Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    02 de Marzo de 2021
21 de Febrero de 2021
EL SUEÑO INGENUO DE UN JESUITA INGENUO
Jaime Emilio González Magaña

  
   En estos tiempos de dolor y familiaridad con la muerte, he pensado mucho en lo que me gustaría decir a quienes más quiero si “tuviera que hacerlo”. He hecho un elenco de lo que he llamado “mi sueño” o, tal vez mejor, “mis ingenuidades” y ahora los comparto con ustedes con sencillez. Comenzaría con decir: elimina de tu vida la frivolidad de que lo no es esencial y has comprobado a lo largo de tu vida que no te dará jamás la verdadera paz y felicidad como el número de las tarjetas de crédito y el límite que los usureros bancarios te han asignado en ellas cuidando sus intereses más que tu estabilidad económica. Deja de preocuparte por el coche nuevo del vecino; no sufras inútilmente por la casa que un político deshonesto ha comprado con lo que tú has pagado de impuestos. No dejes de soñar con que, algún día, habrá verdadera democracia, desaparecerá la violencia y la impunidad y volveremos a gozar la paz perdida. No claudiques jamás en tus ideales para luchar por una patria en la que tus opiniones sean tomadas en cuenta y haya transparencia y equidad en la elección de tus líderes y, sobre todo, justicia en el modo de exigirles cuentas. No traiciones jamás el amor a tu patria y el respeto a los valores cívicos más elementales que te han sido trasmitidos por tus abuelos y tus padres.
  
   Que no te haga sufrir ver cómo se han enriquecido con el negocio asesino de las drogas quienes han fundado su estilo de vida con el dolor de familias destruidas. Sabes bien que tú, en cambio, con varios años de sacrificios y limitaciones, has logrado terminar una profesión con la que, medianamente, logras pagar tus facturas, dar lo mínimo a tu familia y medio garantizarle un futuro sin zozobra y sobresaltos. Disfruta, goza, sé feliz con los encuentros familiares: agradece la felicidad y los buenos momentos que pasas con tus padres y hermanos mientras sea la verdad y la simplicidad lo que rodea a tu familia. Llegará un momento en el que podrá enseñorearse la mentira y entonces lamentarás lo que no hiciste cuando era posible creer en el amor fraterno y en la amistad desinteresada de los de tu propia sangre. Que no te sorprenda la muerte de un ser querido con el terrible “si yo le hubiera dicho”, “si no le hubiera hecho tanto sufrir”. Diles en vida que los quieres y necesitas de su presencia y aun corrección.
  
   Deja de seguir los consejos de una sociedad líquida que exacerba la superficialidad, la moda, la apariencia y que no te angustie ni tu apariencia, ni tu edad, ni tu peso ni tu altura. Mantén amistades alegres ya que los gruñones y pesimistas empedernidos te bajan el ánimo y carcomen tus energías. Intenta aprender cosas nuevas todos los días, nunca es tarde para hacer aquello que siempre has querido y anhelado. No te fijes en tu edad y aprende cada vez más sobre teología, historia, literatura, música o informática... Si tienes la dicha de tener un jardín, experimenta con algunos manuales y permite que tu casa se llene de flores, sin que tengas que ir al mercado a comprarlas. Aprende el idioma que te hizo falta en la universidad, o con el que pudiste haber conseguido un mejor trabajo. Deja un poco la televisión o el celular y lee los libros de tus autores favoritos; comienza el curso que siempre deseaste y tal vez no tuviste dinero para pagar la colegiatura.
  
   No permitas que tu cerebro sea holgazán pues está comprobado que un cerebro perezoso es la morada del demonio llamado Alzheimer. Disfruta de las cosas simples y recuerda con gratitud la sencillez de tu infancia y juventud cuando todo era pensar en un futuro hermoso y pleno. Aun cuando te hayas encontrado con gente falsa y ruin y estés lleno de heridas, de ingratitudes e incluso, tal vez de fracasos, ríe más a menudo, ríe fuerte y por largo tiempo; ríe hasta que te quedes sin aire. ¡Qué más da que los demás crean que te has vuelto loco! Aprende a reírte de ti mismo y no te tomes tan en serio ya que nadie lo hará por ti. Es prudente que seas muy consciente que siempre habrá alguien que te buscará cuando necesite de ti y después te tirará como se desecha un pañuelo de papel o un trasto viejo. Las lágrimas son naturales cuando se ha aprendido a sufrir la cruz del mismo modo que Jesús lo hizo. Acéptala, súfrela, laméntala, pero no te quedes ahí; es imprescindible que creas mucho más, en la resurrección y, como Jesús, sigas adelante con la certeza de que no estarás solo jamás.
  
   Cree en ti mismo, pues la única persona que estará contigo toda la vida, eres tú mismo; vive intensamente mientras tengas vida. Acéptate tal cual eres y lucha siempre por ser mejor renunciando a canonizar la mediocridad. Disfruta tu salud; si es buena, mantenla así; si es inestable, mejórala y déjate ayudar. No permitas que la culpabilidad enfermiza te derrote y no temas crecer y superar tus miedos. A las personas que amas, díselo en cada oportunidad que tengas y siempre recuerda que la vida no se mide por los descansos que tomamos, sino por los momentos que te roban el aliento. ¡Vive y se feliz! No te avergüences de tu fe; da gracias a Dios incesantemente por lo que has recibido y ¡no te quejes tanto por lo que no te ha dado!
  
   P. Jaime Emilio González Magaña, S. I.
   Domingo 21 de febrero de 2021.