Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    05 de Diciembre de 2020
15 de Noviembre de 2020
LA AMISTAD VERDADERA ES UN «CISNE NEGRO»
Jaime Emilio González Magaña

  
   Desde el pasado 6 de este mes, el Gobierno Italiano ha declarado algunas medidas urgentes y drásticas para contener el alarmante aumento de contagios del maldito coronavirus. Además de dividir el país en tres zonas de emergencia, según la gravedad de la incidencia de los casos, se decretó que la didáctica en todas las instituciones de educación superior tendría que ser “a distancia”, al menos, hasta el 3 de diciembre. Por otra parte, está siempre al acecho la amenaza de un confinamiento total y esto equivale a decir que, de nuevo, estamos viviendo –o sufriendo diría yo- la situación dramática de la primavera aun cuando ahora, en mi opinión, es peor porque somos conscientes de que el bicho sigue actuando como le da la gana y desafiando a los gobiernos serios del mundo y dando oportunidad a que otros, demagogos y populistas, sigan haciendo bromas de mal gusto a costa del pueblo que sufre ya sea por la enfermedad o por cuestiones económicas.
  
   Pero bueno, no me quiero desviar de lo que quiero compartir esta semana y que hace referencia al valor de los verdaderos amigos que se hacen presentes en momentos como éstos, cuando tanto necesitamos una palabra de esperanza, de fuerza, de comprensión y de perdón. El 5 de mayo pasado, Gerardo Hernández Rodríguez publicó una reflexión en el número 302 de la revista española “La Razón de la Proa”, sección “Desde la Puerta del Sol” en la que afirma que «La amistad verdadera, como nos recuerda Laín Entralgo que dijo Kant, es un “cisne negro” o un “mirlo blanco”». Aclara que el título de su reflexión “está tomado del de su obra, publicada por Revista de Occidente en el año 1971” y responde a su necesidad de reflexionar sobre el significado de tener que vivir encerrados por una cuarentena que pretende controlar el avance del virus.
  
   El artículo me llamó mucho la atención desde que lo leí en los momentos tal vez más álgidos del primer ataque del agresivo virus. Ahora me ha venido a la memoria pues en estos días no he podido menos que agradecer la presencia de tantos amigos que, a pesar de la distancia, se han hecho presentes con palabras estimulantes y manifestaciones sinceras de bienestar para mí y los míos. Me parece que sería muy bueno que estos recuerdos los viviéramos siempre y que no surgieran solamente cuando hay amenazas de que no volveremos a vernos jamás. Cuando menciona a los amigos, el autor especifica que «a esos a los que ahora echamos de menos cuando, a lo peor, en circunstancias normales tratamos con menos entusiasmo y de los que, quizá hasta algunas veces, pensemos que “nos cargan”. Ahora estamos apreciando el verdadero valor de su afecto, de su leal amistad. Laín Entralgo, en esta obra aporta unas citas, una de ellas de Aristóteles y la otra de plena aplicación práctica en la actualidad, que merece la pena recordar: “La amistad es lo más necesario para la vida” y “El mundo en que vivimos se halla menesteroso de amistad”».
  
   Cuánta razón tiene al expresar con valentía «los parientes nos vienen dados por nuestras respectivas circunstancias familiares, pero los amigos los elegimos, aunque también es cierto que frecuentemente identificamos amigos con conocidos. Conocidos, compañeros podemos tener muchos, incluso “amiguetes” que constituyen una especie particular dentro de las relaciones sociales, pero amigos, amigos de verdad, no siempre se tienen tantos y, en ocasiones, hasta se podrían contar con los dedos de las manos. Amigos verdaderos son aquellos que acuden a nosotros cuando los necesitamos, aunque no se lo pidamos. Y nosotros demostramos nuestra amistad cuando acudimos en ayuda de los demás que lo precisan, aunque no nos lo reclamen. Tenemos muchas y variadas relaciones sociales, pero, ciertamente, nuestro mundo, y nosotros en él, se halla menesteroso de amistad».
  
   Coincido totalmente con Gerardo Hernández cuando enfatiza que «es bueno que en estos días y en estas circunstancias hagamos un recorrido por la lista de nuestras amistades e, incluso, hagamos un examen de conciencia para ver cuál es o ha sido nuestro comportamiento con ellos y el suyo para con nosotros. Y es casi seguro que nos llevaremos más de una sorpresa y, al acabar el confinamiento […], vayamos a ellos para agradecerles tantas cosas que, por aquello de que “cuando hay confianza da asco”, no les hemos reconocido adecuadamente. O tendremos que pedirles disculpas por acciones u omisiones propias en las que, de forma consciente o inconsciente, no hemos actuado como se merecían».