Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    30 de Julio de 2021
18 de Julio de 2021
LA ARQUITECTURA DE JÓVENES MEXICANOS SE ABRE PASO
Annik Keoseyan y Pablo Goldin fueron reconocidos con el LafargeHolcim Awards, el más importante en diseño sustentable a nivel mundial. Ella busca dignificar la vivienda social en Bruselas; él, reactivar y recuperar el sentido original de Plaza la Merced 2000
  
   Los jóvenes arquitectos mexicanos Annik Keoseyan y Pablo Goldin Marcovich, egresados de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, fueron premiados en la categoría Next Generation de los Lafarge Holcim Awards, el premio más importante a nivel mundial sobre diseño sustentable.
  
   En junio se dieron a conocer los nombres de los premiados en esta categoría, en la cual participan jóvenes estudiantes y profesionales de menos de 30 años, de cinco regiones del mundo. Annik Keoseyan fue una de las ganadoras del primer premio por la región Europa —su proyecto fue de transformación de vivienda social en Bruselas—; Pablo Goldin fue uno de los ganadores en América Latina —con un proyecto de renovación del edificio Plaza Merced 2000 que iba a ser demolido—.
  
   La Fundación Lafarge Holcim para la Construcción Sustentable fue creada en 2003 para generar conciencia sobre el rol de la arquitectura, la ingeniería, la planificación y la industria de la construcción en un futuro más sustentable. Cada tres años entrega estos premios; en otras ediciones ha reconocido en México a Loreta Castro y a Sol Camacho.
  
   También en Next Generation, pero para la región Europa, Annik Keoseyan fue una de las ganadoras por su propuesta de transformación de vivienda social en Bruselas con espacios más abiertos y dobles alturas.
  
   En los casos de Annik Keoseyan y Pablo Goldin, en lugar de proponer demoler viejos edificios que estaban deprimidos o subutilizados, ellos hicieron propuestas para transformar y reactivar. De esa forma, cada uno diseñó alternativas para aprovechar lo existente, siempre en un diálogo con los usuarios o habitantes. Sus propuestas representan ahorro de recursos, menos desperdicio de materiales y minimizan la huella de carbono de la construcción pues privilegian la conservación existente.
  
   Con sus proyectos —que no se han realizado pero sí podrían llevarse a cabo— cambian no sólo viejos edificios sino la vida de comunidades. Eso, a partir de las que Annik llama “pequeñas acupunturas” —mover la circulación de las personas en un conjunto de vivienda social en Bruselas hacia espacios más abiertos en lugar de pasillos de 90 centímetros o plantear dobles alturas en departamentos, por ejemplo— o con preguntas que regresan al origen de un proyecto: si la Plaza Merced 2000 se creó para ofrecer cultura y entretenimiento, pero esto nunca se concretó y se contempló demolerlo, ¿por qué no recuperar esa intención primera?, como explica Pablo.
  
   Para Annik, “es curioso que aunque los dos hacemos proyectos en diferentes circunstancias, en distintas ciudades, sí comparten una filosofía: entender el potencial transformativo de lo ya existente. El mío es de vivienda y el de Pablo más público, pero hay una filosofía de transformar, mejorar y, en mi caso, dignificar la vivienda social”.
  
   Pablo comenta: “El premio no reconoce sólo el edificio sino cuál es el mensaje, la postura que tienes como arquitecto. Va mucho sobre la historia que cuentas”.
  
   Annik añade que la sustentabilidad se puede manifestar de muchas maneras. “Esto tiene que ver con premiar arquitectos jóvenes que están intentando cambiar las cosas y estudiarlas desde otras miradas”.
  
   Los proyectos
   Annik estaba realizando su maestría en la Universidad Católica de Lovaina, en Bruselas, cuando hizo esta propuesta. “Fue en edificios en Bruselas, de los años 60 y 70, que estaban en muy mal estado, en una zona importante, céntrica. Elegí uno como caso estudio. Me interesaban las comunidades más vulnerables, inmigrantes, en espacios con problemáticas sociales. A partir de un acercamiento muy pragmático logré entender el contenido de estos espacios y de ahí fue repensarlos. Mi proyecto es sustentable porque está usando una estructura existente, no impacta en otro territorio, en áreas verdes, porque es económicamente realizable, y también por la manera de reutilizar los materiales; se pueden transformar los espacios domésticos, compartir, y al compartir hay menos gastos energéticos, hay sustentabilidad social porque se integran en un núcleo a comunidades marginales. La propuesta no fue demoler sino reutilizar totalmente lo que ya existía; lo único que se cambiaban eran unos muros, pasillos, tener dobles alturas”.
  
   Pablo Goldin estaba en Moscú estudiando una maestría cuando participó en el premio Lafarge Holcim. Sin embargo, su trabajo en torno de la Plaza Merced 2000 viene desde 2014, cuando aún estudiaba e, incluso, desde antes, cuando hizo un intercambio en la Universidad Técnica de Berlín y llevó un taller sobre reactivación de edificios; entonces le impactó la propuesta de “trabajar con lo existente”.
  
   Pablo Goldin es uno de los ganadores en Next Generation para América Latina con un proyecto de renovación sustentable de Plaza Merced 2000.
  
   Goldin cuenta: “En una clase de Urbanismo en la UNAM tuve mi primer acercamiento a La Merced. Estábamos en la azotea de Plaza 2000 cuando supe que ese edificio lo querían demoler (tras el incendio); es un edificio increíble, con tragaluces fantásticos, una cantidad de acero como de obra industrial de principios de siglo XX; está en el corazón de la ciudad, es el epicentro comercial, cultural, económico. Mi conclusión fue similar a la de Annik: tienes una ubicación de gran potencial, con una comunidad activa, que es crucial para el resto de la ciudad, pero cuyo espacio todavía no está a la altura de lo que necesitan y merecen. Fue pensar en los que a diario trabajan ahí ocho o 12 horas, que tienen también necesidades de esparcimiento, descanso, cultura, educación… ¿qué potencial hay para que un edificio con espacios en desuso pueda responder a todas estas otras necesidades? La propuesta fue reactivarlo con distintas estrategias para que alcanzara el 100%. Propongo mantener la estructura, mantener a sus habitantes, hacer transformaciones específicas en tragaluces, fachadas; que incluso el mercado siga funcionando, mientras se va transformando. El cine abandonado se podría transformar; el tragaluz; los metros cuadrados no utilizados no tenían por qué estar en disputa. Imaginaba el edificio no sólo como lugar de trabajo, sino también de educación, de eventos: jugar futbol, ir a boxear, y económicamente viable, con distintas escalas de comercio y distintos usuarios”.
  
   Demoler esta plaza de la Merced ya no está en la agenda de nadie; la propia comunidad se negó a que así fuera. Aunque estos dos proyectos no se han hecho, “son sumamente realizables”, recalca Annik: “Aunque el mío fue en Bruselas, es una metodología particular, y tiene la posibilidad de que como metodología se pueda volcar a un edificio aquí. En el método están todas las respuestas; si no lo hay, es muy difícil entender la problemática”.
  
   Visión conjunta
   Annik Keoseyan y Pablo Goldin coinciden en pensar en un papel del arquitecto más amplio, que tiene que ser el de ser mediador: Pablo, quien colabora con Taller Capital y que es becario del exFonca recalca que “como arquitecto no basta el edificio, tienes que contribuir a construir una visión conjunta; tienes que ser capaz de articular usuarios, inversionistas, políticos, saber escuchar, leer el momento en el que estás, y qué tan relevante es la propuesta para el momento”.
  
   Dice que aunque se tenga una visión a 50 años, hay que ir haciendo proyectos concretos: “Tenemos que ir más allá del PDF y lograr proyectos posibles, con pequeñas acciones; comienzas por mejorar las instalaciones eléctricas y sanitarias; y ya que todos vimos que era posible cambiar un cable, entonces aventurarse a cambiar una banqueta o una fachada, en vez de lanzarse al ruedo desde el inicio”.
  
   El tema de reactivar edificios, generar transformaciones, reutilizar, consolidar proyectos sustentables lo ven como una posibilidad y necesidad en México: “Es increíble que haya tantos edificios en abandono y desuso, y que empecemos a construir en las periferias, cuando los podemos repensar, entenderlos, entender que pueden ser dignos de habitar pero que se desprecian”, dice Annik, quien trabaja con Mauricio Rocha en el proyecto Chapultepec Naturaleza y Cultura.
  
   “Creo que es crucial”, considera Pablo Goldin. Tengo claro que vamos por el desarrollo socioeconómico, urbano y ambiental del oriente de la Ciudad de México a través del diseño. Hay una cantidad de edificios subutilizados, archivos, mercados, plazas comerciales e infraestructuras que están rodeadas de zonas súper densas que necesitan del mejor diseño, y no forzosamente el más costoso; me refiero al más atinado, innovador, emocionante (y pragmático, agrega Annik). Veo las infraestructuras subutilizadas y creo que son edificios que nacieron con un potencial y una historia, que no han alcanzado, y no tienen por qué no lograrlo. Creo en la palabra redención. No se trata de mejorar el espacio, sino la historia. El potencial de transformación es tal, pero falta la voluntad económica y política por empujarla”.
  
   Frases
   "Es curioso, aunque los dos hacemos proyectos en circunstancias y ciudades diferentes, sí comparten una filosofía: entender el potencial transformativo de lo ya existente”. Annik Keoseyan. Arquitecta
  
   "El premio no reconoce sólo el edificio como tal, sino cuál es el mensaje, la postura que tienes como joven arquitecto. Va mucho sobre la historia que cuentas”. Pablo Goldin. Arquitecto