Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    15 de Mayo de 2021
02 de Mayo de 2021
MEDIO AMBIENTE Y VIVIENDA EN ZAMORA
Jesús Álvarez Del Toro

   Ante los lamentables incendios en los cerros cercanos a nuestra ciudad y que nos afectarán de manera irremediable, es necesario reflexionar hacia dónde nos llevarán dichos hechos.
  
   El conocimiento de las condiciones ambientales de la ciudad y la cercana zona geográfica de Zamora, permite visibilizar los recursos naturales que proveen a la ciudad y garantizan su sustentabilidad. La presencia de mantos freáticos garantiza la provisión de agua para el consumo humano y las actividades productivas, concretamente la producción de alimentos y de servicios; las masas forestales proveen oxígeno y un ambiente saludable para la población. En consecuencia, la deforestación o sustitución de especies endémicas altera el equilibrio ecológico del entorno; la contaminación de los mantos freáticos hace cada vez más difícil la provisión de agua. Una sociedad violenta con su medio afecta su propia calidad de vida y compromete el futuro de las generaciones venideras, incidiendo directamente en la generación de violencia estructural.
  
   En nuestros días, se habla del agua y el oxígeno como los elementos indispensables para garantizar la vida, como aquellos que determinarán, en un futuro cercano, la viabilidad de los asentamientos humanos. Las grandes concentraciones humanas que no vigilen su cuidado y conservación se encuentran más cercanas a padecer colapsos sociales, hambre, confrontaciones y disputas por su propiedad, uso y disfrute.
  
   Zamora se encuentra a 1570 metros nivel del mar. Su territorio visto desde el aire es prácticamente el fondo de un vaso, con relieves corrugados del terreno propio y del circunvecino. El clima tiene a ser cada vez más cálido.
  
   Los asentamientos humanos en constante aumento, la agro-industrialización, así como el cultivo de la papa y las consecuencias del desarrollo económico, han alterado el estado natural del histórico valle zamorano. El uso excesivo de la tierra, los plaguicidas, así como la deforestación en los alrededores del valle, han empezado a encender las alarmas de una escasez de agua peligrosa.
  
   Agredir el medio ambiente es una forma de violencia y Zamora es una ciudad violenta con su medio ambiente. Se observa que las zonas aledañas a lo que fuera el Zamora viejo, colabora en mayor medida con la contaminación, pues ahí han crecido más los centros comerciales que las áreas verdes. No se observa en la ciudad una cultura de separación y reciclaje de sus residuos. Todos ellos son depositados, indistintamente, en el relleno sanitario.
  
   Después de los años setenta del siglo XX, Zamora transitó de un crecimiento urbano conservador a uno dinámico, desordenado y sin planificación, con la enajenación de tierras ejidales y la adquisición de éstas a bajo costo por grupos privilegiados y al amparo del poder político. Surgieron nuevos asentamientos, colonias y fraccionamientos desarticulados entre sí, asentados sobre grandes planchas de concreto, con deficientes servicios urbanos que acentuaron las desigualdades sociales y la segregación urbana. Norte y sur continúan siendo, en el imaginario social, polos de desigualdad y diferenciación. Esta percepción de la segmentación dual esconde la pobreza presente en los nuevos fraccionamientos populares, construidos hacia el oriente, poniente y norte, donde se acumulan las carencias urbanas.
  
   A la desigualdad económica y social se agrega la diferenciación por origen de los habitantes. La discriminación urbana está marcada por un alto sentido de exclusión hacia todo lo que involucre lo indígena y también lo externo, lo diferente. Estos aspectos inciden en la generación de tensión social, contenida, soterrada, pero presente en la sociedad zamorana.
  
   La inexistencia de una estrategia unificada y coordinada entre los tres ámbitos de gobierno –federal, estatal y municipal– para la regulación del crecimiento urbano y el ordenamiento efectivo de los usos del suelo.
  
   La falta de planeación urbana y su condicionamiento para un crecimiento urbano desmedido y desordenado –que da como resultado una distribución espacial de la ciudad y sus pobladores por estratos y capacidades económicas– ha generado una polarización social. Zamora es una ciudad con segregación urbana, que propicia ambientes propensos a la inseguridad y violencia, aumento de discriminación, exclusión y racismo, problemas de cohesión social, identidad cultural y gobernabilidad.
  
   La contaminación y agotamiento de los mantos freáticos amenaza la sustentabilidad de la ciudad y hace posible la detonación de conflictos por carencia de agua para consumo humano e incluso, para la producción de alimentos.
  
   Los nuevos desarrollos de vivienda popular ofertan casas en fraccionamientos sobre grandes planchas de concreto, a partir de un lote urbano de reducido tamaño de aproximadamente de 64 m2. Éstos favorecen el hacinamiento, la violencia intrafamiliar y la aculturación de las familias zamorana por cambios en la estructura tradicional de la vivienda y ruptura de redes familiares y sociales, principalmente en el nororiente y en la periferia de la ciudad.
  
   La calidad de la vivienda no cubre los requerimientos para cumplir los derechos sociales de la población. Se prioriza la disponibilidad de bienes por estatus por encima de techos, agua potable y disposición de servicios sanitarios.
  
   Las viviendas se han convertido en espacios de empleo informal: vivienda-taller, vivienda-almacén o vivienda-comercio, lo que aumenta los riesgos para las familias, principalmente niños, niñas y mujeres.
  
   El marco normativo para el desarrollo urbano es obsoleto y no responde a las necesidades actuales de regulación. Qué esperanza abrigarán nuestros nietos.