Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    13 de Abril de 2021
28 de Marzo de 2021
LOS RECUERDOS DE LA CIUDAD
Jesús Álvarez Del Toro Vista parcial de la Catedral en 1951
Es harto cierto que la memoria se siembra, se cultiva, se abona para que germine, crezca y de frutos que siempre demandaron, imaginaron y soñaron aquellos a los que ahora respetamos por su trascendencia y sus enseñanzas en el devenir zamorano.
  
   Regresar el camino andado y recoger cada una de nuestras vivencias no sólo es legítimo, sino que es la base para realizar un análisis comparativo entre pasado y futuro; entre el tiempo de las vacas gordas y las vacas flacas.
  
   Zamora en la década de los sesenta era una ciudad generosa; su entorno era abundante en el sustento cotidiano: carpas; ranas; verdolagas; quelites; nopales; chapos; eran alimentos que se obtenían sin costo alguno.
  
   En el aspecto lúdico, aún no hacía su aparición el consumismo que la televisión comercial inyectó en los años setentas del siglo pasado. Los rehiletes hechos con las corcholatas de los refrescos, no eran menores a los ya realizados en plástico; lo mismo sucedía con los baleros hechos a mano con madera de colorín o de mezquite, que los ya realizados en la meseta purépecha; los carritos hechos con materiales reciclables como los palitos de paleta y ruedas de corcholatas de refresco.
  
   Los encuentros futbolísticos se realizaban en plena calle, con los consabidos altos cuando pasaba un carro; lo mismo ocurría con el beisbol y con el basquetbol. Cuando ya era mayor el requerimiento para la práctica deportiva, nuestros pasos se encaminaban al famosísimo “campo de aviación”, en el que ya existían algunas canchas sin pasto, pero sí con metas ya profesionales.
  
   La interacción social se vivía sin los prejuicios sociales que aparecieron algunos años más tarde. El nacionalismo que se imprimía a la educación gratuita, era la misma que se incluía en la educación de colegios particulares; quizá la mínima diferencia eran las clases de moral impartidas en las escuelas particulares; en tanto que un buen número de profesores oficiales se ostentaban como agnósticos; aunque en diversas ocasiones se les veía en las iglesias de la localidad, en reflexivas oraciones como cualquier otra persona.
  
   Zamora, por estos años, aún no se extendía territorialmente; si acaso “los pozos” (primero las calles de atrás del Santuario Guadalupano, y después lo que más tarde se conoció como “Jardines de Catedral” y/o, el Duero) era decir, un sitio distante de la ciudad. Lo mismo ocurría con “los aguacates”; por el rumbo de la Juárez Poniente y el chorizo de la “veinte de noviembre” que apenas llegaba, más o menos, a donde se encuentra la capilla de San Antonio.
  
   Los zamoranos de aquellos años nos ubicábamos con precisión y aún así ocurrieron hechos lamentables; como el sonadísimo asesinato del herrero “don Lino”, que tenía su herrería en la avenida Juárez, casi esquina Aquiles Serdán. Las leyendas de aparecidos eran la plática cotidiana en los tiempos de verano y en los pórticos del hogar; leyendas que eran códigos de ética para quienes nos portábamos mal en nuestro hogar o en la escuela.
  
   Los incendios de los tanques de almacenamiento de Pemex y de la ferretería “El Paseo”, en plena plaza principal, son iconos de la imagen de una ciudad pequeña, la que tuvo que recurrir a bomberos de municipios como los de Morelia para sofocarlos.
  
   Las romerías que se realizaban en Semana Santa en honor al Señor de la Salud, impresionaban por el misticismo y las representaciones alegóricas que implantaron los sacerdotes de “El Calvario”: Antonio Aviña, como cura y los vicarios José Betancourt y Juan Luna. Lo mismo ocurría en el mes de diciembre en el Santuario de Guadalupe, encargado al presbítero Alejandro S. Leñero, quien organizaba las peregrinaciones, partiendo de Fomento Agrícola e Industrial de Zamora, donde ahora se encuentra la gasolinera “El Duero”.
  
   Por estos mismos años, la ciudad ya generaba los primeros intentos de modernización. Musicalmente The Beattles y The Monkees desbancaban de las preferencias a boleros y baladas. Al mismo tiempo que surgían personajes que trataban de hacer cultura de un modo más abierto: Alfonso Verduzco Pardo, Germán Cobos, Conrado González Leyva e Isidro Juárez Rangel, entre otros, formaban el Centro Artístico y Cultural de Zamora, con el propósito antes descrito.
   Fueron estos mismos años, los “años dorados” de la radio local: XEZM; XEGT y XEQL eran un abanico de oportunidades para escuchar una variadísima selección de programas: cultura, recreación, deportes y música en todos sus géneros: Francisco Elizalde García, Miguel Ángel Sánchez, El señor Niño y después don José Martínez Guerra, fueron los capitanes de las difusoras locales.
  
   El Club Social, arriba de los Almacenes “Pérez Ruiz”, era el centro distinguido de la ciudad; los mejores años del Centro Recreativo habían pasado. Jesús Gómez Ayala era ya una realidad musical como organista y así lo demostraba alternando con Juan Torres.
  
   El cultivo de la fresa y otras circunstancias más, vendrían a cambiar el panorama de nuestra ciudad.