Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    25 de Noviembre de 2020
26 de Julio de 2020
DON CARLOS Y SU MAMÁ
Silvio Maldonado Bautista

  
   No, no se trata de una adivinanza para secar el seso y mencionar a cuanto Carlos se conozca y a su respectiva madre. El asunto es más simple.
  
   Me puse a revisar algunas notas de ésas que se guardan porque uno las ve de un cierto valor. En el caso, leer aquella que guardé celosamente, estaba en relación con alguno de mis envidiosos amigos que lanzó una expresión a lo pendejo:
  
  
¡Ése güey no tiene madre!,

  
   refiriéndose a Carlos Slim, el multimillonario entre los ricos verdaderamente ricos del mundo.
  
   Y es que en ese año del 2002, Carlos Slim apareció en la revista Forbes como el más rico de América Latina. Tal vez por ello, mi cuaderno de doble raya estaba envidioso, dado que él contaba con apenas la pensión del ISSSTE, que no era como para echar las campanas al vuelo en un día feriado.
  
   Ciertamente, guardé la nota porque las expresiones que según Don Carlos decía de su madre, me parecieron sensatas, sencillas, plenas de altruismo; en otras palabras, señalaban mucho de lo que he pensado debemos ser los humanos.
  
   Carlos Slim Helú es un empresario e ingeniero mexicano y actualmente es el decimosexto hombre más rico del mundo, ya que posee bienes que ascienden a los 54 700 millones de dólares.
  
   Entre los puntos de vista que leí sobre su forma de enfrentar los problemas, también está una de sus referencias en la que menciona a su padre. Aquí enaltece la calidad de ser mexicano, aunque su padre no lo era.
  
   «Si mi papá, Julián Slim, en plena Revolución, con el país sacudido, sin todavía tener familia, siendo extranjero y sin el arraigo que te da el tiempo, confió en México y en su futuro, cómo no iba a hacerlo yo».
  
   De acuerdo con un análisis financiero del portal de Internet "Sentido Común", publicado el 6 de enero de 2010, la fortuna de Carlos Slim aumentó en 15 500 millones de dólares a 74 500 millones, un 26,3 % más que el año anterior.
  
   Pero la nota de referencia, como quien dice la que guardé, se refiere, repito, a la revista Poder de noviembre del 2002 y a la entrevista que le hace Isaac Lee, sobre el éxito. Me llamó la atención sobre todo porque le da mucho valor a lo que su madre alguna vez le dijo.
  
   Don Carlos contestó con estas expresiones:
  
   Yo creo que el éxito no está en lo económico. Yo creo que una persona no es de éxito porque le va bien en los negocios o le va bien profesionalmente o saca 10 en la escuela. Creo que eso es lo que menos vale. Lo que vale es tener los pies en la tierra, el concepto de la familia, los amigos. Apreciar las cosas que tienen valor verdadero, no material, no físico necesariamente.
  
   Y luego añadió:
  
   Pienso que a este concepto le puedo añadir una reflexión que me regaló mi madre, Linda Helú:
  
   “El éxito no tiene que ver con lo que mucha gente se imagina. No se debe a los títulos nobles o académicos que tienes, ni a la sangre heredada, la escuela donde estudiaste. No se debe a las dimensiones de tu casa o a cuántos autos quepan en tu garaje. No se trata de si eres jefe o subordinado; o si eres miembro prominente de clubes sociales. No tiene que ver con el poder que ejerces, o si eres buen administrador o si hablas bonito, si las luces te siguen cuando lo haces. No es la tecnología que empleas. No se debe a la ropa que usas ni a los grabados que mandas bordar en tu ropa o si después de tu nombre pones las siglas deslumbrantes que definen tu status social. No se trata de si eres emprendedor, hablas varios idiomas, si eres atractivo, joven o viejo. El éxito se trata de cuánta gente te sonríe, a cuánta gente amas, y cuántos admiran tu sinceridad y la sencillez de tu espíritu. Se trata de si te recuerdan cuando te vas. Se refiere a cuánta gente ayudas, a cuántas evitas dañar y si guardas o no rencor en tu corazón. Se trata de que en tus triunfos estén incluidos tus sueños. De si tus logros no hieren a tus semejantes. Es acerca de tu inclusión con otros, no de tu control sobre los demás. Es sobre si usaste tu cabeza tanto como tu corazón, si fuiste egoísta o generoso, si amaste a la naturaleza y a los niños y te preocupaste de los ancianos. Es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu capacidad de escuchar y tu valor sobre la conducta. No es acerca de cuántos te siguen, sino de cuántos realmente te aman. No es acerca de trasmitir sino cuántos te creen si eres feliz o finges estarlo. Se trata del equilibrio de la justicia que conduce al bien tener y al bien estar. Se trata de tu conciencia tranquila, tu dignidad invicta y tu deseo de ser más, no de tener más. Esto es éxito”.