Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    06 de Agosto de 2020
17 de Mayo de 2020
¿SON CRISTIANOS EL DOLOR, LA ENFERMEDAD Y LA MUERTE?
Jaime Emilio González Magaña

  
   La terrible pandemia del Covid19 sigue haciendo sufrir a millones de personas en todo el mundo y muchos se preguntan si esta situación es cristiana y si nuestra fe puede dar una respuesta creíble. Es imprescindible alentar una mínima esperanza de que el mundo encontrará una solución que supere la ambición y egoísmo de quienes pudieran usar sus fuerzas para desarrollar una vacuna y esto, obviamente no es fácil. Un primer paso consistiría en entender qué es el “sufrimiento” y para ello, como una simple ayuda, nos referimos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que le asigna dos significados: en primer lugar, lo identifica como “padecimiento, dolor, pena”; en segundo lugar le da las acepciones de “paciencia, conformidad, tolerancia con que se sufre algo”. Desde el punto de vista etimológico, el término tiene su origen el el griego “pherein” y en el latín “suffero”que significa “soportar, permitir, tolerar, ofrecer o cargar por debajo”.
  
   De acuerdo a lo anterior, advertimos que el término es complejo y difícil de entender porque es inherente a la persona humana y sólo quien lo padece o lo vive, podría dar su propia definición y significado. De acuerdo con el Instituto del Cáncer de España, podríamos añadir que, desde el punto de vista médico, el sufrimiento se entiende como un momento de “dolor o sufrimiento emocional, social, espiritual o físico que lleva a una persona a sentirse triste, miedosa, deprimida, ansiosa o solitaria”. Desde el punto de vista de la psicología, Bayés lo define como un “estado de malestar inducido por la amenaza de la pérdida de integridad (intactness) o desintegración de la persona, con independencia de su causa” (Psicología del sufrimiento y de la muerte, Espasa Calpe, 2018, p. 9). Este mismo autor añade que “a mi juicio, a pesar de su importancia central, la investigación del sufrimiento humano no se encuentra clararnente planteada ni delimitada en la mayoría de estos textos, quizás porque muchos opinan, como Kaasa, que la literatura médica sobre el sufrimiento es tan confusa como era (y quizás lo sigue siendo todavia) la literatura sobre calidad de vida hace algunas décadas” (Obra citada, p. 8).
  
   Según este autor, es notable la falta de una definición de sufrimiento. Todo indica que hay unanimidad cuando se afirma que, de acuerdo a una teoría de Eugène Minkowski, un psiquiatra fenomenológico francés de finales del siglo XIX, el sufrimiento es parte de la existencia humana. Es un hecho que el hombre no puede huír de esta realidad pues el enfrentamiento con ella le permite encontrar el sentido de su vida y con ello, logra un conocimiento mayor de sí mismo y del mundo. Por su parte, la psiquiatría añade que el sufrimiento permea todo el ser humano y todo intento por descubrir qué es, nos llevaría a profundizar la contribución de la filosofía y, concretamente el área del conocimiento, del pathos. Según esta posición, también nos permitiría comprender mejor la idea de sentimiento y la afección. Por lo que respecta al ámbito teológico, nuestra fe ha propuesto dar respuesta al problema desde la Revelación de Dios mediante la Encarnación de su Hijo Jesús en nuestra historia y es desde ahí donde encontraremos el sentido del sufrimiento.
  
   Por lo tanto, ante esta realidad, nos ayudaría conocer las diversas dimensiones y formas que debemos tener presentes si queremos comprender qué es lo que pasa con el dolor, la enfermedad y la muerte y si nuestra fe tiene una respuesta. Un primer elemento de comprensión lo encontramos cuando hay una dolencia, un contagio, una infección o un padecimiento por lo que es lícito llamarlo sufrimiento físico. Otra forma se puede identificar dentro del ámbito del área moral y, entonces, es completamente diferente. Esta distinción, en opinión de San Juan Pablo II: «toma como fundamento la doble dimensión del ser humano e indica el elemento corporal y espiritual como el inmediato o directo sujeto del sufrimiento» (Salvifici Doloris, 5), donde el corporal se puede decir que es aquello que se refiere al físico, y el espiritual o moral es el dolor del alma, que no por no ser físico se puede decir que es menor. Como se ve, «el hombre sufre de modos diversos… y el sufrimiento es algo todavía más amplio que la enfermedad, más complejo y a la vez aún más profundamente enraizado en la humanidad misma» (SD,5). Más aún, decía, «el sufrimiento físico se da cuando de cualquier manera ‘duele el cuerpo’, mientras que el sufrimiento moral es ‘dolor del alma’. Se trata, en efecto, del dolor de tipo espiritual, y no sólo de la dimensión ‘psíquica’ del dolor que acompaña tanto el sufrimiento moral como el físico» (SD, 5), y aclara que no se puede llevar esta diferencia hasta el extremo, porque ambos tipos de sufrimiento están íntimamente relacionados, tanto que «no se puede negar que los sufrimientos morales tienen también una parte ‘física’ o somática, y que con frecuencia se reflejan en el estado general del organismo» (SD, 6).