Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    25 de Octubre de 2021
10 de Octubre de 2021
A DÓNDE TE PUEDEN ARRASTRAR ESTAS MALDITAS OCUPACIONES
Jaime Emilio González Magaña
Estamos a punto de retomar las lecciones en la Universidad Gregoriana y hay un comentario generalizado entre los profesores en el sentido de que experimentamos un cansancio mental que es extraño al inicio de un semestre. Esto no es normal, sobretodo tomando en consideración que -al menos en teoría-, regresamos de un tiempo tranquilo en el que algunos aprovechamos para desarrollar algunas actividades diversas a la enseñanza. Otros, lo utilizan o para la investigación o, sencillamente, para el descanso. Ha sido en este contexto en el que me ha parecido por demás interesante un estudio publicado en la revista "Brain Sciences", que señala algunas consecuencias neurológicas del Covid19 que persisten en algunos pacientes incluso meses después del día en que dejaron el hospital. Al investigar la fase post-hospitalaria de los pacientes del coronavirus después de cinco meses, se ha hecho hincapié en el sufrimiento silencioso de los veteranos de la batalla contra el Sars-CoV-2 entre los que destacan el enlentecimiento mental y las dificultades de memoria.
  
   Se trata –se afirma- de personas que han dejado atrás el hospital y, aunque pase el tiempo, siguen lidiando con las consecuencias del virus. Se quejan de cansancio y falta de lucidez, de fatiga en las actividades cotidianas, como trabajar, conducir un coche o ir de compras. La investigación, coordinada por Roberta Ferrucci, se ha llevado a cabo en colaboración con el Centro Aldo Ravelli del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad de Milán, el Santi Paolo e Carlo y el Istituto Auxologico del IRCCS de Milán, y documenta que 6 de cada 10 pacientes curados de Covid19 presentan lentitud y embotamiento mental y 2 de cada 10 informan de dificultades objetivas de memoria. Estos trastornos, señalan los autores del estudio, no están asociados a la depresión, sino que están relacionados con la gravedad de la insuficiencia respiratoria relativa durante la fase aguda de la enfermedad.
  
   Es importante hacer notar que el estudio subraya que los cambios observados también se encuentran en pacientes jóvenes e insiste que "se trata de un estudio importante que demuestra que los trastornos de la memoria y la ralentización de los procesos mentales observados en más de la mitad de nuestros pacientes persisten incluso meses después del. Estas alteraciones pueden, en los casos más graves, interferir también en el trabajo, sobre todo para quienes tienen una función que requiere decisiones rápidas, como los médicos o las enfermeras. El mecanismo por el que el virus altera las funciones cognitivas es complejo. El sistema nervioso se ve afectado tanto directamente por la invasión del virus como indirectamente a través de la activación de la inflamación y la respuesta sistémica a la infección”.
  
   Este fenómeno me alertó sobre otros factores de riesgo que podemos soslayar. Recordé que durante el Ángelus del domingo 20 de agosto de 2006, el Papa Benedicto XVI, evocó a San Bernardo de Claraval, doctor de la Iglesia, que vivió entre los siglos XI y XII (1091-1153). El Pontífice enfatizó que, en su amor, Dios sana nuestra voluntad y nuestra inteligencia enfermas, elevándolas al grado más alto de unión con Él, es decir, a la santidad y a la unión mística. Para San Bernardo, es de suma importancia el recogimiento interior, elemento esencial de la piedad. Afirma –además- que es necesario evitar los peligros de una actividad excesiva, independientemente de la condición y el oficio que se desempeña. En una carta dirigida al Papa Eugenio III, quien, había sido su discípulo en Claraval, –y con él a todos nosotros- advierte sobre el riesgo de tener muchas ocupaciones que llevan con frecuencia a la "dureza del corazón, pues no son más que sufrimiento para el espíritu, pérdida de la inteligencia, dispersión de la gracia". "Mira –escribe al Papa- a dónde te pueden arrastrar estas malditas ocupaciones, si sigues perdiéndote en ellas..., sin dejar nada de ti para ti mismo".
  
   ¡Cuán útil es también para nosotros esta advertencia cuando, en medio de tanto sufrimiento y cansancio por la pandemia, descuidamos momentos de soledad y tranquilidad! ¡Y esto no es egoísmo! Es imprescindible para no caer en una vida tensa, agresiva, que nos lleve a defendernos de los demás y a querer imponer nuestros personales puntos de vista, so pretexto de cuidar y ayudar a quienes -al menos en teoría-, son los más importantes en nuestra vida. Estamos cansados, preocupados y molestos al ver a tantos cretinos que no se cuidan y contagian a los demás. Por todo esto, es conveniente –más aún impostergable- reconocer que hemos sufrido largos períodos de aislamiento, que estamos muy lejos de superar la crisis del virus y que, si no entramos en contacto con lo más íntimo de nosotros mismos, y con Dios, la situación nos expondrá a situaciones a las que no queremos llegar y, en lugar de ayudar a nuestros seres más queridos, les haremos daño.