Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    02 de Diciembre de 2020
25 de Octubre de 2020
SAN LUCAS, PATRÓN DE LOS MÉDICOS
Zenit

   Y ayuda durante la pandemia
  
   (zenit – 15 oct. 2020)-. 18 de octubre se celebra la fiesta de san Lucas, evangelista y patrón de los médicos.
  
   D. Manuel González López de Lemus, sacerdote de la prelatura del Opus Dei, ofrece un artículo sobre la figura de este santo.
  
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   Hace un par de años, le pedí a una sobrina, que estudia Medicina, que buscara en la facultad unos azulejos que recuerdo haber visto cuando estudié allí.
  
   A finales de los 70, un día yendo de un aula a otra me encontré la siguiente máxima sobre la pared: “El médico que sólo medicina sabe, ni tan siquiera medina sabe. Ese consejo me ha hecho pensar muchas veces de la sabiduría que lleva dentro de ese mensaje.
  
   La medicina, no son solo conocimientos, es trato amable y respetuoso con los pacientes, personal sanitario y colegas; empatía, saber ponerse en el lugar de los demás; simpatía; capacidad de trabajar en equipo; amor y cariño por los que tenemos a nuestro alrededor… En definitiva, saber cuidar y respetar las relaciones interpersonales.
  
   Ha sido tradición entre la clase médica descubrir a grandes literatos, artistas de todo tipo, deportistas, cetreros… Es decir: Hombres y mujeres que han sabido hacer otras cosas, y no solo medicina. Tereas que los han enriquecido y que además han servido para que tengan una visión más universal de su vida y trabajo. Y todo esto abre la mente hacia el mundo y los demás. Ver la vida por un canuto, sea cual sea, es un empobrecimiento que no nos lleva a ser mejores médicos.
  
   “El que ilumina”
   San Lucas, médico de la antigüedad, hace ya 21 siglos era un hombre culto que sabía más cosas que medicina. Los estudiosos han trabajado sobre los textos de sus dos obras, que se incluyen en la Sagrada Escritura: su Evangelio, según san Lucas y los Hechos de los Apóstoles. Todos coinciden que el griego del evangelista es pulcro y de alta calidad. Era un hombre que sabía escribir y describir muy bien.
  
   Su nombre, Lucas, viene del griego y del latín y significa “el que ilumina” el que da luz. Que nombre más apropiado para un evangelista que nos trae la Palabra de Dios que, con Cristo Jesús, es Luz para las gentes… Hay también teorías, no probadas, que dicen que viene del hebreo y que significa “huracán”.
  
   De sus datos biográficos sabemos que nació en Antioquía, actualmente Turquía, que era descendiente de los judíos de la diáspora, aquellos que se asentaron por todo el Mediterráneo, después del exilio asirio. San Pablo le menciona en sus cartas y deja caer que es de educación griega, propia de su entorno y médico de profesión.
  
   Profunda investigación
   San Lucas hizo una profunda investigación para escribir su Evangelio y los Hechos de los Apóstoles. Seguro que dedicó mucho tiempo a entrevistar y recoger testimonios de muchos apóstoles y otros testigos presenciales de los hechos de la vida de Jesús y de los primeros cristianos.
  
   Su Evangelio es el más largo de los cuatro y recoge el abanico más amplio de la vida de Jesucristo y su entorno. Se extiende desde la anunciación de Juan el Bautista por él ángel Gabriel a Zacarías, hasta la Ascensión del Señor a los cielos. Es un buen libro para comenzar a conocer a Nuestro Señor Jesucristo.
  
   Es el mejor redactado de los evangelios, por el uso elegante y equilibrado del griego, como solo de una persona culta y erudita se podía esperar. Al leer la infancia de Jesús con tanto detalle, advertimos que sus fuentes de información son muy exhaustivas, de lo cual los exégetas han deducido que conoció y trató a María Santísima, Madre de Jesús.
  
   Los detalles de la Encarnación o Anunciación, el Nacimiento de Jesús, la Presentación en el Templo de Jerusalén, la huída a Egipto y Jesús perdido y hallado en el Templo, entre otros. Todo esto hace que el Evangelio de S. Lucas sea imprescindible para el conocimiento de la infancia del Salvador.
  
   Autor de imágenes
   La tradición nos ha transmitido que la misma María Santísima transcribió el canto del Magníficat a este santo, cosa que solo ella conocía y que solo ella podía transmitir. También añade la tradición que Lucas es el autor de las imágenes más antiguas de María que se conserva en la basílica de Santa María la Mayor, primer templo cristiano dedicado a María.
  
   Los romanos conocen a esa hermosa imagen como la Salus Populis Romani, a la cual acuden los ante cualquier necesidad perentoria. Por eso, ante esta pandemia también muchos romanos se han acercado a este templo. El Papa Francisco, entre ellos, acudió a ella para pedir e interceder por los romanos y por todo el mundo.
  
   Esta tradición, por lo tanto, nos dice que san Lucas también tenía dotes artísticas de pintor. El mismo firma sus relatos de modo discreto y velado para dejar claro que fue María, la Virgen su fuente principal, al acabar en dos ocasiones la escena con las siguientes palabras: “María conservaba todas estas cosas en su corazón” (Lucas 2:19; 2:51).
  
   Hechos de los Apóstoles
   El evangelista relata el libro de los Hechos de los Apóstoles en dos modalidades, una habla de los hechos en primera persona, como si fuese testigo presencial, que parece que lo fue y una segunda parte en tercera persona, como si hubiese tenido información recibida de otros testigos. Fue compañero de san Pablo, algunos autores dicen que eran parientes. San Pablo en su carta a los colosenses le llama: “el médico querido”.
  
   Predicó el Evangelio en Roma, las Galias, Libia, Macedonia, Dalmacia, y Grecia. Murió, ahorcado por testimonio de su fe, en Acaya, a los 84 años, y su cuerpo fue trasladado a Constantinopla inicialmente y después a Pavía. Quiso que le enterraran junto a una pintura de Nuestra Señora, que el mismo había hecho. Luego sus huesos fueron trasladados a Constantinopla y más tarde a Pavia. Y su cabeza se trasladó a Roma, donde hasta hoy puede ser venerada.
  
   Iconografía
   Se le representa simbólicamente en la iconografía cristiana con el toro alado, con base en una visión del profeta Ezequiel: “Había en el centro como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma humana. Tenían cada uno cuatro caras, y cuatro alas cada uno. Sus piernas eran rectas y la planta de sus pies era como la planta de la pezuña del buey, y relucían como el fulgor del bronce bruñido. Bajo sus alas había unas manos humanas vueltas hacia las cuatro direcciones, lo mismo que sus caras y sus alas, las de los cuatro. Sus alas estaban unidas una con otra; al andar no se volvían; cada uno marchaba de frente. En cuanto a la forma de sus caras, era una cara de hombre, y los cuatro tenían cara de león a la derecha, los cuatro tenían cara de toro a la izquierda, y los cuatro tenían cara de águila (Ezequiel 1, 5-10).
  
   Varios países han adoptado el día de San Lucas como Día del Médico; también varias asociaciones médicas llevan su nombre.
  
   La respuesta, en el Resucitado
   Su fiesta nos puede hacer reflexionar con algo que me pasó con un antiguo compañero de facultad. A mi amigo Antonio, intensivista en Sevilla, cuando comenzó la pandemia le pregunté: “Antonio, ¿Y tú como lo ves, crees que hay alguna solución?”.
  
   Y él, que no es de soluciones fáciles ni milagritos por doquier, con conocimiento de causa, con fuerza y contundencia me dijo: “Dile a la gente que dejen de hacer cosas inútiles, como ver la televisión, quejarse de lo que no hacen los demás y que recen, por los enfermos y por nosotros médicos y todo el personal sanitario. La respuesta y la solución están en el Resucitado”.
  
   Rezar por los sanitarios
   Quiero acabar estas líneas, en estos momentos tan difíciles para tantos que más que aplaudir y alabar al personal sanitario, que han demostrado ser verdaderos héroes, que recemos por ellos y san Lucas, que celebra su fiesta el 18 de octubre, es una nueva oportunidad para añadir a un intercesor para acudir a Dios, que oiga nuestras plegarias haciéndonos reaccionar.
  
   San Lucas, tú que eres médico, cuida de tus colegas, sana a los enfermos y cuida de la salud de todos nosotros. Bien que ahora escasea y por el que necesitamos dar gracias y no darlo por supuesto. Gracias por nuestra salud y que la conservemos. San Lucas, ruega por nosotros.