Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    20 de Junio de 2019
09 de Junio de 2019
LO QUE TRAEMOS EN LA CABEZA

  
  
   Esta semana muchos de los titulares en los diarios nacionales nos informaron que en la Ciudad de México “los niños podrán ir con falda a la escuela y las niñas con pantalón”. Gran revuelo causó la declaración hecha por la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum y las reacciones no se hicieron esperar.
  
   Los comentarios en varios círculos de los llamados “líderes de opinión” y las redes sociales reprodujeron en especial esa sola frase, la cual sacada de contexto deja la posibilidad a muchas interpretaciones. La cascada de ofendidos no para hasta el día de hoy.
  
   Las reacciones van desde que con esa medida los niños se “harán” homosexuales, hasta que esto muestra lo podrida que está la 4ta. transformación en la que se basa la administración actual, pasando por afirmar que todos los logros y valores de nuestra sociedad están tirándose a la basura.
  
   Y una medida que estaba dirigida y contextualizada de origen, y con el foco principal del problema, hacia las niñas, fue retomado y priorizado a partir del comentario complementario que, de los niños, hizo la doctora Sheinbaum.
  
   La autorización anunciada lo que hace es eliminar la norma completamente anacrónica y sexista de que las niñas sólo podían usar falda en la escuela y jamás pantalón. Cuando desde hace 50 años la mujer en la calle, en la casa, en la oficina, usaba pantalón como algo cotidiano y normal.
  
   Algunos medios, especialmente furibundos y contrarios al actual gobierno, focalizaron sus críticas en banalidades, pero no los temas de equidad y de igualdad entre niños y niñas. No en las causas de una medida como la que se adoptó, no en los beneficios que puede traer, no en los argumentos que se esgrimieron para ponerla en práctica.
  
   Y esto tiene que ver en cómo se maneja la información, cómo la asumimos, qué tanto nos informamos, qué y cómo entendemos los que nos llega.
   Las interpretaciones que hacemos hacia toda la información y estímulos que recibimos es parte de nuestra vida cotidiana. Lo aceptamos, rechazamos o nos es indiferente de acuerdo a las estructuras culturales y de valores que nos han sido inculcados en las diferentes instituciones sociales en las nos desenvolvemos: familia, escuela, trabajo, grupos de amigos, etc.
  
   Sin embargo, no podemos decir lo mismo de los medios de comunicación masiva. La información que emiten vía imágenes, texto, audio, no es tan espontanea. Ésta ha sido pasada, ya para cuando la emiten, por un proceso de interpretación que conlleva una carga, sí de visiones del mundo, pero también de intereses personales, empresariales o de agentes externos que pagan por que cierta información salga a la luz pública con cierto enfoque.
  
   Una cabeza o titular como “un paso hacia la equidad de género” “buscan mejorar condiciones para las niñas”, o simplemente “en la escuela las niñas deciden qué usar”, quizás no sea tan llamativo ni venda tanto como lo que decidieron destacar.
  
   Y no es de extrañar en el contexto de un país en donde el machismo, la discriminación y la violencia hacia la mujer, es un hecho diario. En un país en el que se lee poco y que con los titulares de los medios o lo que nos mandan a la red social (ligas, memes, chistes, fake news) hacemos conjeturas sin más.
  
   En un país cuya cultura está llena de símbolos que hacen una distinción clara entre lo que es aceptable para el mundo de lo masculino y lo femenino (y donde lo relacionado a la mujer, generalmente la lleva de perder), no es de extrañar que una medida como la anunciada, no se ponga por parte de algunos medios, atención en esa vieja norma sexista que se elimina con las nuevas regulaciones.
  
   Y eso es precisamente la invisibilidad de la problemática femenina, que se repite en éste y en otros muchísimos temas que atañen a la mujer.