Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    24 de Septiembre de 2021
12 de Septiembre de 2021
¿LOS JÓVENES MEXICANOS TIENEN FUTURO?
Jaime Emilio González Magaña

  
   Comenzamos una semana por demás significativa para nuestro país. Todavía recuerdo con emoción y gratitud a mis maestros de primaria y secundaria cuando nos preparaban para celebrar con dignidad “las fiestas patrias”. No creo mentir cuando afirmo que todos esperábamos las celebraciones con emoción, más aún, las vivíamos con enorme respeto. No sé si yo he cambiado con la edad o si la situación sea efectivamente diversa, al grado que percibo que no hay ya en México tanto amor por lo nuestro, por nuestros “símbolos patrios”, por nuestra identidad, por lo mexicano. Quizá estoy cayendo en la crítica fácil de los adultos cuando afirmamos que nuestros tiempos han sido mejores; tal vez no comprendo los tiempos que corren. No lo sé. Lo que sí me parece objetivo es una cierta percepción de desánimo en los jóvenes mexicanos ante un futuro incierto y unas determinadas perspectivas que no les aseguran ni estabilidad, ni paz, ni empleo, ni una vida mejor. Ha habido tantas promesas incumplidas por todos lados y, me parece que, objetivamente, tenemos muy poco que celebrar entre la pandemia, las negativas perspectivas económicas, la inseguridad, la impunidad y la violencia que parecen no tener fin, etcétera.
  
   Si esta percepción fuera verdadera para la vida “normal” de un joven mexicano cualquiera, creo que a nivel religioso, la situación es todavía más complicada. Me pregunto: ¿cuál es el nivel de fe de los jóvenes en nuestros días? ¿Podemos hablar de una fe compartida entre adultos y los más jóvenes? ¿Los jóvenes se fían de la Iglesia? Creo que no. Fundamento mi dicho en algunos estudios serios sobre esta realidad pues no quiero dejarme llevar por mis impresiones y hablar “de memoria”. Por lo menos, desde algunas investigaciones serias se ha podido comprobar que la Iglesia es, hoy por hoy, la institución que tiene menos credibilidad entre los jóvenes. Si esto fuese una realidad, considero urgente hacer algo y no solamente para que tuviésemos una opinión más favorable sino para poder ofrecer algo nuevo y creíble a quienes tendrán en sus manos el futuro de este país y que ahora no presenta perspectivas halagüeñas.
  
   Pero, ¿de qué jóvenes estoy hablando? ¿Es posible realizar una nueva evangelización como nos pide enfáticamente el Santo Padre? Considero que debemos comenzar con la afirmación de que no hay condición juvenil única y si llegáramos a afirmar que tenemos una idea, una definición segura de lo que es ésta, estaríamos mintiendo y condenados al fracaso total. Los jóvenes son, por otro lado, de una pluralidad increíble, de una diversidad que asombra por su misma característica cambiante que desorienta e ilumina la mayoría de las veces que nos acercamos a ellos hasta en el trato diario y sencillo, en las relaciones humanas de amistad e interés personal por ellos como grupo y como personas. Constituyen grupos diferentes, con perspectivas muy desiguales de inserción social según el estamento al que pertenezcan y elaboran, por tanto una subcultura diferente. Los jóvenes desconciertan por su generosidad y heroísmo, por su madurez y alegría -a ratos-, pero, también, por su falta de solidaridad, apatía o pereza, por su creciente tendencia al individualismo comodino o la crítica a flor de piel.
  
   Algunas veces son tremendamente escépticos y criticones ante el mundo de hoy; otras, nos maravillan por la grandeza de sus sueños, ilusiones y utopías que los llevan a grandes realizaciones que asombran al más "generoso", "disciplinado", "maduro" y "equilibrado" adulto. Es un hecho que no hay "modelos" o "prototipos" de jóvenes. Siempre están cambiando de unos a otros y, las más de las veces, presentan rasgos y características de unos y otros esquemas, de ahí la dificultad de hacer aseveraciones y planes en base a tal o cual modo de concebirlos o verlos ya sea como joven "desde dentro" o como adulto "desde fuera". Desde mi punto de vista, el mundo que contemplan hoy los jóvenes mexicanos no ofrece mucho futuro pues hay mucha desesperanza ante las promesas incumplidas por los políticos, por los sueños de mesías que con obras faraónicas, aparentemente innecesarias, pretenden paliar el hambre y la incertidumbre. Es precisamente ante estos jóvenes -los únicos que tenemos-, ante quienes estamos llamados a dar un testimonio de país, de Iglesia –también los únicos que tenemos-, con sus aciertos y fallos, con su pecado y santidad. Sinceramente creo que ellos lo merecen.