Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    25 de Octubre de 2021
10 de Octubre de 2021
POLÍTICA EXTERIOR DE MÉXICO ¿HACIA DÓNDE?
Política exterior de México ¿hacia dónde?
   La invitación a los líderes de Cuba y Venezuela a la reciente cumbre de la Celac incomodó a otros países, mientras expertos se preguntan de qué le sirvió
  
   San José- Aliado a Cuba y a Venezuela, sin mostrar las reglas de juego a todos los gobiernos de América Latina y el Caribe y tratando de eludir los más graves y sensibles problemas de la democracia regional, México comprometió su política exterior en la VI Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en septiembre anterior en la capital mexicana.
  
   Los presidentes de Uruguay, Luis Lacalle, de Paraguay, Mario Abdo Benítez, y de Guatemala, Alejandro Giammattei, expresaron públicamente su profundo malestar por la presencia del cuestionado gobernante de Venezuela, Nicolás Maduro, en el encuentro, que se efectuó el 18 de septiembre en México.
  
   Giammattei se retiró momentáneamente de la reunión por la asistencia de Maduro y aseguró que, de haber sabido de previo que el venezolano acudiría, ni siquiera hubiera viajado a México.
  
   Al mostrar su molestia, el guatemalteco evidenció sentirse incómodo porque se le escondió la información de que Maduro iría, ya que Guatemala, como otros 10 gobiernos de la Celac, no lo reconocen como presidente y aducen que se reeligió en 2018 en comicios ilegítimos. Maduro fue acusado por la Organización de Estados Americanos (OEA) de crímenes de lesa humanidad al reprimir a sus adversarios.
  
   “La incorporación a última hora de Maduro, que no estaba prevista, creó asperezas y resquemores en la cumbre”, dijo el politólogo venezolano Fidel Canelón, profesor de Teoría Política de la (estatal) Universidad Central de Venezuela.
  
   Las intervenciones de Lacalle y Abdo Benítez “dieron la clara impresión de que fue una jugada tramada, lo que no es nada bueno para crear los necesarios lazos de confianza y respeto entre países vecinos, necesarios para dar fuerza y empuje a este alicaído organismo” de la Celac.
  
   De previo a la cita de Celac, la cancillería mexicana logró que la agenda de ese bloque creado en 2010 eludiera los asuntos más graves del área, como las crisis políticas e institucionales en Cuba, Venezuela, Nicaragua y El Salvador, y se enfocara en combatir al coronavirus, reforzar la integración, actuar ante desastres naturales, enfrentar al cambio climático o participar en los viajes a la Luna y a Marte.
  
   “Un servicio exterior serio sabe (…) que nunca es bueno anunciar una iniciativa de política exterior cuyas probabilidades de fracaso son mayores que las de éxito. En México últimamente sucede lo contrario. Andrés Manuel López Obrador y el canciller mexicano Marcelo Ebrard se embarcan con entusiasmo en todos los barcos con posibilidades de naufragar”, lamentó el diplomático boliviano Jaime Aparicio, ex embajador de Bolivia en la OEA.
  
   “El más grave traspié fue anunciar por todos los vientos que en la Celac presentarían una iniciativa conjunta con Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia para sustituir la OEA por otra organización (…). Nada de eso sucedió. La OEA salió fortalecida frente a una organización incoherente como la Celac”, señaló Aparicio a este periódico.
  
   “¿Quién puede explicar de qué le sirvió a México la invitación al dictador cubano, que viene de ejercer una represión brutal contra su pueblo, para que sea la estrella en la celebración del día nacional de México o que imponga la participación del sátrapa Impresentable de Maduro en la cumbre de CELAC?”, agregó.
  
   Lacalle y Abdo Benítez sí enfrentaron a Maduro, al presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y al gobierno de Nicaragua. Ante el silencio de López Obrador, las palabras de Lacalle resonaron en la cumbre.
  
   El 18 de septiembre, Lacalle dijo: “Cuando uno ve que en determinados países no hay una democracia plena, no se respeta la separación de poderes, cuando desde el poder se usa el aparato represor para acallar las protestas, cuando se encarcela opositores, cuando no se respetan los derechos humanos, nosotros debemos decir con preocupación que vemos gravemente lo que ocurre en Cuba, en Nicaragua y en Venezuela”.
  
   El 16 de ese mes, en un acto que la oposición cubana repudió como actitud servil de López Obrador con Díaz-Canel, el presidente mexicano exaltó a su colega cubano y sugirió que, por la defensa de la soberanía por parte de Cuba, su pueblo y su revolución, la isla debe ser declarada patrimonio de la humanidad. Ese mismo día, el Parlamento Europeo condenó “en los términos más enérgicos la violencia y represión extrema” del régimen cubano a sus opositores.
  
   López Obrador adujo que a pesar de que “algunos adversarios” les disgusta que “invitemos a presidentes, a ministros de ciertas posturas políticas, ideológicas”, su gobierno invitó “a todos, y somos libres, somos independientes, somos soberanos”.
  
   Amparado en la no intervención en asuntos internos de otros estados y la libre autodeterminación de los pueblos, López Obrador guardó silencio sobre la represión política en Cuba y en Venezuela.
  
   Tras su elección en julio del 2018, López Obrador “se convirtió en el nuevo ‘left lover’ de la izquierda latinoamericana”, recordó el analista político, columnista y periodista peruano César Campos.
   “El presidente de México estuvo pugnando ese liderazgo socialista regional que (…) se cristalizó cuando le correspondió a su país asumir la presidencia pro tempore de ese fantasma institucional llamado Celac”, indicó Campos a este diario.
  
   “Este encargo lo ha recibido en medio de la crisis social, económica y sanitaria generada por la pandemia del Covid-19. Caldo de cultivo perfecto para consolidar opciones populistas”, puntualizó. (El Universal)