Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    02 de Junio de 2020
17 de Mayo de 2020
De Ex Haciendas Del Estado De México
HACIENDA DE TEJALPA

   Según las fuentes de que se disponen, la Hacienda de San Pedro Tejalpa, que perteneció a los misioneros de Filipinas, se delimitó en 1625.
  
   La extensión total de la propiedad era de 2 500 hectáreas. Esta hacienda se conformó como tal desde 1625. En este año quedaron deslindados los límites con las haciendas colindantes y los pueblos cercanos. El 31 de diciembre de 1625 se realizó la escritura de transacción en Zinacantepec, ante el escribano Bernardino de Amunarres, en la cual ya aparece como parte de la hacienda de San Pedro, las tierras dl pueblo de San Agustín y de San Pedro. Los indios de este último se congregaron en el de Zinacantepec y en San Cristóbal.
  
   Ya para el año 1632, según se asienta en el Archivo de la Hacienda de San Pedro Tejalpa, la misma estaba compuesta de “dos casas, corrales, un sitio para ganado menor, seis caballerías de tierra y algunos caballos que compraron a los indios”. Se trataba, como puede verse, de una estancia agropecuaria que iniciaba apenas un proceso de acumulación.
  
   De acuerdo con los mismos autores, en 1742 se llevaron a cabo diligencias de posesión en la Hacienda de San Pedro, y un año después se efectuó una segunda diligencia en la que se fijaron los linderos con los religiosos de una hacienda colindante llamada La Gavia, propiedad de la Compañía de Jesús.
  
   Conforme las mismas fuentes, el 17 de abril de 1868, la hacienda pasó a manos del señor Ruperto Medina, quien contrajo nupcias con Concepción Garduño, cuya familia era propietaria de la famosa Hacienda de Pastejé en Ixtlahuaca. Don Ruperto y la señora concepción procrearon cuatro hijos y uno de ellos, que cursó estudios en la ciudad de México, vino a cambiar el rumbo y desarrollo de la hacienda.
  
   La sombría figura del hacendado porfirista, conservador, ausentista, y que no estaba interesado en el incremento de la productividad de la empresa con base en la modernización, podría ser puesta en duda en la confrontación con este personaje, Medina Garduño se preocupó por aumentar las posibilidades del riego. Las aguas las aprovechó en la fábrica. El caudal de agua de que disponía la finca, era de 220 litros por segundo.
  
   Seguramente Manuel Medina Garduño contó con recursos suficientes para emprender la modernización del molino de trigo que estrenó piedras francesas y la maquinaria necesaria para su funcionamiento. Impulsado por fuerza hidráulica; el molino empezó a funcionar en 1878.
  
  
  
   A partir de este momento el crecimiento de las actividades, según los datos que aporta la investigación dada a conocer en la publicación “Origen y evolución de la hacienda en México”. Siglos XVI al XX, en su apartado “Manuel Medina Garduño: hacendado, empresario y político del Estado de México. 1911-1913”, fue extraordinario.
  
   Para 1883, la hacienda ya contaba en un edificio contiguo a la casa grande, con una fábrica textil dotada de los adelantos de la época, que producía casimires finos, ponchos, sarapes, mantas de viaje, cobertores de dos vistas, además de gabanes y alfombras de primera calidad. La fábrica enviaba sus productos a la Ciudad de México y Toluca para su distribución y venta en importantes almacenes como el Palacio de hierro. Se hace noticia que para 1905 habían enviado muestras de sus productos al Norte de la República.
  
   Es importante destacar el papel de esta hacienda en el desarrollo regional, ya que:
  
   “En los años 1896-97, se instaló la Planta de Luz y Fuerza Motriz o instalación Hidroeléctrica. Esta incluía una planta receptora en Toluca. De día daba servicio a la hacienda y fábrica, y en la noche alimentaba el alumbrado público y el servicio doméstico de la ciudad. La inversión realizada por estas obras fue de más de un millón de pesos.”
  
   Como podemos observar, es sorprendente el desarrollo alcanzado por la hacienda de San Pedro, como lo describen los autores en su texto. La hacienda arribó al siglo XX con éxito y su florecimiento económico era evidente. Los administradores convirtieron la antigua finca en la negociación Agrícola Industrial de San Pedro.
  
   Pastaban en sus campos, que producían también trigo y maíz, más de 2 000 cabezas de ganado ovino para la explotación de la lana; se utilizaban desgranadoras y trilladoras de fabricación extranjera; realizaban negocios en la industria textil, invertían en minería, adquirieron acciones petroleras y se dedicaban mediante concesión, a la explotación del bosque.
  
   En las comunicaciones, contaba con buenos caminos, además a un kilómetro del casco pasaba el ferrocarril de la Compañía Forestal de México S.A. Pero no sólo eso, la hacienda estaba comunicada telefónicamente con Toluca.
  
   Indudablemente, el dueño de esta hacienda tenía otra visión que apuntaba a la búsqueda de la ganancia, hacia la obtención de plusvalía y, al mismo tiempo, entendía unas relaciones distintas con los empleados y los peones, incluso mostraba preocupaciones por la educación, la calidad de vida y la formación de los miembros de la comunidad, como lo muestra el siguiente texto:
  
   “El hacendado mantenía de su ‘propio peculio’ dos escuelas para los hijos de los peones y obreros de su Negociación. En la hacienda se construyó un pequeño teatro, en el cual se representaban obras escritas por el dueño. Por ejemplo, la obra Fatalidad bellamente editada en 1912.”
  
   En torno a la casa principal estaban las casas de los peones. Había 23 de dos pisos con dos cuartos y cocina. Ocho de dos pisos pero sin cocina y 13 de un solo cuarto. La hacienda tenía una tienda y un tinacal.
  
   Han transcurrido los años, la hacienda de antaño fue el lugar donde se dio la modernidad predicada por el Porfiriato, sigue teniendo de fondo el Nevado de Toluca. Totalmente restaurada, su trazo deja ver una gran construcción de dos niveles con sencillas ventanas y techo de dos aguas, emplazada frente a un amplio terreno en que destaca una casa de piedra sobre una base cuadrada y una fuente.
  
   Más allá aparecen los restos de otras edificaciones de altos muros con variedad de puertas y ventanas. Todo ante la majestuosa alerta, siempre de fondo, del Nevado de Toluca.
  
   El patio interno del casco es de dos niveles con balcones dotados de bella herrería, columnas de metal y ventanas de madera. Las salas poseen muebles rústicos, alfombras y paredes tapizadas.
  
   En el comedor se aprecia un alto techo de vigueta. Las suertes charras se efectúan en un viejo ruedo de forma circular.
  
   Esta hacienda se encuentra en el Municipio de Zinacantepec, aproximadamente a 10 kilómetros al suroeste del centro de la ciudad de Toluca, a una altitud de 2 860 msn.