Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    25 de Enero de 2020
12 de Enero de 2020
ZAMORA A PUNTO DE CUMPLIR 446 AÑOS
Jesús Álvarez Del Toro El cultivo de papa generó riqueza en nuestra ciudad
Durante casi todo el siglo XX, la economía de Zamora estuvo articulada alrededor de una sola actividad: la agricultura. Hasta los años treinta del siglo pasado el cultivo e industrialización de granos básicos se desarrolló en grandes concentraciones de tierra que estaban en manos privadas: las haciendas, que basaron su prosperidad en el trabajo en condiciones de servidumbre de los campesinos zamoranos y de la región.
  
   De los años cuarentas hasta los ochentas del siglo pasado, Zamora había adquirido una importancia comercial de primer orden; además de ser el centro comercial del occidente de Michoacán, se daba el lujo, por ejemplo, que ciertas ferreteras surtían a ferreteras del estado de Nayarit.
  
   En cuanto a la agricultura, los granos habían cedido su lugar a cultivos comerciales como la papa, la cebolla, el jitomate y posteriormente la fresa; cultivo éste que vino a detonar la economía local y regional con una cantidad importantísima de empleos, tanto en el sector femenino, como en el masculino, así como la atracción de mano de obra de los municipios aledaños e incluso de otros estados de la República.
  
   De 1965 que se creó la primera agroindustria, hasta nuestros días, éstas han crecido en el área conurbada de manera significativa. Aunque es de destacarse que el empleo de insumos locales o nacionales de las maquiladoras de exportación siempre fue reducido y no llegó a representar un porcentaje significativo del total, casi todos los insumos que utilizan son importados y, a pesar de los intentos de generar una proveeduría local, ese porcentaje nunca ha crecido como se debiera.
  
   El proceso de producción de las agroindustrias, como en todos lados, implica la sobreexplotación del trabajo, bajos salarios, con fuertes impactos ambientales y, en general, poco impacto en la economía local, sin impulsar cadenas productivas, promover redes de empresas o esquemas similares que suelen describirse en las teorías del desarrollo económico local. Sin embargo, el gobierno municipal y estatal siempre esgrimieron su irrebatible argumento: hacían falta empleos para la gente pobre y las agroindustrias los habían traído.
  
   Uno de los graves problemas fue que con el tiempo las agroindustrias y el mismo cultivo de la fresa empezaron a migrar hacia otros municipios de Michoacán, sobre todo hacia el oriente del estado y la zona del bajío. Pero además, la dependencia en cuanto a la comercialización de la fresa, la planta y los insumos del mercado norteamericano, se vio seriamente lesionada por los altibajos de la economía estadunidense, lo que se tradujo en el cierre de varias empresas y la pérdida de varios miles de empleos.
  
   Pero, además, los trabajos de reingeniería financiera en empresas que se habían asentado en nuestra ciudad o en el área conurbada, también influyeron en el desempleo de una manera fundamental. Tal fue el caso de la embotelladora Coca-Cola que, aunque asentada en el vecino municipio de Jacona, la mayoría de sus empleados eran zamoranos; Maseca, empresa dedicada a la elaboración de harinas de maíz y trigo, fue otro ejemplo de migración y de crecimiento del desempleo y la venta de la fábrica de cigarros La Libertad, que desde su fundación había mantenido una planta laboral extensa, contribuyó a que el desempleo creciera en términos alarmantes, no sólo en el municipio, sino en la zona conurbada.
  
   Así, pues, fuera de las contadas medianas y grandes empresas, las pequeñas y micro mantienen una situación de rezago general, con tecnología obsoleta, sin programas de capacitación y esquemas atrasados de administración y organización de la producción. Además deben subsistir en medio de una crónica escasez de crédito, encarecimiento constante de insumos y limitados mercados internos.
  
   El desplazamiento de la base agraria tradicional de la producción hacia una nueva de tipo urbano-comercial ha sido un proceso complejo y con hondas repercusiones sociales en la vida rural: “El campo no ha dejado de ser tributario de la ciudad, pero han cambiado los medios, la forma y la intensidad”. Es así que ha cobrado fuerza una economía terciarizada y centralizada en la ciudad, mientras que el sector agrícola se hunde en una profunda crisis.
  
   El efecto en el área urbana ha sido, como en todo México, el aumento de la economía informal, que en Zamora se refleja en que un alto porcentaje de la PEA municipal se encuentra en condición de subempleo y cerca de un 60% de los desempleados tienen menos de 30 años.
  
   La desigualdad sigue siendo un rasgo característico de la sociedad zamorana. En nuestros días un considerable porcentaje de la población vive con ingresos de dos salarios mínimos o menos; 60% de los trabajadores ocupados no cuentan con los beneficios de la seguridad social; y un alto porcentaje de la población total habita en “fraccionamientos” en que prevalecen bajos ingresos, niveles de educación y de salud que confrontan carencias de servicios y malas condiciones de vivienda.
  
   El rápido crecimiento de Zamora emanado de los movimientos migratorios internos e interestatales ha generado una gran presión hacia la vivienda y los servicios básicos de la ciudad como luz, agua, transporte, educación y empleo, que al no poderse cubrir de manera satisfactoria origina exclusión social y pobreza entre habitantes zamoranos, básicamente de la zona poniente y oriente, que han crecido sin planeación y con problemas de infraestructura social.
  
   A pesar de esto, Zamora sigue siendo el punto de atracción de la región; constituye el centro de convergencia de la actividad comercial y de servicios; cuenta con mejor infraestructura; su clima, localización y fuerza de trabajo bien preparada, son muchas de las distintas ventajas comparativas que la ciudad ofrece en contraste con el resto de los municipios del Occidente Michoacano.
  
   En la zona conurbada, y en particular en el municipio de Zamora, las principales actividades económicas están concentradas, al igual que en la entidad, alrededor del sector terciario, ya que casi 8 de cada 10 personas ocupadas se dedican al comercio y los servicios, actividades que alcanzan su máximo desarrollo en las zonas urbanas; otra parte del personal ocupado se encuentra en actividades industriales y un buen porcentaje se ocupa en el sector agropecuario.
  
   Al interior de los sectores económicos, la diversificación es variada: la ocupación en el terciario se concentran más en el comercio que en los servicios y dentro de éstos son más los servicios de alimentación que los profesionales, financieros y corporativos. Dentro del sector secundario, la ocupación está altamente concentrada en la industria manufacturera, le sigue en importancia la construcción, con buen porcentaje de la población sectorial.
  
   Por lo general, las actividades de comercio y servicios requieren poco empleo de alta especialización; la mayoría de la fuerza de trabajo la integran dependientes, empleadas y empleados de mostrador, obreras (os), a quienes se les pagan muy poco y requieren poca capacitación. El sector industrial de la región tampoco demanda mucha mano de obra calificada, ya que su desarrollo tecnológico es limitado; lo paradójico es que al mismo tiempo no hay la capacidad para desarrollar nuevas industrias de alta tecnología porque no existe la fuerza de trabajo con la calificación necesaria para impulsarlas.