Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    20 de Junio de 2019
09 de Junio de 2019
MICHOACÁN Y SUS PRODUCTOS

  
   Cuando pienso o escribo sobre mi tierra natal y sus riquezas --lo mismo integradas en su flora o en su fauna, a flor de piso o en las profundidades, los minerales o las abundantes aguas naturales o termales--, el cogoti se me atasca, el bofe y el buche se me arrugan y la pajarilla se me tuerce. Todo porque siendo un estado tan rico, hablando particularmente de bosques y productos frutícolas, la situación no está como para festejar alegremente con sones o valonas de la fogosa y fraterna región de la pintoresca Tierra caliente; ni mucho menos, atascarse el galillo con un rico y sabroso menudo o aporreadillo que, entre los platillos no michoacanos, pocos hay que superen la sabrosura de éstos. Todo viene al caso, porque ya se ve que muchos lugares siempre bellos de mi patria chica han sido penetrados por la mafia criminal a la que, simplemente, la mayoría de los mexicanos llamamos malosos.
  
   Un recordatorio rápido al historial cartelista de la región tarasca nos hace mencionar a un titipuchal de carteles o grupos que se dieron vuelo en ese territorio. Entre los más conspicuos no pueden olvidarse a Los Justicieros, La Familia Michoacana (Nazario Moreno alias “el Chayo”), La Gente del Cerro, Los Blancos de Troya, Los Caballeros Templarios (Servando Gómez Martínez “la Tuta”), La Nueva Familia Michoacana y muchos más que, entre otras cosas, además de despedazarse entre ellos, asolaban las zonas del Tepalcatepec y del Gran Río de Las Balsas ofreciendo todo un variado menú de servicios a güevorio: protección, cobros por derecho de piso, reclutamiento de mujeres para la prostitución, ejecución de venganzas a puro tiro de bala, secuestros de personas de cualquier estrato social para reclamo de recompensa y más. Tan extenso es el menú ofrecido que no hay espacio que aguante su mención y descripción.
  
   Ahora ocurre que este nutrido conjunto cartelista michoacano ve aumentadas sus fechorías en los últimos tiempos, por otros cuya raíz y principal campo de acción pertenecen, por nacimiento, a otras entidades federativas; tales son Los Viagras, Los Zetas y el Cártel Jalisco Nueva Generación.
  
   Todo mundo asegura y yo estoy de acuerdo, que esta invasión de territorios por estos carteles cuyos efectos fueron y son altamente nocivos fue provocada por las acciones negativas y perjudiciales, orquestadas por Alfredo Castillo Cervantes, operador del anterior Presidente de México Enrique Peña Nieto en Michoacán. Para tal efecto, recuérdese que Peña Nieto le creó por decreto de su incumbencia una comisión totipotencial de rimbombante nombre, “Comisión para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán”, que sirvió para dos cosas, para nada y para pura chingada; porque en cuestiones de seguridad fue nula y jamás realizó una acción que redundara en el desarrollo integral de nuestra entidad. Eso sí, causó estragos en la organización que los propios municipios, asolados por esas mafias, habían establecido como defensas -Grupos de Autodefensas Comunitarias-, asesorados por un hombre muy valioso, el médico José Manuel Mireles Valverde, quien por muy poco fallece en las mazmorras de un centro de reclusión nayarita.
  
   También debe acreditarse al superhéroe Castillo el terrible “ajiaco” administrativo ocasionado en las altas esferas del gobierno michoacano donde manejó a su antojo las voluntades de quienes participaron en esos niveles (Vallejo Figueroa, Salvador Jara, Jesús Reyna y varios otros de menor jerarquía) quienes, de alguna manera, por acción, omisión o importamadrismo tuvieron que ver con lo que ahora acontece.
  
   Y escribo lo anterior porque ahora tocó a Zamora, “capital mundial de los chongos”, la visita fugaz e inesperada de todo un agrupamiento, un verdadero convoy del cartel mexicano más aguerrido de los últimos meses, el denominado Cartel Jalisco Nueva Generación, llegó al mero centro, a la Presidencia municipal y, en un abrir y cerrar de ojos –más bien en una lluvia de balas-, escupió un verdadero aluvión de proyectiles emitidos por armas de alto poder y calibre, causando una verdadera masacre de más de 25 individuos entre gente común y corriente y policías de las tan variadas estirpes paridas por las brillantes mentes de los geniales estrategas nacionales, de la materia. Y qué decir de lo que cotidianamente ocurre, un día sí y otro también, en la capital mundial de los ates: la cada vez más despiadadamente golpeada capital moreliana.
  
   Termino: ¡Dios nos agarre confesados!