Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    13 de Junio de 2021
06 de Junio de 2021
REFLEXIONES EN TORNO A UNA NECESARIA “ECOTECNOLOGIA”
Agenda Latinoamericana Mundial 2021

   Ignacio Dueñas García Polavieja
  
   Nadie niega las increíbles ventajas de la tecnología, en la que todas nuestras cotidianidades, nuestras mentalidades y aun nuestras emociones se están reconfigurando a velocidad de vértigo. Son obvias las ventajas en la medicina, las telecomunicaciones, los transportes... Sólo internet, va a suponer un cambio infinitamente mayor que el surgimiento de la imprenta en la China hace unos ocho siglos.
  
   Hoy, tener una biblioteca, a diferencia de hace sólo tres décadas, no requiere una gran cantidad de tiempo, dinero y espacio (lleno de polvo), por poner sólo un ejemplo, sino que es casi inmediato, gratuito y no ocupa espacio.
  
   Sin embargo, el pésimo uso y el nulo sentido crítico con que se utiliza la tecnología, probablemente vana provocar la desaparición de la humanidad, por un proceso lineal de robotización que ya ha comenzado, pero del que casi nadie ha tomado nota.
  
   Probablemente, lo que se acaba de afirmar suene a exageración. Pero me temo que lo mismo sucedió hace décadas con las feministas y las ecologistas: que parecían exageradas. Hoy día, tarde y mal, todo el mundo, al menos en teoría, les da la razón. Lo mismo sucederá dentro de otras décadas, si es que para entonces no nos hemos extinguido. Como decía Chesterton,
   a cada siglo le salva la inmensa minoría que se opone a los criterios de la inmensa mayoría.
  
   La tecnología ha irrumpido con tanta rapidez que apenas hemos asimilado lo que está sucediendo. Y esto se intensifica porque sus ventajas son inmediatas, y sus desventajas son tardías y progresivas. Es decir, la capacidad de celebrar una videoconferencia se aprecia instantáneamente, pero la pérdida de visión o la escoliosis tardan años en apreciarse. Así, a día de hoy, se han manifestado una serie de calamidades atroces, sólo superadas por lo atroz de la nula reacción de la opinión pública al respecto, y de pensadores, educadores, sociólogos y filósofos, salvo contadas excepciones. De este modo, ni se conoce ni se toma medida alguna contra el hecho de que, en países como Ecuador o España, la mitad de la población padezca
   nomofobia (o adicción a lasnuevas tecnologías), que ya en 2006, el 10% de la juventud española padeciera el síndrome del hikiko-mori
   (adolescente que vive en su habitación, pasan-do todo el día en la red, sin vida escolar, familiar niafectiva); que el smombie (peatón que cruza la calle mirando el celular) ya sea una pandemia; o que la primera causa de accidentes de tráfico sea el mal uso de los dispositivos electrónicos.
  
   Además, apenas hay una reflexión lúcida acerca de cómo hemos cedido nuestros datos a las grandes compañías relacionadas con el mundo virtual me-diante nuestros movimientos y opciones en la red.
  
   Por ello, los propietarios de Apple, Amazon, Google y
   Facebook son de las personas más ricas del mundo.
  
   Igualmente, hemos permitido, a causa de nuestro nulo sentido crítico y pésimo uso de la tecnología, que los estados hayan construido un vasto sistema de control, totalitario, que puede saber todo de todos, tan eficaz como sutil, que debemos agradecer a la vida, que Hitler o Stalin no lo hayan conocido.
  
   Otro elemento no menor son los 6 millones de niños asesinados indirectamente por las multinacionales en El Congo, para que el coltán
   (cobalto +tantalio) que se extrae allí, se compre barato para nuestros celulares, y podamos cambiar de modelo constantemente, generando una basura digital y un problema ecológico del que tampoco hay conciencia.
  
   A nivel individual y colectivo, se está deshumanizando a marchas forzadas la vida cotidiana, se están tecnificando y burocratizando las relaciones interpersonales, se está perdiendo la imaginación y la creatividad y, en definitiva, estamos creando unas personas menos alegres, espirituales y felices. Muy poca gente –incluso entre filósofos y pensadores– están reaccionando, salvo excepciones. Mar-shall Mc Luhan dijo hace 60 años que
   la tecnología se transformará en el brazo virtual del cuerpo humano
   (pero no fue sólo el brazo virtual, sino el cerebro virtual, porque los reales se atrofian); Ignazio Siloneque las máquinas, que debían ser instrumentos del ser humano, lo esclavizan; Iván Illich llegó a acuñar el término de
   tecnofascismo; Erich Fromm sostiene que a menudo se recurre a la tecnología por la sim-ple razón de que es técnicamente posible, sin utilizar el pensamiento crítico. Y Herbert Marcuse, en El hombre unidimensional, que
   la razón tecnológica se ha hecho razón política.
  
   El propio papa Francisco, en su celebrada Lauda-to Si (documento más que revolucionario, contra cultural), escribió al respecto un fragmento lúcido pero que tristemente ha pasado desapercibido:
   No se pue-de pensar (…) servirse de la técnica como un mero instrumento (…) sin ser dominados por su lógica. Se volvió contracultural elegir un estilo de vida que pueda ser al menos en parte independiente de la técnica.
  
   Ahora bien, si nos preguntamos hacia dónde nos encaminamos, la respuesta no es halagüeña. Noah Harari, en su Homo Deus sostiene que en dos gene-raciones la inteligencia artificial habrá superado a la humana. ¿Qué sucederá entonces? Lo que ya apuntó Stephen Hawking con anterioridad, acerca del peligro real de que las máquinas se nos escapen de las manos... y tomen el control del mundo. Para evitarlo, Bill Joy, fundador de Sun Mycrosystem , propuso abandonar la carrera tecnológica (para evitar) la extinción de los seres humanos en un par de generaciones .Ante todo esto, urge una reflexión calmada y lúcida. Y no cabe la simpleza de sostener que no se puede ir en contra de la tecnología, cuando desde este artículo se pretende su uso moderado y crítico, no su eliminación. Es decir: contra su abuso, la moderación. A nadie que luche contra el alcoholismo se le acusa de querer imponer la abstemia; al que contra la promiscuidad, imponer la castidad; al contra la gula, imponer la desnutrición.
  
   Y, sobre todo, no es lúcido decir que puesto que está ahí y la estamos utilizando, no podemos enfrentarla, sino subirnos a la ola. Como si al capitalismo (que también está ahí) no hubiese que combatirlo, por más que utilicemos prestaciones útiles (la tarjeta de crédito) o necesarias (el dinero).
  
   Reflexiónese bien sobre todo lo anterior, y se advertirá que el peligro de la tecnología (que de usarse bien ya se hubiese erradicado el hambre, la pobreza y casi todo el dolor físico), referente a la desaparición de la humanidad mediante un proceso lineal de robotización –del que aún estamos en los comienzos–, es un problema no menor que el del hambre, el colapso ecológico, la guerra nuclear o cualquier otra amenaza contra la especie. La diferencia es que acerca de la tecnología no se ha generado la más mínima alarma, al instalarse en nuestras cotidianidades de un modo masivo, vertiginoso y amable. Ahora bien, ¿qué se puede hacer contra todo esto? Ir a la causa del problema, que es la siguiente: la tecnología, magnífico complemento, se ha transformado en un pésimo sustituto. Es decir, devolverla
   a su función de medio, dejando de ser el fin per se que hoy es, en la práctica. Por tanto, todo lo que podamos hacer sin mayor esfuerzo, debemos hacerlo sin la tecnología (caminar 20 minutos, fregar los platos…).
  
   Por otra parte, se debería aplicar un protocolo a la hora de utilizar el pensamiento crítico a cada nuevo dispositivo o prestación. Dicho protocolo sería el responder a las siguientes preguntas, y sólo después tomar la decisión de su uso o no uso:
  
   1. ¿Es realmente útil y necesario?
  
   2. ¿Cuáles son las ventajas, tanto a corto como a largo plazo?
  
   3. ¿Es posible y conveniente su prescindibilidad?
  
   4. ¿Es posible y conveniente un plan B?
  
   5. ¿La novedad obedece a meras estrategias comerciales?
  
   6. ¿Su usova a posibilitar un mayor control totalitario por parte de los estados?
  
   7. ¿Su uso va a matar gente para que bajen los precios de cara al consumidor?
  
   8. ¿Va a generar basura digital que implique un adicional problema ecológico?
  
   Frente a todo esto, urge generar grupos de reflexión y de acción. Invito a todo individuo o colectivo a comenzar a pensar y actuar. La cuestión social tuvo un marxismo, la cuestión religiosa tuvo una teología de la liberación, la cuestión ecológica tuvo un ecosocialismo, la cuestión de género tuvo un feminismo. Urge –vamos tarde–, generar una reflexión y una praxis acerca de lo que pudiera llamarse ecotecnología, consistente en adaptar la tecnología a las necesidades del individuo, la sociedad y la Pachamama, en sentido holístico e integral, para hacer que deje de ser un fin y vuelva a ser un medio. Como dijo Hélder Câmara, los audaces de hoy preparan las actitudes cotidianas de mañana