Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    17 de Septiembre de 2019
08 de Septiembre de 2019
REFLEXIÓN PATRIA
Jesús Álvarez Del Toro Litografía del zamorano José Sixto Berduzco

   Cuando el 21 de agosto de 1811 se juró la Suprema Junta Nacional de Zitácuaro, quedando al frente don Ignacio López Rayón, don José Sixto Berduzco y don José María Liceaga, “quienes aceptando el cargo juraron…exponer hasta la última gota de sangre por la libertad y propiedades de la patria”; nos viene la idea de recapacitar sobre tal acontecimiento en estos días de festividades patrias:
  
   Valga la reflexión: Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama, José Sixto Berduzco y López Rayón, son algunos de los ilustres hombres que a inicios del siglo XIX, cansados de la exclusión a que estaban sujetos, imaginaron una transición que condujera al conglomerado pluricultural que era la Nueva España a una nación independiente, pero jamás imaginaron que la minoría que se asumió como sector dominante desde aquel entonces, carecería de creatividad, y que se ha replegado a un egoísmo suicida y a la codicia; lo que ha conducido a una corrupción en gran escala.
  
   Algunos aniversarios son ocasión para celebrar, otros abren un tiempo para la reflexión; pues deliberemos a más de doscientos años en nuestros millones de pobres, en nuestros millones de jóvenes desempleados y atrapados por la educación desfasada, ajena a la ciencia, a las matemáticas, a la física y ahora, en la marcha de los cangrejos, al civismo y a la historia en la fase prehispánica, sin la cual no seríamos el pueblo mestizo, los mexicanos de las tres sangres y un destino forjado en común.
  
   Los aniversarios incitan a reflexionar. Son actos de unidad en torno a un sentimiento, las más de las veces ligado a un hecho desgarrador cuyos efectos pasan a formar parte de una memoria histórica, de un imaginario social. Batallas, asesinatos, independencia política, son parte de una larga lista de circunstancias capaces de cohesionar a un colectivo en torno a una idea de nación, valores e identidad colectiva. Así parte el que hoy estemos cumpliendo 209 años de “independencia”, y podemos preguntarnos colectivamente:
  
   Qué hemos realizado en poco más de doscientos años para ser un país soberano e independiente. Reflexionemos que nuestra población lleva más de cinco sexenios escuchando que primero hay que producir riqueza para después derramarla desde la cúpula hacia la base de la pirámide social. Sin embargo, la aplicación de ese enunciado neoliberal ha provocado que en nuestro país coexista una de las mayores fortunas personales del mundo junto a aproximadamente 60 millones de personas en situación de pobreza alimentaria y con 25 millones de trabajadores que, según cifras del Inegi, ganan menos de tres salarios mínimos. Y paradójicamente la riqueza en el país parece haberse generado en cantidades suficientes en las últimas tres décadas como para solventar rescates bancarios, costear campañas electorales insultantemente caras y pagar salarios exorbitantes a los altos funcionarios.
  
   Y conste que no estoy consignando el pasado para eludir el futuro, por el contrario; creo, con firmeza, que nuestro país debe iniciar una búsqueda de elementos que supere la confrontación histórica de nuestros pueblos, -así, en plural, para que quede constancia de que continuamos siendo la suma de diversos pueblos originarios, más los mestizajes-, enmarcada en dos grandes espacios: el liberal-conservador y el nacional-popular. Espacio, el primero que surge de la lucha de independencia y el segundo, producto de la Revolución de 1910. Y en ambos con presencia y participación de zamoranos a los que continuamos negándoles el honor que se merecen.
  
   Alentar hoy la revolución de las conciencias y el pensamiento crítico, promover la vuelta a una ética republicana y el combate a la corrupción, debe ser lo imperativo, dada la asfixia en que vivimos exactamente por todo lo contrario. Plantear un retorno al estado de bienestar que soñaron nuestros héroes, corrigiendo desviaciones y pensar que el derecho a la felicidad como aspiración esencial del hombre es justa pero atentatoria contra los intereses monopólicos, es fuertemente criticado por aquellos que siguen pensando que el mercado y sus beneficiados son la solución a todos los problemas. Y desgraciadamente esta es la manera de abordar los asuntos nacionales y de administrar los bienes de esta patria desgarrada, por un grupo de políticos sin oficio ni sensibilidad, a quienes las circunstancias dieron la oportunidad de escalar los más altos peldaños del poder público.