Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    02 de Diciembre de 2020
22 de Noviembre de 2020
REVOLUCION 4.0: NUEVA FORMA DE DOMINACION COLONIAL
Agenda Latinoamericana Mundial 2020

   Pedro A. Ribeiro de Oliveira
   Juiz de Fora, MG, Brasil

  
   Para entender lo que representa la Revolución 4.0 para los países de Nuestra América pienso en la catástrofe sufrida por los pueblos originarios cuando, de repente, hombres venidos del mar, vistiendo armaduras metálicas, impusieron su dominación por medio de armas de fuego. Aquellos pueblos tenían sus guerreros, gente valiente que no temía morir en defensa de su aldea y sus parientes; pero fueron prácticamente inmovilizados por la sorpresa y el miedo. Todo me lleva a pensar que las innovaciones tecnológicas de las dos primeras décadas del siglo XXI traen incrustadas una nueva y terrible arma de guerra que necesita ser comprendida para no ver derrotado nuestro proyecto de sociedad justa y pacífica en comunión con las otras especies vivas. Se trata de los instrumentos de la guerra de cuarta generación o guerra híbrida.
  
   Hace milenios que la guerra es una combinación de estrategias destinadas a destruir o al menos neutralizar un gobierno o régimen hostil. Es evidente que la definición de poder hostil tiene por referencia únicamente los valores o intereses del antagonista que promueve la guerra. Independientemente de que haya o no hostilidad recíproca, un país definido como «poder hostil» pasa a ser blanco de guerra hasta que conforme su régimen a los intereses y valores del vencedor. Sólo así cesan las hostilidades y se establece un armisticio o un tratado de paz. La novedad de este siglo es el tratamiento de la información con metodología racional y sistemática, asociada a experiencias empíricas, para emplearla como arma de combate al poder hostil. Los medios creados por la informática elevaron su capacidad de destrucción a un nivel antes inimaginable.
  
   Este uso de la información como medio de debilitamiento del régimen hostil puede ser comparado al hacker que introduce un virus en un sistema informático. El proceso es complejo: partiendo del hecho de que la gente tiende a dar crédito a las informaciones que desean que sean verdaderas, se trata de producir informaciones parcialmente verdaderas –post-verdad– o claramente falsas –fake-news– que sean plausibles para quien las recibe. Esas informaciones son transmitidas por la combinación de los grandes medios –TVs, radios y periódicos–, medios digitales vía internet como whatsapp, facebook y twiter e instituciones revestidas de credibilidad, como Iglesias cristianas, ONGs o institutos de investigación. El hecho de que la persona reciba la misma información de más de una fuente refuerza enormemente su credibilidad. En fin, se divulgan también informaciones que descalifican otras fuentes presentadas como comprometidas con el stablishment o corrompidas. Al recibir una noticia o información que desea ser verdad, la persona trata de pasar adelante esa noticia a otras personas de su red de relaciones. Así la información se reproduce como un virus hasta bloquear el equipo infectado.
  
   Esta forma de guerra ideológica tiene por objetivo hacer que uno o más sectores de la sociedad hostil se rebele contra el régimen y derrumbe su legitimidad. Moralmente debilitado, bastará una ofensiva (militar, política o judicial) para liquidarlo.
  
   Ante esta forma de guerra ideológica de poco sirve nuestra indignación ética contra la post-verdad y las fake-news: o aprendemos a combatirlas, o seremos fácilmente derrotados por las armas ideológicas como las producidas por Steve Bannon y otros manipuladores de opinión al servicio de la extrema derecha y el liberalismo de mercado.
  
   Antes de que la sospecha de teoría conspiratoria dificulte la comprensión de esta realidad, hay que tener claro que la guerra de 4ª generación no es el resultado de una decisión tomada en alguna asamblea secreta de dirigentes de fundaciones, empresas petroleras, bancos, ONGs, agentes de la NSA, FBI, embajadores, fiscales y Secretarios de Estado... Tampoco tendría un mando centralizado en la CIA o alguna agencia gubernamental de EEUU. Es el resultado objetivo de diferentes flujos de dinero, de poder o de conocimiento, que se conectan directa o indirectamente en lazos de retroacción, conformando una gran red. Cada actor-en el campo económico, político, cultural y militar- actúa teniendo en vista sólo sus intereses particulares o de la institución que representa. Los recursos gubernamentales o de fundaciones privadas se canalizan para el entrenamiento de actores locales que aprenden a actuar en asociación con los actores estadounidenses en la aplicación de sus normas y leyes, en el empleo de sus técnicas o en la difusión de sus valores o visión de mundo. Es la conexión de esos flujos - materiales, de poder y conocimiento - en lazos de retroalimentación, la que hace surgir actores, singulares o colectivos, como nodos de esa red. Así como surgen, los nodos pueden ser apagados después de generar los resultados esperados, simplemente por el corte del flujo de recursos, de poder o de información que los alimentaba. (Adaptación libre de lo que dice Euclides Mance en El Golpe: euclidesmance. net/docs/o_golpe.pdf).
  
   Este método de guerra fue decisivo para el derrocamiento del gobierno de Dilma Rousseff en 2016. No se trató sólo de un golpe, sino una verdadera intervención extranjera en Brasil, aunque el país no fue clasificado como “poder hostil” por el gobierno de EEUU. Se explica: estaba en juego el monopolio de la exploración del petróleo por Petrobrás y la alineación de Brasil con los BRICS (bajo el liderazgo de China y Rusia), políticas objetivamente contrarias a los intereses de los grupos petroleros y financieros de EEUU. Tras la quiebra de la presidencia de la República del Partido de los Trabajadores, y colocados en su lugar gobiernos favorables a la explotación del petróleo por empresas privadas y de política exterior alineada a la política de EEUU, cesó la guerra de 4ª generación contra Brasil.
  
   La experiencia de Brasil indica que hoy es Venezuela el principal objetivo de la guerra de 4ª generación promovida por el gobierno de EEUU contra regímenes hostiles. En este caso, esa forma de guerra es reforzada por el bloqueo económico impuesto por el gobierno de EEUU, que estrangula la economía venezolana. La meteórica ascensión de J. Guaidó, desconocido suplente de diputado que fue elegido presidente de la Asamblea y luego reconocido como presidente de la República por el gobierno de Estados Unidos y varios gobiernos aliados, sólo puede ser explicado por una intervención externa para canalizar la oposición a Maduro. Los apagones de electricidad, probablemente provocados por ataques cibernéticos, señalan que la guerra va a continuar.
  
   Si Venezuela fuese productora de cacao o azúcar, podría soñar con la autonomía en la conducción de su destino, como Cuba. En medio de la feroz competencia mundial por energía y minerales, sin embargo, todo indica que los ataques sólo tienden a aumentar. Sus aliados más poderosos –Rusia, Turquía, Irán y, en menor grado, China– están del otro lado del Atlántico, mientras sus enemigos son sus vecinos o se encuentran en las mismas costas del Golfo del Caribe. El ejemplo de Siria merece ser considerado: su régimen sufrió el mismo ataque de 4ª generación, pero Rusia es su vecina y no permitió que fuera derrotado y sustituido por un gobierno favorable a Estados Unidos. La solución que encuentre Venezuela para salir de la crisis en que fue colocada, será muy importante para aprender a lidiar con esa nueva forma de guerra y construir un mundo donde reinen la Paz y la Justicia.
  
   Para concluir, conviene prestar atención a lo que puede suceder en la Amazonia. En el actual contexto de competencia por la supremacía mundial, sus reservas de agua, minerales y biodiversidad son objeto de codicia de las grandes potencias. Hay señales de que será el próximo objetivo de la guerra de 4ª generación, lo que sería un grave desastre no sólo para Nuestra América sino para todo el mundo.
  
   Por eso, es necesario desarrollar las investigaciones sobre la guerra de 4ª generación porque ella es parte integrante de la Nueva Sociedad de la Revolución 4.0. Mientras no tengamos instrumentos de análisis suficientemente elaborados para entenderla, seremos blancos fáciles de sus ataques ideológicos. La experiencia de Brasil, económica y políticamente casi destruida, aunque se constata la vitalidad de la población derrotada - clases trabajadoras, pueblos originarios, grupos de defensa de los DDHH y otros - debe estimular más estudios sobre el tema, para que el mundo del siglo XXI no sea dividido por la cortina de oro que divide la especie humana, entre una minoría riquísima y una masa miserable.
  
   Agenda Latinoamericana Mundial 2020.