Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    22 de Mayo de 2019
10 de Marzo de 2019
Hacienda San Gabriel De Barrera
DE EX HACIENDAS DE GUANAJUATO
A unos cuantos minutos antes de llegar a la bella y colonial ciudad capital del estado de Guanajuato, por la carretera que parte de la ciudad de Celaya, se encuentra ubicada una antigua hacienda cuyo casco principal es ocupado actualmente por un hotel de clase Gran Turismo Internacional.
  
   A fines del siglo XVII el capitán Gabriel de la Barrera, descendiente directo de Don Manuel Obregón y Alcocer, primer Conde de “La Valenciana“, fundó lo que sería la dinastía de su mismo apellido, y por ende las haciendas que con un apelativo similar serían dedicadas al beneficio de los metales nobles como el oro y la plata y sus colimadores como el mercurio.
  
   La sede principal de la familia se encontraba en la llamada popularmente Hacienda de Barrera Grande, con sus buenos 22,000 metros cuadrados de superficie y a la que posteriormente se le agregó el nombre de San Gabriel en honor de su ilustre fundador.
  
   Como una pequeña muestra de su grandeza se puede mencionar el hecho de que durante la 2ª Guerra Mundial, el Gobierno Federal Mexicano obtuvo mercurio por un valor de aquellos buenos 2 millones de pesos ($2’000,000.00), solamente del metal que se encontraba abandonado en sus “jales” o “lamas”.
  
   El gobierno del estado compró la propiedad el 21 de abril de 1975, pasando a formar parte del patrimonio del Fondo Nacional para Actividades Sociales y Culturales del Estado de Guanajuato.
  
   El edificio principal es una casa claustro con 2 pisos y una fachada con portales del siglo XVIII, que era la parte habitada por la familia, y que según las textuales palabras del Director del Museo de las Américas en Madrid:
  
   Actualmente frente al hotel hay un pequeño museo, administrado por el mismo gobierno del estado.
   Pero lo que realmente es digno de visitar, notoriamente aparte de la estancia en el parador, son sus patios para el amalgamamiento de la plata y los edificios de labores que hoy virtualmente forman los 8 jardines, cuya breve descripción doy a continuación:
   Primero está el Jardín de la Galera Chica, que se encuentra distribuido en 2 planos con un bello mostrador de cantera a la izquierda, un tejaban para descansar al frente y a la derecha un jardín con una fuente rematada por una gran esfera de piedra.
  
   Luego está el llamado Jardín de la Galera Grande, que se encuentra a espaldas de la estatua de San Francisco de Asís, que como motivo principal tiene unas bancas de cantera, una pequeña fuente así como una jardinera de inmaculado mármol.
  
   Un poco más allá se encuentra el Jardín de San Francisco, llamado así por la imagen del santo, que labrada en mármol de Carrara, y colocada bajo uno de los grandes arcos, que enmarcan el final de una escalinata, constituye el foco de atención de los visitantes, ya que en sus arriates cuenta con bastantes y frondosas plantas, entre las que destacan los brillantes colores de una gran profusión de flores. Además como una característica especial, está que desde su parte más alta se puede contemplar toda la finca y sus zonas aledañas, casi por completo. Todo esto en conjunto es razón por la que se le considera como uno de los más bellos vergeles de la hacienda.
  
   Luego se llega al Jardín Inglés, lugar adecuado para el reposo, formado por un pequeño bosquecillo con una calzada de piedra y setos vivos en ambos lados, y al fondo se encuentra un enorme muro, cual si fuera el telón de un gran teatro.
  
   Más allá encontramos, El Jardín Oriental, en cuyo centro hay una columna de piedra rematada por un gran jarrón de alabastro, y rodeada por prados sembrados con rosas de color amarillo y rojo, mezcladas con floreadas coles japonesas, razón por la que se le llama así, a éste bello lugar.
  
   Un poco más lejos está el Jardín Mexicano, que no es más que una extensa plantación de nuestra flora del desierto Sonorense, con cactos, magueyes y agaves que generalmente están en floración, lo que produce una particular sensación de soledad y lejanía en quien los contempla.
  
   Después está el llamado Jardín de los Naranjos, limitado en uno de sus lados por un gran muro de piedra y calicanto. Aunque en realidad éste supuesto huerto no es más que un patio rodeado por árboles del naranjo en cuyo centro hay una fuente, pero la frescura de sus cristalinas aguas, unida al olor que desprenden los cítricos en flor, hacen de éste sitio el lugar ideal para el recogimiento, la meditación y la paz.
  
  
  
   Luego tenemos el Jardín Romano, que fuera construido en los antiguos almacenes de la hacienda, por lo que semeja un enorme salón de recepciones. Está recubierto por grandes espacios de césped semejantes a verdes alfombras que cubriesen los pisos, además en las paredes cuenta con unos vitrales de mosaico veneciano, y por último tiene en su centro una gran fuente rodeada por una clásica pérgola de cantera rosa.
  
   Por último al fondo de la propiedad y a través de una calzada presidida por sendos leones de piedra, bordeada por grandes palmeras datileras, y un poco más allá del Jardín Romano, se llega a una pequeña glorieta en cuyo centro hay una gran cruz de piedra; que al rodearla se accede al área considerada como la más antigua del lugar, en la hay una vieja alberca cubierta de azulejos descoloridos por el verdín y obviamente actualmente se encuentra sin agua y con una galería de la época del “Art. Deco”. Luego existe un mirador más o menos de la misma época, desde el que se contempla perfectamente la totalidad del valle situado a los pies de ésta terraza.
  
   Un poco más allá hay una pequeña casa de construcción muy antigua con una enorme palmera al frente, en cuyo lado derecho tiene una carreta de madera también muy añeja, cuya base actualmente constituye un macetero de bellas flores.