Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    17 de Febrero de 2019
10 de Febrero de 2019
¿PARTICIPACIÓN CIUDADANA, PARA QUÉ? 13

  
   La participación ciudadana (PC) es un tema recurrente sobre todo durante los periodos electorales. Es, por razones obvias, un recurso que ponen en juego candidatos y partidos como elemento de sus estrategias para ganar simpatías y votos. Aunque, una vez pasadas las elecciones, el tema es arrinconado en el olvido. O como decía un alto funcionario del gobierno estatal, palabras más palabras menos: “La participación ciudadana es importante, pero cuando anda uno de activista es distinto a cuando ya está uno al frente de las responsabilidades públicas. Ya como funcionario es muy difícil, tienes que cumplir compromisos, tomar decisiones y no te puedes esperar ni arriesgar a ver qué dicen los ciudadanos”.
  
   De este modo, la PC está en los discursos, en los medios, en las promesas, durante ciertos momentos de la vida social y política, luego desaparece; pero volverá a emerger cuando se le requiera nuevamente. Y así, una y otra vez.
  
   ¿Qué es la participación ciudadana?
  
   Por principios de cuentas la PC se ocupa de asuntos de interés colectivo, público, y es necesariamente acción de varios. Puede serlo de muchos o de pocos, pero a fin de cuentas es acción colectiva y, por tanto, portadora de intereses de este tipo. Podemos hacer distinciones atendiendo al grado de participación:
  
   Por ejemplo emitir el voto en las elecciones de los gobernantes, quizá sea la forma más elemental de participación ciudadana, y una de las de mayor trascendencia social. Si, es posible que en términos de inversión de esfuerzo sea la más barata para el ciudadano, porque sólo tiene que ir a votar, pero los efectos derivados de este sencillo acto afectan toda la vida colectiva, durante un periodo de tiempo más o menos largo, dependiendo si se eligió al presidente de la República, a un senador, un diputado o un presidente municipal.
  
   Tomar decisiones y aplicarlas
  
   También podemos analizar la participación ciudadana como un modelo en la toma de decisiones públicas: bajo esta perspectiva la consulta ciudadana corresponde a la forma más simple. Es el caso de los candidatos, o mejor aún, de los gobernantes recién electos que convocan al público a dar sus opiniones para integrar un plan de gobierno. Desde luego no hay nada que los obligue a cumplir, de ahí que las consultas suelen atraer más a los seguidores y simpatizantes.
  
   Un tercer grado de participación ocurre a niveles muy locales, cuando la gente decide qué quiere para su comunidad, ejido, colonia o calle. Aquí tenemos una forma muy puntual y territorial de impulsar la PC. Tuvimos la oportunidad de seguir muy de cerca procesos de este tipo en Michoacán y Jalisco y de observar que, una vez superada la natural desconfianza del ciudadano, funciona muy bien. Se propicia la discusión colectiva en la toma de decisiones sobre asuntos de interés muy cercano a la gente (servicios públicos, salud, educación, trabajo, etc.). Desde luego la condición para que estos modelos funcionen es que se respeten las decisiones de la gente.
  
   En la misma línea de intereses territoriales cercanos a la gente, está el modelo que se basa en el otorgamiento, ya no solamente del poder de decisión, sino en el otorgamiento de recursos para que las decisiones sean llevadas a cabo. En estos casos la PC es colocada ante el gran reto de decidir y llevar a cabo proyectos públicos, con recursos públicos, que expresamente le son otorgados para que los administre.
  
   Es esta una de las formas, creo yo, más avanzadas de participación ciudadana, pero también una de las más riesgosas. Requiere de mucha honestidad, de mucho apoyo técnico y de mucha capacitación a fin de que se asegure el éxito de los proyectos.
  
   Todo lo anterior significa que la participación “es siempre, a un tiempo, una acto social, colectivo y el producto de una decisión personal” (Merino, 1997) porque implica un fuerte grado de compromiso ético de los individuos hacia la sociedad y expresa su voluntad de influir en ella. Es, sin duda, un mecanismo de construcción de la voluntad política que no puede quedar al margen de los procesos más amplios de la vida democrática de la sociedad. En ese sentido, la participación ciudadana en el ámbito de la administración pública, se constituye en un mecanismo que corrige las fallas de los representantes políticos. Tradicionalmente la ciudadanía no confía en sus representantes, ni éstos le son fieles a sus electores. De ahí que “...participamos, en una palabra, para corregir los defectos de la representación política que supone la democracia, pero también para influir en las decisiones de quienes nos representan y para asegurar que esas decisiones realmente obedezcan a las demandas, las carencias y las expectativas de los distintos grupos” de la sociedad.
  
   Contribuciones de la participación ciudadana
  
   La participación ciudadana, frente al ejercicio del poder político, contribuye al fortalecimiento de la democracia, de la sociedad civil y a controlar, limitar y delimitar el poder del Estado; también estimula el compromiso de la comunidad en la solución de las demandas sociales, desarrolla una cultura democrática de tolerancia, crea nuevos canales para articular los intereses de los grupos de presión, puede incrementar la eficiencia de la política económica y el impacto social de los proyectos de desarrollo, promueve la equidad y la solidaridad para superar la exclusión.
  
   De esta manera, el para qué de la participación ciudadana no se reduce a la elección de funcionarios públicos, ni a ser consultados para integrar planes de gobierno, como es el caso muy frecuente de los candidatos o de los gobernantes recién estrenados; tampoco se reduce a la solución de problemas colectivos. En realidad la participación ciudadana es un proceso social y cultural complejo que pone en juego valores, normas y visiones acerca de la sociedad en su conjunto, y de su gobierno en particular.
  
   Es un proceso para la realización de la vida colectiva, cuya fórmula básica estriba en que la relación gobierno-sociedad incorpora las decisiones de la gente y las lleva a cabo, independientemente de cuáles sean los medios para que los ciudadanos se las hagan saber. Implica también la apertura del gobierno para que sus actos sean vigilados y observados por los ciudadanos.
  
   Una participación de este tipo es un gran medio de educación cívica y una gran oportunidad de crecimiento social.
  
   Desafortunadamente muy pocos gobernantes entienden y valoran estas funciones estratégicas de la participación ciudadana.
  
   Muchas de las experiencias de PC fallidas ocurren porque los políticos se ven forzados a integrarla como exigencia de programas federales, que tienen recursos de por medio. Pero la consideran más bien un estorbo que una aportación social importante.
  
   El alto funcionario del gobierno estatal anterior, que mencioné en al principio de este artículo, es un excelente ejemplo de lo que estamos afirmando. Durante muchos años fue militante convencido de las bondades de la participación ciudadana. Pero una vez que estaba en la cúpula del poder del Estado, cambio radicalmente su punto de vista: sus palabras fueron “Ya como funcionario es muy difícil, tienes que cumplir compromisos, tomar decisiones y no te puedes esperar ni arriesgar a ver qué dicen los ciudadanos”.
  
   Si eso hace un ex militante de las causas ciudadanas metido a funcionario, qué no harán aquellos funcionarios para los cuales la única deuda que reconocen es con el partido que los llevó al poder y para quienes la ciudadanía no existe.
  
   Afortunadamente hay muchas otras formas de participación ciudadana que no requieren de la voluntad de los políticos. Esas formas representan una gran riqueza de la sociedad civil y hacen posible la convivencia social productiva y en paz, en periodos tan complicados como los que estamos viviendo. Ya tendremos oportunidad de analizar estas importantes experiencias socioculturales.
  
   (Departamento de Investigación, Universidad Don Vasco, Uruapan, Mich.)