos reforestado todo el territorio nacional… la emigración pasará a formar parte de la historia… ningún mexicano padecerá hambre… la delincuencia organizada estará acotada y en retirada (por ahí les hablan, Tamaulipas, Guanajuato, Jalisco, D. F., Guerrero y Michoacán)… los índices delictivos serán 50 por ciento más bajos… México ya no será país de violencia, de los desaparecidos y de la violación de los derechos humanos… no existirá… la corrupción política (le escuchas, ¿Bartlett?; le escuchas, ¿Macedonio?)… será realidad la separación de poderes (le oyen, ¿senadores?; le oyen, ¿diputados?) …la compra del voto y el fraude electoral serán sólo desagradables recuerdos… tendremos una sociedad mejor… por haber consumado una revolución de conciencias que ayudará a impedir… el predominio del dinero…” (Cfr., op. cit.)
  
   Desde luego que, aunque haya más violencia, aunque se vaya la luz, AMLO no teme que le reclamen el incumplimiento de esas promesas. En el índice de ese libro las remite a la página 275, sólo que ahí no está. Como nada de lo que promete está por hacerse realidad, empezando porque ahora nos acosan nuevas pandemias: los cortes de luz, la galopante y creciente inseguridad, la falta de fuentes de trabajo, el rechazo a las energías limpias y un presidente auto proclamado democrático, pero que no duda en apoltronarse sobre la cima de la pirámide social.